El manido discurso de Rosales

Definitivamente, el discurso de Rosales deambula entre una descarada demagogia y la total ausencia de contenido, matizado con la falta de seriedad. Más allá de la baja elaboración del lenguaje y una dicción excesivamente pobre, el mensaje trasluce una estela de mentiras y promesas demagógicas que rayan en el ridículo. Refleja una extrema carencia de iniciativa, imaginación y una total incapacidad para interpretar el país, el momento histórico que vivimos y las expectativas sociopolíticas del Venezolano. Resulta un discurso vacío e irresponsable.

Una simple revisión de los planteamientos del heredero de la cúpula Adeca, nos permite desnudar la demagogia mas descarada en la historia política del país. La promesa de utilizar un porcentaje (30 ó 40%) de los ingresos petroleros para financiar una tarjeta de debito que se entregaría a cada Venezolano en situación pobreza para percibir un millón de bolívares mensuales sin necesidad de trabajar, resulta una mentira descarada y una promesa estruendosamente demagógica. La pretendida “Negra” se evidencia como un programa que niega la necesidad del trabajo productivo y creador para convertirnos en un país de holgazanes financiados por el petróleo.

Con el planteamiento de “Mi Negra”, Rosales subestima la inteligencia del Venezolano porque cualquiera puede percibir que se trata de una vulgar promesa electoral que resulta, financieramente, imposible de cumplir. Además niega la capacidad productiva, innovadora y el apego al trabajo creador como valor social fundamental en un país que busca los cambios necesarios para construir sociedad Democrática, Participativa y Protagónica.

Otro elemento que demuestra la falta de seriedad del candidato de la oposición es su respuesta al problema de la inseguridad ciudadana y la violencia como problema de salud pública. Ofrecer 5 millones de bolívares para cada persona que entregue un arma, como solución a la inseguridad ciudadana resulta risible y pone en evidencia la incapacidad de Rosales para comprender los grandes problemas del país y buscar formulas que permiten encontrar soluciones en el marco de la democracia con la participación activa de los ciudadanos.

La inseguridad ciudadana y la violencia social son el resultado del deterioro económico, social, político, cultural y la inversión de valores que han convertido a Venezuela en una sociedad para el temor y la agresión. Como tal, requiere un tratamiento integral que incluye la educación, el empleo productivo y estable, la participación ciudadana y medios de comunicación dedicados a la formación ciudadana y no al fomento de la violencia. A quién se le ocurre presentar como Política de Estado el pago de 5 millones de bolívares a cada delincuente o ciudadano común que entregue un arma. Con este planteamiento el heredero de la cúpula Adeca desvistió su miserable visión del país y se exhibió a plenitud del ridículo.

Rosales alcanzó el clímax de su ataque de demagogia cuando anunció el Programa “Arturo Uslar Prieti” que consiste en garantizar la inscripción de todos los bachilleres sin cupo en las universidades privadas. Lo cual se puede interpretar como una seria amenaza contra las universidades públicas y el transito hacía la privatización de la educación superior. Es una discreta forma de negar la gratuidad de la educación y el desconocimiento de proyectos educativos exitosos como la Universidad Bolivariana y la Misión Sucre que permitieron la democratización del ingreso a la Educación Superior y la desaparición de los Comités Pro-cupo.

En Guayana Rosales ofreció que convertiría a los trabajadores en accionistas mayoritarios de las Empresas Básicas. Demostrando su ignorancia sobre el proceso de organización, producción y participación que se desarrolla en distintas factorías y al mismo tiempo poniendo de manifiesto su incapacidad para comprender la esencia de nuevas formas asociativas que sustentan una profunda transformación dirigida a construir un modelo de Economía Social. Rosales desconoce los principios de la Cogestión, el Control Obrero y los Programas de Participación Laboral.

El discurso de Rosales con sus desvaríos, su precariedad interpretativa, el bajo nivel de elaboración del lenguaje, su descarada demagogia y su incapacidad manifiesta sirven para demostrar la debilidad de una oposición que sigue naufragando en la incoherencia y la carencia de un liderazgo serio y comprometido con la Democracia.

Rosales, con su discurso vacío e intrascendente, constituyen el mejor ejemplo de una oposición derrotada, históricamente derrotada. Una oposición que se prepara para seguir por el atajo antidemocrático y obedecer la pauta que le ordena el Gobierno Norteamericano convertido en financista y mecenas de un discurso vergonzoso. Un discurso contra la Patria…







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Darío Morandy


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