Cuento o razón

La sequía es un disparo al corazón de la planta

- Juancho por lo que tú dices, se puede afirmar que la sequía es un disparo al corazón de la planta, dijo el perro Pipo cuando observaba como el rostro verde de las plantas mostraban las bofetadas dolorosas y mustias del estío.

El periodista escuchó a su perro y hasta se admiró con sus palabras y después comentó: "Si, Pipo, es terrible la sequía que, al contrario de la lluvia. no trae nada, sino ruinas, tanto en los sembradíos como en el paisaje que nos rodea, el cual, si te pones a observarlo detalladamente, notarás como si se fuera en llanto cada vez que el sol lo azota con su látigo impío y reverberante".

Los dos amigos conversaban debajo de la mata de mango para refrescarse en el pequeño conuco del periodista, en el cual se observaban las huellas de la sequedad que provocaban dolor y lástima por las plantas y más aún de los arbustos que ante el castigo inclemente que recibían, doblaban sus ramas y se despojaban de sus hojas muertas.

- Pipo, no sé si entiendes, pero ya como si lo he dicho otras veces, que las plantas cuando tú la siembras, son también nuestros hijos y por eso es que nos causa tanto dolor ver este cuadro que tú observas en el conuco y lo más lamentable es que tú no puedes provocar que llueva y de paso la poca agua que te llega cada 40 días, solo alcanza para labores domésticas de pocos días. Por eso es triste y lamentable y que los gobernantes no se apiaden de las personas y hasta la naturaleza también se opone, pero sea la voluntad de Dios, que bien claro sabe que no es culpa nuestra que las plantas mueran por inanición.

Pipo después que Juancho Marcano terminó de hablar, lo observó con mucha atención y entendió la tristeza honda y profunda que sentía el hombre, a quien desearía ayudarlo si estuviera a su alcance, pues sabía lo que sufría cada vez que una de sus plantas moría por falta de agua.

- Tranquilo Juancho, que Dios sabe lo que hace, es lamentable, pero no está a nuestro alcance la solución de salvar a las plantas que ya están moribundas.

- Es verdad Pipo, dijo el hombre con un dejo de tristeza y luego convidó a su perro a marcharse a casa, lo cual hicieron en un profundo silencio.



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Emigdio Malaver

Margariteño. Economista y Comunicación Social. Ha colaborado con diferentes publicaciones venezolanas.

 emalaverg@gmail.com      @Malavermillo

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