Rescatemos los otro cuatro millones

Hermosa, contundente y limpia la victoria obtenida por el comandante de la esperanza, el comandante de los sueños, el comandante del amor, el comandante de la patria… mi comandante.
Poco pudo hacer para evitar el triunfo, la campaña de descrédito, temor y odio que desataron unos medios que desde hace rato tomaron el camino de la mentira y lanzaron al cesto lo poco que alguna vez tuvieron de ética.

Esta victoria es una nueva demostración de que la mayoría del pueblo venezolano es inmune a las manipulaciones de Globovisión, RCTV, El Nacional y El Universal. Sin embargo, hay una significativa parte del pueblo venezolano, cuya voluntad y sentimientos son manipulados a placer por una maquinaria propagandística que durante el último medio siglo, sólo sirvió para sembrar antivalores y justificar el accionar de una oligarquía, que empobreció vilmente a la mayoría de nuestros compatriotas y nos puso, para deshonra de nuestros libertadores, al servicio de un imperio.
Por ellos, por esos cuatro millones de compatriotas, tenemos que hacer algo. No podemos, en nombre de la revolución echarlos del país, ni abandonarlos en las manos de quienes han manipulado a placer sus miedos; para a partir de ellos, llenarlos de odio.

Más que enemigos de esta revolución; son víctimas de la contrarrevolución. Yo los he visto, en un acto similar al haraquiri, protestar para que no les den clases a sus hijos y negarse a recibir asistencia de los médicos de Barrio Adentro, a pesar de necesitarla.
No podemos ser indiferentes ante el odio que les han sembrado en el alma y que ellos transmiten a sus niños. Necesario es que busquemos caminos para rescatarlos de las garras de una casta que los utiliza a placer, en su intento de retomar el poder.

Hay que hacerles entender que Estados Unidos puede seguir siendo nuestro mejor cliente; pero jamás podrá ser nuevamente el dueño de nuestro destino. Debemos trabajar para que comprendan que no puede haber justicia, ni paz mientras haya hambrientos y excluidos.
Sólo cuando entiendan que el individualismo no es la vía para la felicidad de un pueblo y que el derecho a la vida, al trabajo, a la salud y a la educación está por encima de los principios del libre mercado; habremos construido la patria que soñaron nuestros libertadores.

Sobre como lograr esto hay que dar una profunda discusión, pero es obvio que el camino debe comenzar a andarse a partir de la eliminación de la fuente de odio y manipulación.
No puede seguir el Estado venezolano permitiendo que el alma de nuestro pueblo sea envenenada por los dueños de cinco medios de comunicación. Los derechos o los intereses de ese pequeño grupo no pueden estar por encima del derecho a la salud y a la paz de millones de seres humanos.
No hay un país en el mundo en el que los medios de comunicación actúen de la forma impune como lo hacen en Venezuela. Múltiples son las razones que tiene el Estado para quitarle las concesiones a los dueños de las plantas televisivas. Si algunos las han olvidado, puedo recordarles como se involucraron en un golpe de estado, como apoyaron el sabotaje petrolero, como promovieron la violencia, como ofendieron al pueblo humilde, como incitaron la agresión de funcionarios públicos; como irrespetaron a las autoridades; como se involucraron en asesinatos, como calumniaron a ciudadanos y como evadieron impuestos.

Debe, pues, el Estado venezolano, dar el primer paso para rescatar esos cuatro millones de compatriotas. Nosotros, por nuestra parte, debemos también aportar. Tenemos que ser humildes en la victoria y brindarle oportunidades para que reflexionen y puedan disfrutar de lo hermoso que es construir una patria digna y justa.
No podemos seguir cometiendo el error de marginarlos y cerrarles las puertas. Si alguno de nosotros nació revolucionario que lance la primera piedra; pero si no, que comprenda que así como nos hicimos revolucionarios en el camino, otros pueden hacerlo.
No pido que pequemos de ingenuos y aceptemos, por ejemplo, que mañana Leopoldo López pretenda incorporarse a nuestras filas como un líder revolucionario; pero el pueblo llano, esos jóvenes confundidos y manipulados tienen derecho a rectificar.
La revolución se hará más fuerte e irreversible en la misma medida en que el pueblo crezca en conciencia. Por ello es tarea revolucionaria sumar con sus enseñanzas, con ejemplo y con amor.
Vamos pues, A rescatar las concesiones televisivas y a salvar a nuestros compatriotas.


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Alexis Arellano


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