¡Es con usted, señor Alcalde de Barcelona! ¡Si es que existe!

No sé si usted existe o es un espejismo de esos de la sabana. Al sur de Barcelona, un poco más allá de Naricual, la sabana se abre inmensa, inalcanzable. De allá pueden venir muchos espejismos que al encontrarse con los que vienen del mar, por el norte, desde Lecherías hasta Maurica, por las diferentes presiones y temperatura formarían una oquedad donde se engendren imágenes difusas, como esas que pintó Armando Reverón y uno cree ver algo que no existe o si existe pero la percibimos deforme. Quizás usted tiene existencia, como peso y ocupa un lugar en el espacio, pero a uno por aquello le queda duda. Además, las cosas que deberían ocupar a un Alcalde, a su existencia no da importancia ni llaman la atención; actitud que aumenta en uno la duda que usted exista. Es cierto que al gobernador Barreto Sira pudiera decírsele lo mismo, pero los casos que me ocupan son de casi de su estricta incumbencia y además, no voté por él, pero sí por usted. Por supuesto que cuando esto hice cometí un error y una inconsecuencia, pues me había prometido no volver a votar por fantasmas o gente que no siente el compromiso que asume.

Llevo más de cincuenta años viviendo en esta ciudad y jamás la había más abandonada que ahora. Hasta hace poco, antes que usted llegase a ese cargo, con desidia, retardo, descuido, se recogía la basura. Los vehículos del aseo urbano pasaban una que otra vez frente a nuestras casas, vivo cerca del cuartel Pedro María Freites. Pero desde que usted tomó ese cargo, como administrador de una ciudad en la cual, según lo que sé, si alguna vez vivió fue siendo niño, la basura abunda en cada esquina y hasta corre por las calles empujada por el viento. Es el viento quien barre las calles y la basura acumula en los espacios donde su fuerza se le agota o no es suficiente. La gente, hasta ancianos como quien esto escribe, debe llevar la basura hasta tres y cuatro cuadras, a la esquina de la avenida "por donde pasa la novia", para arrojarla en una esquina donde habitualmente hay una montaña de ella. Y lo que es hasta más que contradictorio, irónico, la tarifa del servicio domiciliario, porque así se le llama, que no se presta, subió ostensiblemente.

Hoy viernes 3 de agosto del 2018, en la ciudad toda llevamos cuatro o cinco días sin servicio de agua y nadie sabe qué sucede ni cuándo volverá, porque Hidrocaribe y usted, el cuidador de la ciudad, como típicos burócratas e integrantes del un Estado insensible, no se les ocurre pensar que el ciudadano tiene derecho a saber sobre su destino, lo que le espera y hasta cuándo seguirá soportando esta tortura. Entre otras cosas para consolarse y hasta buscar salidas pertinentes a la contingencia. ¡Pero a usted eso no le importa! Así, exactamente así, procede un burócrata. ¡Véase en ese espejo si es que no lo sabía!

Anteayer, como lo hago habitualmente, allí me puede encontrar si se le ocurriese buscarme o mandar alguien por lo mismo, recorría el bulevar 5 de julio. Era día miércoles. Si usted no lo sabe, ese día desde hace tiempo, previo acuerdo con quienes allí hacen de vendedores informales, toda esa actividad debería quedar suspendida porque se supone se dedica a labores de limpieza y mantenimiento que casi nunca hacen. Digo esto sin convalidar la idea y práctica que ese espacio que debe ser para el recreo, se le haya convertido en mercado público. ¡Pero estas son vainas de los burócratas y los populistas! No obstante, había una buena cantidad de personajes en sus habituales ocupaciones. De repente, me hallé un señor de aspecto indígena que vendía unas bellas paletas de madera de esas que se suelen utilizar en la cocina para remover en ollas grandes. Habiéndome parado a su lado observé como un personaje, quien vestía un chaleco de caqui, el cual portaba un letrero que decía algo así como "Inspector Urbano", no recuerdo con exactitud el calificativo, le decía algo en tono de reclamo que no pude escuchar. Seguí mi marcha y llegue hasta el final del bulevar, justo al sitio donde hay un puesto de la guardia nacional y donde comienza o termina la Avenida Pedro María Freites. Volví sobre mis pasos y a unos 25 metros me hallé con el vendedor de paletas que caminaba en sentido contrario al que yo ahora llevaba. Le detuve, le referí lo que observé y pregunté que le había dicho el personaje.

-"Pues me dijo que me quitara de allí, que me fuera, porque era miércoles y allí no podía estar vendiendo".

Seguí mi marcha de regreso y aparte de los vendedores que dejé atrás, hallé los mismos que antes había visto, menos el indígena vendedor de paletas que se fue alejándose de mis espaldas.

Pero lo más curioso es que ese día vi algo que me asombró, pues nunca eso había visto y hasta me llenó de tristeza. Me recordó aquella ciudad colombiana, Cúcuta, donde los venezolanos solíamos ir de vacaciones sólo por comprar cosas, especialmente vestimenta. No recuerdo haberlo visto cuando pase por allí de ida, quizás aparecieró justo cuando venía de regreso. A lo largo de casi una cuadra, había unas cuatro o cinco mesas, donde unos personajes exhibían viejas monedas y hasta asquerosos billetes colombianos para la venta y al mismo tiempo se ofrecían como compradores. Lo de "asqueroso" no lo digo por el papel moneda en sí, ni la nacionalidad del mismo, sino por su estado de suciedad. Es decir, habían instalado en pleno centro de Barcelona, en nuestro bulevar 5 de julio, aquellas informales casas de cambio cucuteñas; y a quienes eso habían hecho y a otros tantos vendedores informales, el "inspector urbano" y los policías que por allí deambulan, porque esto es justo lo que hacen, parecían proteger o por lo menos ante ellos se hacían la vista gorda. El inspector de marras, no tuvo ojos para ver nada de eso, pero si pudo detectar en medio de aquella como barahúnda, al humilde indígena vendedor de paletas.

La especulación anda con el moño suelto en las calles de la ciudad que usted cuida y donde debe proteger a sus ciudadanos. Los mercados, aparte de ser como basureros públicos, se cometen fechorías espantosas como el cobro desmesurado por cualquier cosa que se venda. El truco del pago entre efectivo y electrónico que reduce el salario hasta en el cincuenta o sesenta por ciento, en esta ciudad hace con libertad las de las suyas mientras usted que se supone existe, aunque parece que no, brilla por su ausencia, ni siquiera su voz se le escucha, pese su experiencia ante las cámaras y los micrófonos. La ciudad es un completo desastre. Es verdad que cuando usted llegó ya lo era, pero desde que tomó posesión del cargo, tiempo en el que no sé si para acá se mudó o anda todavía en eso, pues pese a que rodo el mundo sabe que tenemos un alcalde con nombre y apellido, no hay quien puede decirnos le ha visto o escuchado su voz, todo ha empeorado. Tanto que al anterior Alcalde hace aparecer como una estrella. Pareciera que usted y el gobernador jugaran entre ambos y a espaldas de la multitud o los ciudadanos a las escondidas. Si usted no puede con esa responsabilidad, lo mejor que puede hacer, para decírselo con una frase que gusta mucho a Diosdado Cabello, ¡Póngase a un lado!

Le digo esto último como quien habla por hablar, porque a uno le queda el derecho a la queja, pues soy de quienes en verdad está seguro que "usted no existe". Creo que le hablo a un fantasma, algo así como perder el tiempo.

Perdone no haya mencionado su nombre, pues en verdad no me acuerdo o no sé si tiene alguno.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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