(El no se les atoró como no, no)

Memorias reprimidas de la decadencia de un escuálido

Amigo mío, me es oportuno molestarlo con motivo: usted no se imagina mi desasosiego perturbador de la existencia oposicionista que ha dejado en mí como cortapisa, el bastardo resultado que derivó del referéndum que como un bocado de agobio me acompaña a toda hora del día de todos los días que, han seguido desde que el CNE en la noche del 15 de febrero dictó como el resultado de un juicio para un sentenciado a muerte que libró la señora Lucena como presidenta de ése organismo de desunión disolvente y, en atención a su despiadado veredicto, vivo de pastilla en pastilla con la tensión por las nubes y, un ti-qui-ti-ta-qui brusco que me acompaña como a una máquina de carro viejo. Soy un pobre esqueleto. No disfruto de paz y respiro como pez fuera del agua con vómitos frecuentes que desperdicio a pesar que mi apetito conservador es casi nulo y la sobremesa que antes era abundante, ahora, es una calamidad que aborrezco, la que siempre nos acompañó, se me volvió un velorio sin cruz, risueña de engaños y picardías mal estructuradas, me diagnostico mal utilizado como a un niño que distraen ofreciéndole juguete nuevo y, después no se lo compran.



La caja de velones que compré: importada de Colombia, para celebrar con los santos la victoria con su luz de almamía, recomendación muy especial de la Conferencia Episcopal Venezolana, se quedaron fríos de tinieblas y blancos de espera. Cada minuto que pasa me transgrede y, pregunto: qué será de mí y de mi pobre alma que vaga errante de consuelo y lo único que mi organismo acepta a regañadientes son unos guarapos de epazote con orégano silvestre asoleado que me hace mi suegra por las noches para sacarme los gases que invaden y trafican por mi tubo digestivo y la obstrucción de mis incómodos desvelos. Soy lo que se dice, un esclavo chavista, a los que odio de aquí a Pequín con lo que me queda de algarabía desmesurada e, igualmente con la misma intensidad a ese conjunto de líderes mediocres que tenemos en nuestras filas, entre ellos, Globovisión y Alberto Federico Ravell con su ensopado plan puertorriqueño.



Celebro con optimismo quimérico que mi curruña de altibajos, Henry Ramos Allup, no haya salido del País con el propósito encubierto de buscar la pipa que dejó olvidada Rómulo Betancourt en Nueva York. Lo veríamos pipar lanzando volutas escalofriantes sin el conjunto musical que ahora posee para nuestro bien. A veces me siento atribulado y divago como un marciano comiendo mierda de la buena con cara de arpegio que no se ríe con nadie, porque desde ése día de las elecciones indefinidas, desconfío de todo ser humano y, padezco de miedo súbito ante el espejo, porque cada vez que me asomo a él me veo como si fuera Julio Borges, tenor de la desolación de operas burdas sin orquesta en teatros vacíos de esperanza.



Antes, aún sin perderme de los sobresaltos de la enmienda, yo era un servil rezador de letanías a mi futuro San Jorge antes de acostarme y conciliar el sueño y, hoy, dentro de esa avalancha de martirios me he vuelto noctámbulo. El rosario de la angustia es el ángel de mi guarda y, cuando lloro no sé si río. Ando de escapulario ajeno a la deriva, aferrado a los no de la intransigencia y de mi perdición.



A veces cuando despierto de un mal sueño: defeco muchos gritos que me configura una realidad inquietante como un personaje de Kafka me metamorfoseo, pareciéndome a Ismael García aguantándole una serie de cogotazos a Alberto Federico Ravell por bruto desleal y, eso me hunde en un averno de espanto.



Ruego al que quiera auxiliarme que rece por mi compasión con una mínima cantidad limitada y definida de padre nuestro por la pasividad de mis inquietudes espirituales que, flotan sin salvavida en la política sin rumbo de la ultraderecha venezolana y me ahogo de miedo acumulado al no saber ni imaginar hasta cuándo va a estar Chávez en el coroto.



No se rían de mí que su risa me da cosquillas de ultraje y pierdo el equilibrio de la sobriedad de apátrida comprometido con su bandera negra de la dependencia que dejará de ondear, porque he puesto en venta los enseres de la casa, antes que vengan por ella a quitármela los castro comunistas y se la lleven para Cuba.



Loco no estoy, posiblemente, trastornado por el basurero mediático que anda en mi cabeza, razón por la cual, vacuné a mis cuatro hijos contra el sarampión de la patria potestad para que no me los quite el Estado.



Por ésas y muchas cosas más no sé qué hacer con Chávez y la espada de Bolívar que camina por América Latina.


estebanrr2008@hotmail.com


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Esteban Rojas


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