Asesinos, pendejos y jala mecates

Eran tres desconocidos, eran tres ciudadanos comunes, eran tres policías.
Policías, ciudadanos o desconocidos como millones de venezolanos, pero
llamados a hacer “grandes cosas”... Por lo menos eso era lo que les
decían sus "colegas oligarcas".

La verdad era que aquellos no eran sus colegas, eran sus amos y los
necesitaban para que hicieran por ellos el trabajo sucio. No iba Marcel,
ni Cisneros , ni Zuluaga, y mucho menos el embajador gringo en
Venezuela, a salir con ametralladora en mano a asesinar chavistas. Para
eso tienen sus pendejos.

Creyeron que los halagos, la cobertura mediática y las invitaciones que
recibían los hacían miembros de la oligarquía venezolana. Se comieron el
cuento que estaban defendiendo la democracia y su clase social del ataque
de unos “pata en el suelo”; de una chusma despreciable.

El título de comisarios que les habían otorgado, se les antojaba como uno
de lord o de conde. Los hacía ciudadanos de primera.
Con él podían codearse con la gente del country. No necesitaban ser
presidentes, ni ministros, para convocar a una cadena nacional de radio y
televisión. Les bastaba con levantar un teléfono y llamar al pana
Cisneros.

¿Había que asesinar chavistas, para posibilitar el retorno al poder de
los de su clase? ¡Pues los asesinarían!
¿Quién mejor que ellos para defender los intereses de sus compañeros
oligarcas?
Además, el éxito estaba asegurado. Rosendo, Ramírez Pérez, González
González, Cisneros, Marcel, Ravel y tantos otros, eran garantía de que
los muertos serían responsabilidad de Chávez.
¡Qué inteligentes eran sus amigos ricos!

Hoy son reos y serán reos hasta que se mueran. A pesar de ello, nunca
pagarán el daño y el dolor que ocasionaron.
Aún deben estar en shock, pero ya se preguntarán por qué no los acompañan
en prisión sus iguales Marcel, Cisneros, Zuluaga, etc.
Más adelante despertarán a la realidad y se darán cuenta que nunca fueron
oligarcas; que siempre fueron unos pendejos al servicio de algunos
adinerados.

Ellos (los oligarcas) seguirán disfrutando de la vida, con las manos
llenas de dinero. Nunca irán presos, porque no son tan pendejos como los
policías que se creyeron oligarcas… Ellos son realmente oligarcas.
Necesitarán otros pendejos más adelante y de seguro los conseguirán,
porque de avariciosos, falta de escrúpulos y pendejos con sueños de
grandeza está lleno el mundo.

Los medios seguirán haciendo bulla por un tiempo. No porque a sus dueños
les interese el futuro de quienes fueron ciudadanos comunes, desconocidos
y policías; sino porque la sentencia puede ser utilizada para atacar el
régimen. Alguna manzanita le enviarán a los calabozos, pero hasta allí. Oligarca
que se aprecie no visita reos.

Mientras tanto, los antiguamente desconocidos, ciudadanos comunes y
policías tendrán suficiente tiempo para evaluar cuándo fue que se inició
su transformación a asesinos, pendejos y jala bolas.



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Alexis Arellano


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