Los pasajes del ferry, ay bolsillo

El servicio de transporte marítimo hacia la isla de Margarita depende esencialmente de la calidad y la disponibilidad de los buques de carga y de pasajeros de la empresa La Nueva Conferry, propiedad del Estado, de Navibus y de Naviarca. Sin embargo, Conferry tiene mayor peso operativo y responsabilidad. Esta estuvo asociada por el connatural isleño con su fundador nativo y su familia, el señor Fucho Tovar, un empresario de muchas mañas y un político de moderadas virtudes, hoy en el cielo.

A los Tovar Mata se les reclamó siempre el descuido del correspondiente mantenimiento de las unidades, los retrasos en los embarques y desembarques, la insalubridad a bordo, la sobreventa de boletos, la lentitud durante las travesías, la falta de agencias y sistemas de ventas de pasajes y hasta demandas laborales por parte de su personal. En una primera etapa aparecieron los ferrys express que ilusionaron al público con la garantía de cierta comodidad y rapidez de ruta que luego devino en el mismo modus operandi tradicional, quejas, demandas y hasta a expropiación de la empresa por parte del gobierno revolucionario de nuestro Comandante Eterno.

En su segunda etapa, al mando de la Armada Nacional, se adquieren nuevas unidades de ferrys pero con el añadido de la utilización de puerto de Guanta, lo que causa no pocas situaciones de incomodidad y dificultades para el atraque y salida de los barcos. Hasta una hora y media deben permanecer los pasajeros a bordo por esperas injustas sin zarpar, sin restaurantes de calidad en la periferia y sin la oportuna información de los detalles básicos en casos como esos. Los buques Virgen del Valle II, San Francisco y Virgen de Coromoto tienen ciertamente una buena prestación interna de asientos y de espacios de movilidad, mayor número de sanitarios, mayor rapidez de navegación y mejor personal técnico. La inversión en ese aspecto ha sido cuantiosa y el estado Nueva Esparta se lo merece como vieja deuda social para su estado turístico y comercial. No obstante, la Nueva Conferry flaquea como su antecesora en algunos detalles, como por ejemplo, la venta de boletos para las respectivas temporadas, sometiendo al usuario a las indeseables colas de espera, los retrasos y a menudo incertidumbre por la disponibilidad de cupos y salidas.

A esto se añadió recientemente el aumento de las tarifas, sin previo aviso y sin una justificación de costos razonables accesible al público, al usuario, para que lo asimile. Esto ha generado muchas expectativas y rechazo. En la isla de Margarita el comentario es taxativo: “La gente no va a venir con esos precios de los ferrys”. A parte de la escases extrema de productos de consumos alimenticios, las tiendas vacías y los altos costos de los productos, la falta de pescado y los precios de los hoteles y demás alojamientos, la realidad es en verdad terrible.

Los camiones están varados en Tierra Firme por falta de ferrys de carga y el encarecimiento de servicios y bienes es generalizado. Las colas humanas en Rattan, Makro, comercios chinos, Unicasa, etcétera, tienen del triste remedo de otras regiones no turísticas que para nada favorecen esa imagen de antaño de una isla pujante, de régimen de Puerto Libre, de atractivo playero y nocturno, de vida comercial. Acá somos un barrio rodeado de agua, de hambre, de penurias, de malandros, de desidia, de angustias e incertidumbres. Ni los comerciantes ni el Estado le ponen la cascabel al gato para mediar una solución y ahora para venir a vernos estas caras de tristes que aquí tenemos deben  gastarse una fortuna, cuya cuenta saco a grosso modo para una familia de cuatro miembros y un cacharro viejo mal llamado camioneta (puede ser una Blazer, una Broco, una Jeep, una Wagoneer o cualquier lujosa Toyota Fortuner, Explorer o Gran Cherokee, pues da lo mismo un carro oxidado que uno virguito, pues pagan igual): RUTA Puerto La Cruz- Punta de Piedras (IDA-VUELTA): Bs. 5.543,67. RUTA La Guaira- Punta de Piedras (IDA-VUELTA): Bs. 15.568.90.

Si por mala suerte se le daña un caucho durante el viaje añada como mínimo diez mil a sus gastos y si se le daña la batería o acumulador, prepárese que aquí en la isla NO HAY, y si la consigue cuesta como mínimo seis mil, por lo tanto un caucho y una batería significan Bs. 16.000 de gastos adicionales. Dicho esto, hermanos camaradas de Tierra Firme, mi consejo es que se queden en sus casas con sus hijos, y que se vayan a algún campo cercano, a algún río con agua fresca, que compren comida, vean películas en casa, lean buenos libros, oigan música y duerman. No se calen este estrés innecesario ni hagan ese gasto tan pesado. Es doloroso admitirlo, pero el turismo en la isla de Margarita se jodió y el comercio del Puerto Libre también, pues todo está carísimo (los trapos, los licores, los quesos) o no consigue nada. El transporte, además de calamitoso, costoso. No queda otra opción que descansar en casa, camaradas todos.

Isla de Margarita, julio 2014

 



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José Pérez

Profesor Universitario. Investigador, poeta y narrador. Licenciado en Letras. Doctor en Filología Hispánica. Columnista de opinión y articulista de prensa desde 1983. Autor de los libros Cosmovisión del somari, Pájaro de mar por tiera, Como ojo de pez, En canto de Guanipa, Páginas de abordo, Fombona rugido de tigre, entre otros. Galardonado en 14 certámenes literarios.

 elpoetajotape@gmail.com

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