El "error" de Duque, la falsificación de la historia y la "transición" venezolana

Causó gran revuelo un mensaje publicado por el presidente de Colombia en el que agradece a los padres fundadores norteamericanos la "crucial" ayuda que –según el mandatario- prestaron aquellos para la independencia de Colombia.

Luego de eso han salido innumerables pronunciamientos, no solo de figuras políticas, también de intelectuales y personajes de otros ámbitos del quehacer humano, así como los comentarios que usuarios de redes digitales hicieron mofándose de esa "pifia histórica" o en algunos casos, apoyándola.

Personalmente no creo que el tipo haya puesto ese mensaje en twitter porque es un ignorante (aunque en el fondo probablemente lo sea).

Ese tipo de mensajes tiene una clara intencionalidad política y también cultural; y está en perfecta sintonía con los planes para el rescate de la hegemonía norteamericana en América Latina. Cuando el presidente de un país, que además fue el desvelo de Simón Bolívar en su proyecto político, agradece su independencia a su natural y comprobado enemigo histórico, es porque tiene que lavar la imagen negativa que tradicionalmente han tenido los EEUU en América latina; y debe hacerlo porque el país en cuestión es la principal cabeza de playa que el imperialismo norteamericano tiene en América Latina.

Entonces no es casual que el presidente colombiano haya salido con un mensaje como el que publicó en twitter y que su presidenta lo secunde; tampoco es aislado ni secundario que ningún "líder" de la oposición política venezolana critique a su aliado, no tanto por las simpatías políticas que existen entre ellos (y que en esos caso aplica aquello de "entre bomberos no se pisan la manguera), sino que a esta oposición también les interesa lavar la pésima imagen que los EEUU tienen en el seno de la población y que rechazan además la abierta y descarada intromisión en nuestros asuntos internos.

Esta "operación de marketing" busca fundamentalmente dos cosas, por un lado legitimar la intervención política, económica y –de ser necesario- militar de los EEUU en nuestro país y en general en América Latina, pero por otro ir preparando a la opinión pública latinoamericana a la desaparición del chavismo como sujeto político (en el caso de Venezuela, mientras en caso de América Latina grupos políticos de izquierda, como pasa en Colombia, Honduras o Chile y como va a suceder en Brasil si Bolsonaro cumple lo que prometió). En Venezuela esto ya ha venido siendo realizado desde hace años y vimos uno de sus picos de mayor paroxismo, durante las sádicas guarimbas desatadas por la oposición durante 2017.

Para nadie es un secreto que quien ha reivindicado la figura del libertador y su carácter antiimperialista, en el estos últimos años, fue el chavismo. Entonces de alguna u otra manera, hablar de Simón Bolívar, es hablar al mismo tiempo de Chávez y todo lo que este último nombre implica; borrar o minimizar la figura del libertador, también borra o minimiza la figura del chavismo en la escena política venezolana y latinoamericana.

Hoy en Venezuela ya no contamos con una escenario de violencia sectaria en la calle, pero si tenemos la ofensiva de 13 o 15 majaderos, encabezados por el cartel de lima cuyo último comunicado no solo es un monumento a la falsificación descarada de la historia, de nuestra soberanía de una nación y una agresión a cualquier tipo de cortesía diplomática; sino a la legitimación de la violación de nuestros pueblos; todo bajo el bello y aséptico pretexto de la libertad y la defensa de los Derechos Humanos.

Por eso el flamante y desconocido nuevo presidente de la Asamblea Nacional (un tan Guaidó, se apellida), también puso algo de su parte, cuando –al igual que Duque, aunque sin necesidad de falsificar la historia- le agradece a su amo los 15 minutos de fama que le han concedido en esta etapa del conflicto interno venezolano.

Tales muestras de "agradecimiento" responden totalmente a los objetivos planteados párrafos atrás.

Entonces tenemos una clase política desesperada por satisfacer los intereses establecidos en la agenda norteamericana para la región, pero ese propósito choca con la propia naturaleza de esa clase política que, en el caso venezolano se ha visto imposibilitada de acceder al poder por su propia torpeza política y por el desafío que el mismo chavismo le ha planteado como sujeto político; mientras que en los países donde ha obtenido éxito en el control del gobierno, la situación creada por las políticas aplicadas han generado enorme malestar entre la población y las consecuencias pueden resultar impredecibles para la estabilidad de la agenda de neocolonización que los norteamericanos vienen imponiendo desde 2012.

En todo caso, por el tono del comunicado del cartel de lima, por la inestabilidad de gobiernos que fueron expuestos como "ejemplo" para la región, pero que están haciendo aguas (como el de Macri en Argentina), por la fortaleza que exhibe la ofensiva económica china y por la propia crisis interna norteamericana (que la han sabido disimular relativamente bien), la derrota del chavismo en Venezuela es un objetivo estratégico necesario y para ello se requiere falsificar la historia, porque además del objetico político hay un elemento cultural detrás de dicha jugada.

Sin embargo, por más que lo intenten, siempre recordaremos frases contundentes de nuestro padre fundador, Simón Bolívar, como ésta: "Jamás conducta ha sido más infame que la de los norteamericanos con nosotros: ya ven decidida la suerte de las cosas y con protestas y ofertas, quien sabe si falsas, nos quieren lisonjear para intimar a los españoles y hacerles entrar en sus intereses…no nos dejemos alucinar con apariencias vanas; sepamos bien lo que debemos hacer y lo que debemos parecer". Carta a José Rafael Revenga. 25MAY1820.



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Neftalí Reyes


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