Los gringos, los medios, los sifrinitos y la revolución

En Venezuela un grupo de estudiantes de clase media y media alta,
provenientes, en su mayoría de costosas universidades privadas, se ha
mantenido en la calle durante las tres últimas semanas, protestando por
supuestas violaciones a la libertad de expresión. La no renovación de la
concesión a un canal de televisión (RCTV) es el principal argumento que
esgrimen, en defensa de su tesis, quienes protestan.

Llama la atención la intensa campaña mediática a favor de las protestas y
la promoción de las mismas; pues hasta la llegada de Hugo Chávez al
poder, las luchas estudiantiles fueron reprimidas y descalificadas por
unos medios de comunicación que mostraban a los estudiantes como
revoltosos, violentos y violadores de la paz ciudadana. Cientos de
jóvenes fueron asesinados por los gobiernos que precedieron al de Chávez
y sus muertes fueron descaradamente silenciadas por los mismos medios que
ahora los invitan a entrevistas en sus estudios de televisión, le dedican
centenares de líneas en periódicos y revistas, y los presentan ante la
opinión pública como los héroes del momento.

¿Rectificaron los dueños de medios? ¿Entendieron repentinamente la
importancia de las luchas estudiantiles? ¿Llegó la democracia a los
medios y con ello la oportunidad para que todos los sectores de la
sociedad se expresen?
Es innegable que la mayoría del pueblo venezolano no le daría respuesta
positiva a ninguna de esas interrogantes. Eso queda de manifiesto en el
respaldo irrestricto a la decisión gubernamental de no renovar la
concesión a RCTV y en el hecho de que ese pueblo no pierde oportunidad
de exigirle al primer mandatario, que haga lo mismo con otras plantas
televisivas que abiertamente promueven la desestabilización política.

En Venezuela, como en la mayoría de los países del mundo los medios de
comunicación están en manos de grupos de poder con intereses económicos,
políticos y sociales bien definidos. Esos intereses son precisamente los
que los mantienen enfrentados a un gobierno de declarada concepción
socialista, y los impulsan a manejar la información con el objetivo de
romper la estrecha vinculación que existe entre Hugo Chávez y su pueblo.

Lamentablemente, para ellos, tras ocho años de revolución, ya no es
posible manipular a una población que ha dado pasos gigantescos en
conciencia política y revolucionaria.

El mejor ejemplo de esto lo encontramos en los hechos ocurridos en abril
de 2002. Los medios de comunicación formaron parte de un golpe de estado
que derrocó al Presidente y lo mostró como el responsable de decenas de
asesinatos a inocentes.

El pueblo intuyó que se trataba de una manipulación de la oligarquía y
sus medios, y se lanzó a la calle, en millones, a rescatar a su líder. No
necesitaron ser convocados por nadie, no los intimidó la represión y no
los desanimó el que su reacción fuera ocultada por los medios… Sabían lo
que tenían que hacer y lo hicieron.

Pero, ¿Por qué, si no tienen oportunidad de manipular al pueblo, los
dueños de medios insisten en su estrategia, perdiendo con ello audiencia
o lectores?

La respuesta es que lo interno trabajan por mantener motivados a sus
seguidores, a luchar contra un gobierno que no está dispuesto a defender
los privilegios y las cuotas de poder de quienes por siempre gobernaron
el país. Esperan mantener la conflictividad a la espera de una
oportunidad que les permita lanzarse al asalto. Mas su interés primordial
es la opinión pública mundial. Cipayos como siempre han sido del imperio
norteamericano, contribuyen con éste en su lucha por destruir el ejemplo
y la esperanza que la Revolución Bolivariana siembra en los pueblos
pobres y oprimidos.

Están conscientes de que los pueblos del mundo, especialmente el que los
gringos consideran su patio trasero, se preguntan ¿Por qué en Venezuela
los ricos pagan impuestos? ¿Por qué si pueden ser dueños de su petróleo,
del gas, del agua, de las petroquímicas? ¿Por qué los campesinos están
recibiendo tierras, créditos y asistencia? ¿Por qué se abren tantas
universidades? ¿Por qué los niños reciben comida en las escuelas? ¿Por
qué hay médicos en los barrios? ¿Por qué hay más de 800 nuevos centros de
asistencia médica? ¿Por qué le dan al pueblo las medicinas de forma
gratuita? ¿Por qué invierten tanto en el deporte? ¿Por qué los ancianos
reciben una pensión digna? ¿Por qué crean una red de mercados populares?
No tienen como dar respuestas a esas interrogantes, por ello actúan de la
forma que ya hemos expuesto. Manipulan para presentar al gobierno
venezolano como un gobierno dictatorial y represivo, con la esperanza de
confundir a los pueblos que sueñan con justicia y libertad.

Hasta ahora, no han logrado detener el avance de la Revolución
Bolivariana, pero lo seguirán intentando. La lucha recién comienza, pero
el pueblo heredero de Bolívar sabe que tiene que esforzarse por hacer
realidad su principal consigna: ¡No Volverán!



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Alexis Arellano


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