Capriles de “luna de miel” en Margarita

Espectacularmente inolvidable: la caída y mesa limpia que hizo el “presidente ilusorio” de la oposición que fingió como gobernador de Miranda en la Urbanización Jorge Coll del municipio Maneiro, donde recibió un gran ruego pacífico de ansiedad por su mar interno inundado de necesidades que, padecen en gran parte como pobladores, desamparados del gobierno regional como del nacional, que habitan con deseos preñados en ardientes mareas que le alejan las soluciones a sus problemas que le aquejan y, que prácticamente los mantienen al margen de una debacle de estancamiento que ya no encuentran a que santo implorarle y, él Capriles, les cayó como una bendición del cielo, disfrazado de santo caracol bendito en un fin de semana especial.

Regresó, regresó, con su gran corazón de inocencia que recibe puñaladas coléricas sin discriminación, sostenía una pancarta dudosa que flotaba entre la gente presente y, el venturoso como lo llaman algunos: iba y venía en imágenes alusivas que le alegraban la bienvenida a la isla que ya no se sabe si sigue siendo puerto libre o libre puerto de toda sospecha en que lo caro sigue caro y lo barato no se consigue por ninguna parte, pero al fin sigue anclada todavía al mar de las Antillas con sus trapos y sus delicateses.

Antes de llegar al acto anunciado a su encuentro, se fue al templo de la Virgen del Valle, a rezarle lo que como político impreciso, le reza a ella, no sin antes, fustigarla por su poca colaboración con él en las elecciones que lo dejó a las puertas de la espera de lo que decida el TSJ si es no es o, si hay nuevas elecciones que a la tercera va la vencida y, en ese enredo de votos con la Virgen, le comió el poco tiempo que estuvo allí con su afán de “presidente aspirante” que sigue en veremos…

Más tranquilo y con ánimo crítico de impasividad se despidió no sin antes llenar a la Virgen de deseos que como objetivos precisos de su proceder se los dejó para su posible estudio y cumplimiento que, la Virgen del Valle, debe llevar adelante a su favor como si fuera único para ella que así él lo cree y, osadamente se tiró a la calle a recoger las ofrendas aclamatorias que su fanático público margariteño le tiraba que, en avalancha peregrina se le acercaba a su recorrido de atracción de alcanzar una buena participación de votantes en las próximas elecciones decembrinas y, el tumulto de gentes se lo llevó con la paz que sacó de la iglesia sin arrechera.

Y, después, siguió con el orfeón de sus inquietudes a veces envueltas de estupideces que pasan de largo y, cuando no se estrellan en el camino de las mentiras que va soltando con su garrocha de rabia que no la esconde y, más cuando se refiere al presidente actual de Venezuela que en su miseria de contemplaciones desafina más de la cuenta, pero eso para él es un saludo a la bandera de sus intrigas emocionales.

Con relevancia política de atención: proclamó frente a sus seguidores que estaba casado con Margarita y como tal estaba de luna de miel en un fin de semana que había que sacarle el jugo, aunque fuera de mangos tinos que la jalea de ellos se la tiraría después y, ofreció como buen ofrecedor proceder a la mayor brevedad a desalinizar a la isla y, que cuando él tome el poder, la pondrá a valer más de lo necesario como ha hecho con el estado Miranda que lo lleva en la dirección precisa de alcance mundial distinguido.

Refirió con atino culinario, un día después en el marcado de conejero, frente a un consomé cruzado de guacuco, chipi chipi y, guarura con arepas peladas del aripo que, este gobierno como que quiere que se lo coma el tigre al tratar de ponerle las manos administrativas a las universidades autónomas y, que la anti corrupción que se desarrolla actualmente no tiene sentido que todo eso es como una obra de teatro bien preparado dentro del bla bla bla de calle que de socialismo no tiene nada y, que el acaparamiento y la especulación es pan del cada día de Maduro y, que mientras éste sea presidente no habrá paz, porque la paz es de él.

Los aplausos no se hicieron esperar cuando con solidez soltó primero yo y, después él y, por eso estoy aquí, para inaugurar con mis ojos lo que haya que inaugurar y con su gorra de paciencia desleal se lo tragaron los ingenuos margariteños que todavía andan buscando el camino que Maduro trafica hace rato en el país.


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Esteban Rojas


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