Aunque se ofenda, la oposición es imbécil

No son pocos los opositores que nos escribieron o emitieron comentarios a través de la red, manifestando su rechazo a las afirmaciones que hiciéramos en nuestra más reciente nota (¡Qué imbécil la oposición que tenemos!).

El haber escrito que es en la masa opositora, y no en su dirigencia, donde está la mayor carga de imbecilidad, hizo sentir ofendidos a más de uno. Al punto que un tarado como Manuel Ibiza, intentó intimidarnos con amenazas por lo que él considera una agresión a la “clase pensante del país”.

Esa supuesta clase pensante pareciera no tener memoria y se muestra incapaz de reflexionar sobre las miles de imbecilidades que ha cometido. Como si nada hubiese ocurrido, a cada imbecilidad le sigue otra mayor y a cada cuento que se traga le sigue un cuento más difícil de digerir, pero lo hace.

Allí está como demostración de ello, la convicción que tienen de que su lucha por salir de Chávez, nada tiene que ver con retornar a la Cuarta República y a las prácticas de Acción Democrática y Copei.

¿Cómo pueden creer en ello y permitir que sus representantes; quienes diseñan la estrategia; quienes organizan las movilizaciones y quienes seleccionan los candidatos sean seres de la talla de Ramos Allup, Julio Borges, Liliana Hernandez, Manuel Rosales, Antonio Ledezma, Capriles Radonski, Eduardo Fernández, Luis Ignacio Planas, Eliseo Fermín, Omar Barboza y pare usted de contar dinosaurios. O son imbéciles o son imbéciles, no hay otra opción.

Se ofenden y reclaman porque los calificamos de imbéciles, pero como no hacerlo si festejaron (aunque ahora lo nieguen) la instauración de una dictadura como la de Pedro Carmona. ¿Cómo llamamos al que sin ser oligarca, celebra la instauración de una dictadura, convencido de que en esas condiciones se puede vivir mejor?

No vale la pena repetir aquí lo que ya dijimos sobre la posición de esa masa ante los bombillos ahorradores, las captahuellas y la confiscación de la patria potestad de los niños. Son irrefutables pruebas de imbecilidad, pero no son las únicas. Preferimos, a efecto de aportar pruebas que confirmen nuestra tesis, recordarle a los ofendidos como marcharon, lloraron, se arrodillaron y hasta pidieron la aplicación de la carta democrática de la OEA contra Venezuela, por no haberle renovado la concesión a la empresa privada de Marcel Granier. Nunca más podrían ver la Radio Rochela afirmaban desesperanzados.

Como si no fuesen suficientes las demostraciones de imbecilidad de la masa ofendida, le suman a su “performance” el hecho de haber convertido a Venezuela en el único país del mundo donde unos pendejos se lanzan a la calle a recoger dinero para ayudar a pagar una multa a un grupo de empresarios ubicados entre los más ricos del continente. Así actuaron cuando, por violar la ley, el canal de televisión Globovisión fue multado.

Y cómo calificar a una masa que cree que los veintiocho mil médicos cubanos que brindan asistencia a millones de venezolanos en los barrios y rincones del país, le quitan la oportunidad de trabajo a unos “abnegados” doctores venezolanos que están dispuestos a vivir en los cerros, en los barrios más humildes, en los caños, en las sabanas y en las montañas con tal de llevar salud y esperanza a los pobres.

¿Y qué decir del rencor de sus protestas cuando el gobierno cerró algunos negocios que estaban especulando con los alimentos? Déjame ejercer el derecho a pagar bien caro por la comida, fue, prácticamente, la consigna que esgrimieron.

No sería esta una buena recopilación de imbecilidades de la oposición, si no incluyéramos el horror que los invadió cuando aceptaron la versión de que Chávez iba a sacar a patadas a Dios de las aulas, con la ahora vigente ley de educación.

Tampoco podemos dejar fuera de la argumentación, la especie aquella que los mantuvo en vilo por cerca de seis meses y según la cual con la aprobación de la enmienda constitucional Chávez sería presidente vitalicio y jamás habría nuevas elecciones en Venezuela. ¿Verdad que hoy no tenemos otra opción que calificarlos de imbéciles?

Uno los escucha afirmar que el parlamento venezolano es prácticamente monocolor y sumiso al ejecutivo y no puede dejar de pensar en la imbecilidad que cometieron al no participar en las elecciones parlamentarias, creyendo que de esa manera deslegitimaban y tumbaban el gobierno.

Por último, dígame usted amigo lector cómo califica el hecho de que siempre creyeran que Teodoro era un asesino asaltante de bancos; que Gabriel Puerta Aponte era un criminal sanguinario; que Ismael García era un jalabola chavista, cómplice de una dictadura y que Andrés Velazquez era un obrero sin cerebro; y ahora esos personajes sean parte del carnaval de líderes que siguen.

Aunque se ofendan, son imbéciles

Octubre 2009
areme@cantv.net


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Alexis Arellano


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