A esos dos sensatos oposicionistas

Sí me hieren los oídos los gritos de los aplastados y excluidos bajo las ruedas del progreso económico, las explosiones de cólera y desesperación de los que gimen bajo la máquina del capitalismo-monopolista, usurero y explotador, más que los eructos de hartazgo de los beneficiados; sí me parece mil veces más elocuente un Marx que el aparatoso genocida de Bush o el inquisidor Obispo Porras o el idílico filosofo del Zulia, la culpa será de éste mi espíritu, cuyo oído se abre más a las voces del dolor que a las del placer. Dejemos la parte doctrinal, que nos llevaría muy lejos, dejemos el lastimoso desconocimiento que de lo que es el socialismo revela el oposicionismo al confundirlo con el comunismo, dejemos todo aquel idilio que desarrolla toda aquella lucha por la vida en que se olvida la asociación para la lucha que somete al fuerte a muchos débiles, dejemos la inoportuna aplicación de la ley del desequilibrio, cuando se trata de hipertrofias debidas a diferenciación morbosa de tejidos, y sobre todo, pasemos por el fondo del sofisma, la equivocada idea del determinismo social, el tomar las leyes que rigen nuestra sociedad actual, víctimas del estado burocrático, por leyes eternas e inmutables, quede, en fin, todo ese bagaje de metáforas y analogías, que ya ni pinchan ni cortan, en la lucha resonante de los ideales sociales. Estamos seguros de que sí el oposicionismo, que dicen revelar, una grandísima buena fe y un sincero y hondo convencimiento de lo que dicen, tuvieran para estudiar y meditar más despacio la cuestión social, adoptarían respecto a ésta otra posición muy distinta; a la que van adoptando no pocos de sus correligionarios políticos.

Es un síntoma más de los enemigos implacables, de los oposicionistas venezolanos a la construcción de los ideales socialistas, enemigos bajo la cual se oculta, consciente o inconscientemente, contra un movimiento que les arrebata seguidores y carne de cañón y, sobre todo, hace ver cómo en el fondo no gana más el pueblo con el socialismo, tal como hoy está demostrado. Este es un utopista, dicen los oposicionistas, como eran utopistas los que hace tiempo pedían lo que hoy han obtenido los que tienen a todas horas en la boca la palabra utopía. Derechos individuales, sufragio..., todo eso no son más que medios que volverse contra los fines de muchos de los que por su consecución han peleado, y que procuran por todos los medios aprovecharlos como instrumentos. Es claro como la luz que no se puede pedir un programa de gestión de gobierno en el sentido en que el oposicionismo lo ha tomado. Las cosas van mal para el oposicionismo, en que la democrática libertad de la palabra es ahogada hipócritamente por la monserga de los procedimientos y trampas, el “está tratado”, la “cuestión previa”, y toda esa verborrea al uso de los políticos de oficio y de los leguleyos.

Y acaso se deba saber también que los órganos de los partidos, los pretendidos voceros de su pretendida opinión, suelen ser no pocas veces órganos y voceros de los intereses de los que los pagan y sostienen. Es la realidad de infinita complicación, por completo imprevisibles los sucesos que puede traernos, y es cosa que enseña la experiencia que los planes bien detallados y minuciosamente puntualizados más dañan que aprovechan. Sí; es indudable que entiende mejor sus intereses el que vende su voto a un agiotista que el que da su voto a una idea, y no a un hombre que sabe que lo va a esclavizar. La característica de estos vende patria, acaso la de todos, por lo menos es la sordidez, el vende patria es codicioso y avaro. La cosa es dar con el precio ¿Hay locura mayor que dar el voto a uno que nos explotará? La meta de los oposicionistas de la “democracia social” o “democracia condicionada” o social imperialista dicen. La cuestión es sacar un representante: si con ello nos apoderamos del poder, si se atropella por todo, si se lesiona la moralidad, importa poco. Vale más un triunfo por la violencia o la falsía que una derrota honrosa. Eso de la honra es cosa de utopistas; con ella ni se come ni se sube al poder. Y ¡es claro!, el poder es todo.

Pero esos Don Sensatos oposicionistas, personas de “fecundo talento” con una perseverante aplicación, y hombres preocupados con lo que se llama “cuestión social”, han pensado seguramente alguna vez en la suerte del Pueblo Pobre y Oprimido, han pensado en Viviendas Económicas, en Educación Igualitaria y Gratuita para Todos, desde la Inicial hasta la Universitaria, en la Socialización del Servicio de Salud, en Suministrar Insumos para la Alimentación diaria y a Bajos Precios para todos, en abrir fuentes de trabajo a través de la creación de Empresas de Producción Social, en toda la clase de medios para aliviar y mejorar su calidad de vida; pero acaso no hayan visto que al buscar el bienestar del pueblo llano y pedir, por otra parte, protección a favor exclusivo de la Oligarquía, quieren unir dos entes acaso antitéticas. ¿Sí en él encarece la vida metiendo a los poderosos en rutas de fausto y lujo, nos quita a los pobres con una mano lo que con otra quiere dar? Todos conocemos la triste realidad que ha seguido a aquellas ilusiones en tiempos del punto-fijismo, y el pueblo marginado más que nadie. Míseras leyes, resultados mezquinos de aquel inmenso engranaje de teorías anunciadas con tanta erudición y pompa; el ensayo ha sido fatal. El capital va concentrándose, combinándose, formando asociaciones, dejando de combatir entre sí para formar un solo ejército que combata por el mayor dividendo posible, en pro del mantenimiento del interés. Muy bien, pero vamos a ver, ¿en qué se opone a que no sólo se conserve, sino que se perfeccione el hombre la conversión de propiedad individual en colectiva de los medios de producción social?

A los pollitos universitarios de “manitos blancas”, les digo, os la están pegando, que no les quepa duda alguna. No hay nada de todo eso que os han dicho los jesuitas de la UCAB, los Rectores de las Universidades Autónomas, y los dirigentes de los partidos del Pacto de Punto Fijo y sus apéndices que es el socialismo. Todo eso es erudición libresca vacía y mal digerida. ¡Sí supieran lo que es el socialismo esos chicos a quienes les hacen creer que cultivan literatura socialista!... ¡Si se enteraran de lo que pasa las ratas de redacciones! Porque hay ratas de redacción, como las hay de biblioteca... El socialismo no es una cosa así como el dogma católico que tiene sus sagradas escrituras invariables y siempre las mismas. Y esta acusación ¿acusación? De que se entremete la política en las luchas económicas entre el capital y el pueblo, esta ridícula acusación ¿acusación? Estos jesuitas inconcientes, por medio de los estudiantes “manitos blancas”, intentan dirigir al oposicionismo contra la política económica, nacionalista y anti-imperialista, y contra los oligopolios de la oligarquía que implementa el Gobierno Revolucionario. Que la protesta es política... ¡Naturalmente que lo es! El catolicismo es político; lo es y debe ser. Esos pobres jesuitas inconcientes sacan en seguida en estos casos el Cristo y hablan del Evangelio, como si el Cristo y el Evangelio no les cogieran ya bastante lejos a la Iglesia Católica y al catolicismo. Y aun Cristo y el Evangelio son también políticos... Querer separar la religión de la política es una locura tan grande o mayor que la de la de querer separar la economía de la política. No ya el catolicismo, sino el cristianismo y toda religión, tiene que ser política. Es torpeza, la de querer trazar a la política un campo restringido. La política no es una especialidad; la política es una forma de concebir, plantear y resolver todo problema. La política es una envolvente de todo problema público. Hay política económica, política religiosa, política sanitaria, política cultural, las grandes cuestiones humanas en una democracia.

En Venezuela hay personas, instintos y clases privilegiadas, que resisten mientras pueden el avance del pueblo a la conquista de sus derechos. Todas estas clases, sabiendo que en un régimen sinceramente socialista serían arrollados por el pueblo; pero como el salto les pareció brusco, oponen a la soberanía de éste como poder moderado y principio de orden, su poder económico y el chantaje de productos de primera necesidad, y nos ofrecen su “democracia social” o “representativa condicional”, que nadie conoce, ni sabe como se come eso. Sería la ruina más completa de la patria el que continuaran apareciendo como los heraldos del patriotismo los que se disponen acaso a repetir los procedimientos que nos llevarán a nuevas mutilaciones de la nación; cuando se ve que no se quiere llegar a la raíz del mal, entonces, frente a los que, movidos por resorte automático, obrando, pero no sintiendo, repiten: hay que decir la verdad y repetirla siempre, repetirla. En esencia, esta cuestión sólo se podrá resolver por un abierto conflicto de fuerzas. Por encima de la voluntad del pueblo no hay más que la Constitución, aceptada por el mismo pueblo, pero aceptada libremente por votación popular. En esa lucha para seguir reformando el sistema social excluyente, participarán por un lado la oligarquía apoyada por el imperialismo y por otro el pueblo en defensa de la justicia social. ¡Estáis sobrecogidos de horror porque queremos abolir la propiedad privada! Pero en vuestra sociedad actual la propiedad privada está abolida para las nueve décimas partes de sus miembros. Precisamente porque no existe para esas nueve décimas partes existe para vosotros. Nos reprocháis, pues, el querer abolir una forma de propiedad que no puede existir sino a condición de que la inmensa mayoría de la sociedad sea privada de propiedad.

Una y mil veces, y a todas horas, y en todos lugares, y con toda ocasión, hay que estar repitiendo y volviendo a repetir, en todos los tonos, que el origen de la mayor parte de los errores en que cae el Proceso Revolucionario en cuestiones sociales depende de suponer que mientras cambia una institución cardinal o una relación social cualquiera, permanecen las demás sin cambio esencial. La sociedad es un organismo muy complicado y complejo, en que gran variedad de factores viven en relación mutua, de coordinación y subordinación. Pero... ¿a que hablar de justicia? Lo que tiene que venir, vendrá. A los que trabajamos y no gozamos del fruto de nuestro trabajo, nos toca provocar el advenimiento de lo inevitable.

Salud Camaradas.

Con Chávez Todo, sin Chávez Nada.

Hasta la Victoria Siempre.

Patria, Socialismo o Muerte.

¡Venceremos!

manueltaibo@cantv.net


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Manuel Taibo


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