El guabinoso y aborrecido General baduel

No sea farsante señor Baduel, a usted no lo persigue, ni lo acosa nadie, lo está imputando la Fiscalía Militar, por ilícitos en su gestión como Min. PP. Defensa, donde se extraviaron un bojote de millardos de bolívares y lo citan para que explique a donde fueron a parar todos esos reales; pero usted en vez de comparecer a la convocatoria y explicar el destino de ese dinero, paró la cola, y salió volando a reunirse con sus compinches de partido el canal de TV. Globoterror, y apareció en pantalla y se puso a lanzar alaridos todo espelucado contra el Presidente Chávez, que si lo quieren matar, que si lo están persiguiendo, que si lo están acosando, que si lo quieren asesinar, que si lo van a poner preso, y otras estupideces que no vienen a cuento, no sea cínico general. El día de hoy 21 de los corrientes está llamando a los canales de TV, y dice que le hicieron un atentado, el tal atentado no existió, lo preparó usted general, Ravel y sus compinches de Podemos. No sea usted sinvergüenza general Baduel, nadie gasta pólvora en zamuro, cada ladrón juzga por su condición. Póngase a un lado del camino, usted es un cadáver ambulante al cual nadie toma en cuenta, hace tiempo que para el pueblo usted está más que muerto. Revísese señor general, nadie en su sano juicio quiere salir de usted por medios violentos y mucho menos el Presidente Constitucional de todos los venezolanos Hugo Chávez. Pero debe y tiene que aclarar donde están los millardos faltantes, y que alguien se robó.

Señor general: Tratare de explicarle en este artículo las mañas de un personaje mafioso, guabinoso y escurridizo como usted que, dice creer en las ciencias ocultas. “No es lo mismo saber lo que es una cosa por sí sola, o lo que puede ser en combinación con otras. La razón es fría, pero ve claro; darle calor y no ofuscar su claridad; las pasiones son ciegas, pero dan fuerza; darles dirección y aprovecharse de su fuerza. El entendimiento sometido a la verdad, la voluntad sometida a la moral, las pasiones sometidas al entendimiento y a la voluntad”.

Los actos prácticos del entendimiento son los que nos dirigen para obrar; lo que envuelve dos cuestiones: cuál es el fin que nos proponemos, y cuál es el mejor medio para alcanzarle. Nuestras acciones pueden ejercerse o sobre los objetos, o sobre lo que cae bajo el libre albedrío, y esto comprende el arreglo de nuestra conducta con respecto a nosotros mismos y a los demás, abarcando la moral, la urbanidad, la administración la política. A primera vista, parece que siempre que el hombre obra debe tener presente el fin que se propone, y no como quiera, sino de un modo bien claro, determinado, fijo. Usted, poco conocedor de sí mismo y de las circunstancias que lo rodean, sin formarse por lo común ideas bastante claras ni de la cualidad ni del alcance de sus fuerzas, creyéndose a veces más poderoso de lo que es en realidad, encuéntrase con mucha frecuencia dudoso, perplejo, sin saber ni adónde ha de ir. Y, no obstante, si nos es dable conocer a fondo su índole, su carácter, sus costumbres, su modo de ver las cosas, su forma de manejar los problemas comunes, su trato, su conversación, sus modales, sus relaciones de amistad o de familia, raro será que no descubramos muchas de las causas, si no todas, de las que contribuyeron a hacerle traidor. Las equivocaciones sobre esta materia suelen nacer de que fija la atención en un solo suceso que ha decidido usted señor general, sin reflexionar que el suceso o estaba preparado por otros o que sólo ha podido tener tan funesta influencia a causa de la situación en que se halla usted por sus errores, defectos o faltas.

¿Veis a ese hombre a quien miran con desvío o indiferencia sus antiguos amigos y compañeros, a quien profesa odio y rechazo el pueblo y que no se encuentra quien se interese por él? Si oímos la explicación en que el señor general señala las causas, éstas no son otras que la injusticia de sus ex –amigos, la envidia, el rencor, el resentimiento, que tiene contra ellos y que no puede ocultar por el resplandor del mérito ajeno, el egoísmo que no consiente el menor sacrificio ni aun a los que más obligación tenía de hacerlo, por amistad, por gratitud; en una palabra, el infeliz no es una víctima contra quien se han conjurado sus antiguos camaradas, obstinado en no reconocer el alto mérito y la virtud, de su compadre y camarada de ayer. Quizá no será difícil descubrirlo; quizá no sea difícil notar la vanidad insufrible, el carácter áspero, la petulancia, la maledicencia, que le habrán atraído el odio de los unos, el desvío de los otros, y que habrán acabado por dejarle en el aislamiento de que injustamente se lamenta.

En efecto; podrá ser mucha verdad que las causas de su desgracia, que en su concepción, tan superficial en su juicio, extremadamente ligero, en su discurrir especioso y sofístico, en su prurito de proyectar a la aventura, en la excesiva confianza en sí mismo, en el menosprecio de las observaciones ajenas, en la precipitación y osadía de su proceder, hallemos más que suficiente causa para haberse deslindado de su amigo y compadre, sin la desgracia, imprevista. Esta desgracia, lejos de ser puramente casual, habrá dependido de un orden de causas que estaban obrando hace largo tiempo, y la infidelidad contra el amigo no hubiera sido difícil evitar sus tristes consecuencias si el interesado hubiese procedido con más tiento en no abusar de la confianza que depositaron en él y en observar el uso que hacía de ella.

El entendimiento torcido del señor general, tiene la desgracia de verlo todo desde el punto de vista falso o inexacto o extravagante. En tal caso, no hay locura ni monomanía, la razón no puede decirse trastornada, y el buen sentido no considera a dichos hombres como faltos de juicio. Suelen distinguirse por la rapidez de percepción y de la facilidad de hilvanar raciocinios. Apenas juzgan de nada con acierto, y si alguna vez entran en el buen camino, bien pronto se apartan de él arrastrados por sus propios discursos. Sucede con frecuencia ver en sus razonamientos una hermosa perspectiva, que ellos toman por un verdadero y sólido edificio, el secreto está en que han dado por incontestable un hecho incierto, o dudoso, o inexacto, o enteramente falso, o han asentado como principio de eterna verdad una proposición gratuita, o tomado por realidad una hipótesis, y así han levantado un castillo, que no tiene otro defecto que estar en el aire. Impetuosos, precipitados, no haciendo caso de las reflexiones de cuantos los oyen, sin más guía que su torcida razón, llevados por su prurito de discurrir y hablar, arrastrados por decirlo así, en la turbia corriente de sus propias ideas y palabras, se olvidan completamente del punto de partida, no advirtiendo que todo cuanto edifican es puramente fantástico, por carecer de cimientos.

Desgraciado el mismo si en sus cosas se halla abandonado a su propia y exclusiva dirección. Las principales dotes de un buen entendimiento práctico son la madurez del juicio, el buen sentido, el tacto, y estas cualidades le faltan al señor general. Cuando se trata de llegar a la realidad es preciso no fijarse sólo en las ideas, sino pensar en los objetos, y usted se olvida siempre de los objetos y sólo se ocupa de su idea. Cuando usted se encuentra tratando un asunto con uno que adolezca de los defectos que acabo de describir, se halla en la mayor perplejidad. Lo que aquél ve claro, éste lo encuentra oscuro, lo que es el primero consideraba fuera de duda, el segundo lo mira como muy disputable. El juicioso plantea la cuestión de un modo que le parece muy natural y sencillo ; el caviloso lo mira de una manera diferente; diríase que son dos hombres de los cuales uno padece una especie de estrabismo intelectual, que desconcierta y confunde al que ve y mira bien. Reimpúlsese señor general, personalmente creo que usted para el Presidente Chávez es nadie.

Señor general usted escogió muy mal a sus socios, a saber: Ravel, Ismael, Didalco, Ramón Martínez y sus compinches de Podemos. Los sarnosos se juntan para rascarse.

Cito a Mario Briceño: “Por ahí andan enredados los traidorzuelos que miran sólo a complacer a los alquiladores de conciencias”.

Salud Camaradas Bolivarianos.

Hasta la Victoria Siempre.

Patria. Socialismo o Muerte.

¡Venceremos!

manueltaibo@cantv.net


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Manuel Taibo


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