Sólo el campo salva al pueblo

1- El anuncio de anoche del Presidente Maduro nos anima a seguir sembrando en el campo, batallando para librarnos del horror de la guerra económica. Pero no nos hagamos muchas ilusiones: ya existe un portal parecido a DolarToday, en Twitter llamado @barrilVenezuela que intenta boicotear desde ya los anuncios del presidente. Sostiene la página Ensartaos (http://www.ensartaos.com.ve/se-trata-de-posicionar-un-marcador-fraudulento-del-precio-del-petroleo-venezolano/): "Este gobierno sería bien pendejo si no le da un parao a estas sitios web con clara tendencia política anti venezolana."

2- Hace ocho años, con unos ahorritos de la familia compramos un terrenito en un bello paraje, cerca del pueblo andino de Canagua (allí donde nació Dominga Ortiz Orzúa, la esposa del general José Antonio Páez). Una Semana Santa fuimos de vacaciones al sector La Coromoto, antiguamente llamado El Zamuro, y nos alojamos en bella Mucu-Posada Las Hortencias del señor Neptalí Mora. Conmovidos por la soberbia quietud y dulzura de esos parajes, apreciando desde un corredor la variedad infinita de colores a través de un inmenso valle, dijimos, suspirando: "carajo, quién pudiera quedarse a vivir por aquí para siempre". Y bregando, logramos adquirir un terrenito.

3- Se trata de un terrenito de unos 1.700 metros cuadrados. Allí levantamos una casita y (equivocadamente) nos pusimos a despejar el lugar que estaba sembrado de matas de café. Como todo lo que es campo, en esta zona bastante húmeda, no deja de moverse por entre matorrales simpáticos visitantes como corales, mapanares y abundantes alacranes. Yo tuve la dicha los primeros días de estancia en nuestra casita de dormir con algunos alacranes, muy enroscaditos, debajo de mi pecho, pero que jamás llegaron a picarme.

4- En mi casita he pensado colocar un letrero que diga: "No se aceptan visitantes a menos que congenien con alacranes y culebras…". La verdadera dueña de la casita es nuestra perra Solita (que con lo flaca que está ahora la estamos llamando Rocinanta).

5- No digo como la canción aquella "me voy al pueblo, hoy es mi día…", sino que me voy al campo que debe ser nuestro destino. Cojo, pues, mis escasos macundales y me dirijo a una comarca cerca de Canaguá, a cinco horas de Mérida. Montaña arriba, entre neblinas, prados y flores. Llevo mi altímetro, dos libros que estoy leyendo (uno sobre Simón Rodríguez y otro de Baltasar Gracián, pero de un salto me paso a "El Círculo Hermético" de Miguel Serrano); en el macuto van también unas semillas de hortaliza, unas arepas rellenas con queso como avío y unas botellitas con agua.

6- La carretera hacia los pueblos del sur la tienen destrozada sobre todo lo grandes paperos y ganaderos, que jamás son capaces de aportarle una locha al Estado, para que se le haga algún mantenimiento. Hemos de cruzar dos páramos en nuestro recorrido, siendo la altura más elevada, la del Páramo de Las Nieves (a 2.931 metros). El Páramo El Motor, a media hora de Canaguá, está uno 2.743 metros sobre el nivel del mar. La primera altura con la que uno se topa ascendiendo desde la calurosa tierra de El Anís es Tusta a 2.320 metros de altura.

7- El pueblo de Canaguá se encuentra a 1620 metros de altura, la misma altura de Mérida, pero el recorrido desde Tusta hasta el páramo de Las Nieves se hace a lo largo del lomo de un gigante de cien kilómetros de largo y a 2.700 metros de altura. Por ahí nos topamos con un nichicito con flores en el punto donde se mató hace poco el doctor y hacendado don Pablo Quintero Moreno. Conocimos a don Pablo, porque cuando íbamos a La Coromoto solíamos ir a su finca a comprar huevos y queso. Nos decía este notable productor de Mérida, quien cruzaba varias veces a la semana por esta carretera: "A mí me gusta mucho el campo, y aquí me siento feliz, aunque mi esposa es muy citadina".

8- Nada más placentero que llegar a nuestra casita de campo en La Coromoto (a 2.920 metros de altura), y ver a Solita temblorosa de emoción saludándonos. Con ese tiempo loco, que apenas sale un esplendoroso sol que a la media hora se desata un palo de agua, luego un tremendo calor y al rato frío parejo. Las lluvias en Canaguá han sido tan intensas, que la entrada al pueblo parece un paisaje lunar con descomunales cargamento de lajas negras, tierra y enormes piedras arrastradas por la lluvia. Consecuencias de las grandes desforestaciones en el sector.
9- Al llegar a la casita, lo primero que hago es visitar mis matas: los naranjales y mandarinos, el peral, el cambural, las matas de mora y de ocumo, la de níspero, el limonero y la granadina, el romero y el orégano, la menta y el toronjil, el higo y una gran cantidad de plantas ornamentales. Cómo ha costado que el cambural eche buenos racimos. La gente dice que las matas de cambur son tardonas en esta zona.

10- La conversa con los amigos del lugar es de los momentos más placenteros, sobre todo la visita del patriarca de La Coromoto, el señor Corsino Mora, y la de sus hijos Manuel, Enrique, Ángel y Alesio. Hace poco murió una de las hijas del señor Corsino, la bondadosa y noble Carmen, muerte que tanta pena y dolor produjo en la comarca y entre toda la gente de Canaguá y Mérida que le conocía.

11- El señor Corsino tiene 85 años, está casi ciego, va con su bordón por los caminos que se conoce de memoria. La sencillez del señor Corsino es la de un santo; el todo lo sacrifica a la humildad, y llega con un pantalón lleno de parches, con una camisa muy trajinada y una gorra deshilachada del PSUV de los tiempos en que Chávez era candidato. Hablamos de las picadas de culebra, de cómo una mula que él tenía y que llevaba una gran carga, y que había sido picada por una culebra pudo andar por tremendas cuestas, unos treinta kilómetros, desde Santa Cruz hasta el punto de Betania, donde murió.

12- Llega Alesio con medio costal de maíz tierno para hacer cachapas y hacemos cachapas. Luego llega Ángel con un litro de leche que nos ha mandado el señor Corsino (que ya de las nueve vacas solo le quedan tres). Luego se presenta el señor Antonio, suegro de Alesio, con un costal lleno de apio y cambures verdes. Vienen los hijos de la vecina y nos trae un canasto con limones. Nosotros intercambiamos lo que podemos porque la cosa está bien fea, y es así como a cambio damos algunas latitas de sardina o unas bolsitas de caraotas, sal o un pan o unos tequeñitos que hace en el horno mi esposa.

13- Qué hermoso es el campo, carajo. Pero también qué duro. En la tarde del domingo 22 de julio, mi esposa busca su cámara para tomarle una foto a unas mariposas que merodean por la mata de menta. Por allí cerca de una manigua anda la gata Morisca (de la vecina). Mi esposa observa cómo Morisca está agazapada vigilando algo, y es que está frente a una culebra coral, de anillos rojos y negros. La enorme coral mide unos ochenta centímetros, bastante gruesecita. Es lo que llaman algunos "falsa coral", aunque para mí no tiene nada de falsa.

14- Digo que las montañas andinas tiene sus dificultades pero que las compensa su belleza, la tranquilidad, la paz y la limpidez de su aire y de sus ríos. Nos hemos ido a caminar alo largo de una serie de portones hasta el Mesón, desde donde se mira el pueblo de Canaguá. Pasamos por las propiedades de Cioli, más allá la de Neptalí, después de otro portón la de un señor de El Rincón, luego por el terreno de Onofre (sobrino del señor Corsino), después el del señor Ramón Isidro, hasta alcanzar la hermosa explanada desde la cual se aprecia el hermoso pueblo de Canaguá, su río, sus puentes, su cementerio, el sector de Río Arriba, Los Naranjos, El Valle,…

15- Doy vueltas y vueltas por mi terrenito, contemplando las 180 matas de café que ha sembrado Manuel, para compartir con él lo que dentro de dos años ellas produzcan. Se trata de café criollo, muy bueno para la zona, porque hay gente que se ha llevado grandes chascos trayendo un café no adecuado para estos terrenos.

16- Pero la funesta herencia que nos dejó Agro-Isleña, sucursal de Monsanto, dañó por siglos grandes extensiones de tierra en Venezuela, de modo que la agricultura requiere de abono, de fertilizantes, fungicidas y venenos en grandes cantidades y de una atención permanente para que la maleza no estropee la siembra. Pero estas cosas son muy difíciles de conseguir, las bachaquean furiosamente.



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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

 jsantroz@gmail.com      @jsantroz

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