El Táchira

El estado Táchira, se da a conocer a través de un hombre lleno de una egregia locura nacionalista, de sentimiento patrio, que nadie entendió, ni sus mismos coterráneos; el ex diputado y general: Cipriano Castro. Apodado por los caraqueños: "el cabito"; por lo bajo de estatura-, que después de renunciar a su curul en el Congreso de los Estados Unidos de Venezuela, a finales del siglo XIX, se fue a su terruño en el Municipio: Independencia, Capacho Nuevo, estado Táchira, decidido a organizar su ejército y desde Colombia empezó su larga caminata con su pequeño arsenal humano, que a la postre resultó efectivo lo que en principio fue una intentona, compuesto, originalmente, por sesenta hombres, entre ellos, su compadre, J.V. Gómez, quien lo traicionaría en 1908; junto a sus amigos de pensamiento entreguista. La tarea era nada menos que: invadir a Caracas y deponer el gobierno desbarajustado del general Ignacio Andrade, venido de las huestes del guzmancismo, apoyado por el general Joaquín Crespo. Andrade había sucedido a éste último. Fue electo por La Asamblea Nacional Constituyente, para el período de 1898-1902; solo gobernó unos meses, cuando en 1899, se le ocurrió desde la frontera, remover el cimiento heredado de gobiernos malhadados; ésta se llamó: "Revolución Restauradora" o: "La Invasión de los Sesenta", que después de muchas escaramuzas, batallando con las fuerzas del gobierno, a lo largo del camino, logró tomar a Caracas el 26 de octubre de 1899, dando al traste con el período gubernamental del general Ignacio Andrade. Me atrevo, con el permiso de ustedes, a endilgar de manera general, lo que siempre he repetido ante amigos y curiosos que: no tenemos idea ni conocemos la geografía nacional, casi nadie sabe dónde queda el Táchira, solo hay una relación somera con Los Andes y la confusión llega, para ellos, hasta Mérida. El Táchira, se convierte, entiendo, en algún paraje, aldea que pertenece a Mérida o Colombia. Tampoco se les ocurre leer algo, que les indique qué es, cómo es; en definitiva, no les interesa en absoluto. Repito siempre: En las fronteras, -cualquiera que sea- es donde más se siente el nacionalismo y el amor patrio. Todo ciudadano fronterizo se quiebra de pasión por su país; sucede, así en nuestra Venezuela. Nadie lo nota; y, ellos, menos mal, no caen en manifestaciones extremistas, o, "chovinismo" ramplón. Imagínense ustedes, el Zulia; Táchira; Apure y Amazonas. La más pequeña, en longitud fronteriza entre Venezuela y Colombia, corresponde al Táchira; pero, es la conexión, para Colombia, más importante, dinámica, comercial, cultural y donde el tráfico, llevar y traer, legal o ilegal y el tránsito; o, ir y venir, para ese mismo intercambio bilateral, es clave sobre todo para el que llaman "hermano país"; que de eso no tiene nada.

No se puede pasar por alto, la casi obligada intromisión con el país vecino; por eso, por favor, permítanme hacerlo. La mayoría de los habitantes del punto cardinal: este, de Colombia, desde la Guajira al extremo sur, Amazonas, más de dos mil y tantos km de longitud, le agregamos que, desde los límites fronterizos, hasta más o menos, quinientos kilómetros adentro de Colombia, la acción controladora, Administrativa-gubernamental, no llega; no funciona; únicamente el proselitismo político electoral se mueve como pez en el agua, siempre y cuando sean los candidatos de la oligarquía cundinamarquesa; a los contrarios a ellos, le tienen asegurada la muerte sin pompas fúnebres: "corte de franela", "corte de corbata", "corte, tipo aserradero", y demás estilos que ellos aplican de acuerdo a su producción creativa; siempre, eso sí… por favor… después de misa y comulgados. De lo demás, piensan y aseguran ellos: "se ocupa Venezuela" y los "venecos": Esto es planificado, no crea usted, que a este loco se le ocurren tamaños infundios. Es por eso que han legislado y nacionalizado abiertamente, "el truquito", para perjudicar a Venezuela. Todo salido de la godarria social del poder neogranadino y practican con angustia, la envidia, la ambición por conseguir todo lo nuestro, dinero a como dé lugar, excediendo los límites de la moral, ven los bolívares contantes y sonantes, como ruedas de camión y por ello arrasan, desolándolo todo, matan, secuestran, roban, engañan, tienen ejército particular, paramilitares, mercenarios, sicarios a sus órdenes; todo eso, lo han transferido a nuestro suelo, sin ningún tipo de consideración, de oportunidad, de merecimiento; esa parte de Colombia se ha convertido en una sociedad itinerante en extremo dolosa. Pero, por supuesto, es su sistema, su adorado capitalismo explotador, criminal; es el resultado de la traición de Francisco de Paula Santander, que a su regreso del exilio, la víctima: Simón Bolívar, tuvo misericordia: gravísimo error, de conmutarle la pena de muerte, por el exilio dorado. Al fallecimiento de Bolívar y el regreso de este insolente paria, después de que sus secuaces lo reinstalaran en el poder, la aberrante, criminal, sucia y perpetuada camarilla oligárquica; -eso sí: muy católica, litúrgica y come hostias- con la anuencia de sus promotores del norte, abolió todos; todos, los Decretos hechos para la Gran Colombia: sueño de Miranda, realizado por Bolívar a favor del buen vivir, que: El Libertador se esmeró, con vista hacia el pueblo en "la mayor suma de felicidad posible"; entre ellos, el que dictó el 24 de octubre de 1829, que habla de las riquezas contenidas en el subsuelo, que serán reclamadas, administradas, únicamente por el Estado, en este caso la llamada "Gran Colombia". Ya, para 1831, empezó a derogar y desmantelar toda la obra, preocupación y andamiaje social de lo que hubiese podido ser el apoyo a los pueblos de la América mestiza, todo por la ambición de ese maldito grupo que se birló con sorna ambiciosa, las tierras y la riqueza de los pueblos; y, continúan en eso sus herederos; y, los verdaderos dueños de todo, a la postre, se convirtieron en víctimas, de esas acciones ególatras; ¿apoyados en quién?, en una iglesia maloliente, despojada de misericordia, compasión, conmiseración y la piedad que no la tuvieron ayer, tampoco mañana, ni con nadie.

El Táchira, como Amazonas, Apure y Zulia, han contenido la explosión inhumana de todos los incapaces gobiernitos tutelados por los dolosos, "puercos ricachones", bautizados como oligarcas o delincuentes encubiertos, que han tenido desde 1830, las bridas, las agallas, el látigo sometedor y se erigieron dueños absolutos de "las fuerzas vivas"; me pregunto: ¿quién habrá sido el desleal, comedido farsante, manipulador, de espíritu andrajoso, piltrafa desechable y miserable insolente, que inventó esa mentirosa frase? Por eso, con mucha "arre-tristeza", cantamos: -"Sabrá dios; uno no sabe nunca nada…". No podemos caer en lastimeras quejas, a estas alturas del juego geo-político. Pero, tenemos que referirlo a cada instante, que se nos permita, sobre todo si usted no es tachirense y desconoce la trayectoria socio-política de una entidad venezolana, que tiene la fuerza de la poesía, el calor de la neblina pues usted no la ve, cuando el frío se siente descender y el calor humano la hace visible, vaporosa y se pasea entre ramajes, besando las hojas, empujando el gentilicio sonriente de un pueblo, que desgrana su pasión solidaria. El tachirense, como el zuliano, apureño y el amazonense, verdaderos conocedores de la situación perenne, sí saben "cómo se bate el cobre"; tanto allá, como acá; estos venezolanos, que viven en las márgenes de la patria, sienten, entienden y tienen la capacidad de sopesar y en cierto modo soliviantar la embestida de allá, que es la que repercute acá, pero estos patriotas, han aprendido a vivir con la espina y torean como buenos "diestros" las astas envenenadas de los motolitos indolentes de allá. Van y vienen a los predios desasistidos del otro lado del río, con la misión de juntar y palear la angustia que produce el abandono, más sentido en el lado "cumbiero" que en el "joropero", pues la diferencia del abrazo oficial necesario, donde pudiera asirse el neogranadino, está, diríamos, opuesto al cénit de la esperanza, a la ventisca que alborota la polvareda del sentimiento, mezclados con necesidades perentorias del pueblo hermano, sin país, sin instituciones que le funcionen como debería ser su obligación socio-republicana. Más, que una solitaria canción, es un quejumbroso responso, un monótono canto gregoriano, que susurra penalidades que se lleva el vendaval hasta el confín de la nada, aunque se raspe el suelo con alpargatas nuevas al vaivén de una cumbia, que la han convertido en vallenato llorón. El mensaje unionista, legado por nuestros comunes libertadores y que no podemos abandonar, entregar, cambiar por otras que esperan su turno para herir, desconocer el tenor de las angustias que llevan contenidas en las oraciones de los pueblos preteridos que se afincan en una fe, que no tienen respuesta entre nosotros, pues, es manejada por los ya referidos sátrapas, convirtiendo los anhelos en materia cósmica, esotérica, de un universo conducido por sádicos indolentes que se ven así mismos; a más nadie, pues, es normal en ellos decir; u, ordenar: "el que venga atrás que arree…" ¡qué vaina…! Esas oraciones, no resultan, no cambian el orto ni el ocaso de ningún astro, que puedan formar con el sol, un dueto salvador.

El Táchira es un chorote, totuma, jícara, un pocillo de aguamiel, un puchero, donde se cuecen hombres y mujeres en sacra y recia untura de patria; expande en sus límites abiertos, aspiraciones altruistas, nobles de la República y su pueblo modesto, bregador, en punta de la estela, callado, valiente, que conjunta la tierra con su sangre, esgrimen la devoción por los deberes y derechos, que como buen padre y mejor madre, esparcen y consolidan los nexos de familia, de civismo, enmarcado en la lucha solidaria y la sencillez del ciudadano, ¡…qué bonita y honorífica palabra… ciudadano…! Que no espera nada a cambio: solo el respeto a su concurso hacedor, a su posición, en y de vanguardia, por siempre: Por eso, el Himno del Táchira, expresa con juntura amorosa y lo desgañita con pasión: "Las glorias de la patria / sus fueros de nación / unidos defendemos / con ínclito valor…".

¡Viva Venezuela unida y por siempre! ¡El Táchira es Venezuela…su vigésima cuarta parte, pero es cierta y firme!

 

docekilos@hotmail.com



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