Titulares y dilemas escuálidos

Cuando los medios privados se refieren a alguna actividad realizada por personas afectas al gobierno, y en particular cuando se trata de algo que consideran criticable, los califican como “del oficialismo”. En cambio, cuando se trata de movilizaciones de grupos opositores, por más que sean exiguas, como suele suceder, generalizan de manera tal que transmiten la falsa imagen de que todo el pueblo está contra el gobierno, y que la derecha en este país es una franca mayoría, usurpada por un “dictador izquierdista”. Por supuesto, ésa es la versión que transmiten cotidianamente a todas partes las empresas transnacionales de radio y TV, controladas desde los grandes centros del poder capitalista mundial.

Hoy por ejemplo, la página web de Globovisión afirmaba que “Organizaciones juveniles expresan su preocupación por el paquete habilitante”. Ésa es la forma típica de elaborar titulares que usan los medios opositores. No son capaces de precisar que se trata de organizaciones juveniles de derecha, sino que generalizan para confundir y hacer creer que ese puñito de jóvenes reunidos en el Ateneo de Caracas, que objetó  las leyes sin citar un solo artículo, representa a todos los estudiantes del país. A veces abusan más y califican a los grupos estudiantiles violentos liderados por Goicochea, como “el movimiento estudiantil”, como si fuera el único, y como si ese sujeto, que fue incapaz de articular algún discurso coherente cuando la Asamblea Nacional le brindó la insólita oportunidad de dirigirse a todo el país, pudiera realmente ser guía para la enorme masa de estudiantes universitarios que ahora tenemos en Venezuela, después que el actual gobierno amplió la red de instituciones universitarias y facilitó el acceso a través de las misiones educativas. Un mínimo de seriedad periodística exigiría calificar al tal movimiento estudiantil como lo que es: un grupo fascistoide.    

Nada más lejos de la realidad que los enunciados de los medios escuálidos, pero como muchos venezolanos se conforman con leer solamente titulares, la manipulación rinde dividendos políticos. Así, se van propagando las creencias que a la oposición le interesa que se divulguen, en defensa de los intereses gringos que ella representa.

Pero conviene analizar por qué a la derecha no le gusta reconocerse como tal. Y es que en el fondo debe ser chocante para ellos mismos, identificarse públicamente como admiradores y alcahuetes del peor imperio que ha sufrido la humanidad, que ha invadido a innumerables países dentro y fuera del continente americano; que tortura y viola en Guantánamo; que ha destruido gran parte de las reliquias históricas de Iraq y ha asesinado a centenares de miles de sus habitantes, con el único interés de apoderarse de su petróleo y hacer el negocio del siglo para sus compañías transnacionales, en la reconstrucción de la ciudades bombardeadas; que tumba gobiernos legítimos para sustituirlos por otros, títeres y criminales como lo hizo con el de Allende; que ha provocado la división de países para poder manipular a sus anchas y que robó más de la mitad de su territorio a México, por sólo citar algunas de sus fechorías.

Debe darles vergüenza también reconocerse racistas sabiéndose mestizos, porque aunque su mentalidad sea pitiyanqui el fenotipo los delata. Debe darles pena su pobreza espiritual, su bajeza cuando se ríen de los pueblos indígenas que se alzan como el boliviano, mientras se autodenominan “cristianos”. Y peor aún, les debe dar náuseas tener que recurrir a tanta gente pobre y morena que habita en los cerros, la misma que según ellos infesta al Teatro Teresa Carreño, porque requieren de sus votos para poder aspirar a alcaldías y gobernaciones. Pobre gente los escuálidos, porque lo son del alma. 

(*) Profesor UCV

charifo1@yahoo.es



Esta nota ha sido leída aproximadamente 1957 veces.



Douglas Marín *


Visite el perfil de Douglas Marín para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes:

Comparte en las redes sociales


Síguenos en Facebook y Twitter



Douglas Marín

Douglas Marín

Más artículos de este autor