Sancocho de candidatos

Aunque parezca un contrasentido, la mala suerte de Rosales es haber tenido la suerte de ser un candidato que surge de un caño de aguas profundas con olor a azufre. Nombrado a dedo y de manera antidemocrática por el trío oligárquico conocido como BOROTEO (Borges-Ojeda-Teodoro), el candidato asume como el verdadero mosquetero y más grande paladín de la libertad y la constitucionalidad, a pesar de que no le tembló el pulso a la hora de firmar el acta de defunción de la democracia venezolana en abril de 2002.

Recordemos que tampoco salio electo de ese sancocho primario que era Súmate, sino que fue sacado de la olla apenas William Ojeda empezaba a soplar el candelero. A la primera seña de los guisanderos y rezanderos, fue servido en plato de peltre en la mesa electoral. Y allí está, enfriándose cada vez más. Esa mala suerte parece una sombra que sin miedo se atreve a acompañarle a todas partes. ¿Será por eso que nadie de su gabinete de sombra le acompaña? ¿O será que sus principales impulsores están esperando que soplen los vientos del norte para pescar en río revuelto? Bueno, de todas maneras hay que estar alerta y tener lista la red para evitar que el crustáceo imperial vuelva turbia el agua cristalina de democracia bolivariana.

Como ya lo dijimos, el bacalao de agua dulce, traído de las ciénagas mismas del gran lago, fue servido en la mesa electoral con bombos y platillos; sin embargo, a pesar de haber ofrecido peras al ¡horno! como postre principal, muchos comensales se dieron cuenta que ese pescado no tiene agallas y le falta sazón y, sin pensarlo dos veces, se fueron en avalancha para el otro sancocho de pechuga que montaba “er conde”. Allí comieron y bebieron por unos días hasta que también se dieron cuenta que no eran verdaderas pechugas, sino trozos de machuelo y macabí traídos de las riberas del neverí, río de remolinos tranquilos y peligrosos, que parte en dos a mi querida y siempre recordada Barcelona, allá en el estado Anzoátegui.

Cada río tiene su historia y sus misterios siempre cabalgan en las corrientes eternas, por ello debe ser conocido y respetado, inclusive los peces deben conocerlo muy bien para no morir ahogados en sus remolinos ocultos. Igualmente, cada elección tiene sus verdades y sus dinámicas, por ello el discurso político debe y tiene que ser coherente. Quien no sabe pescar no debe lanzar el anzuelo, ni mucho menos ponerse a organizar sancochos, porque al final pudiera terminar como una verdadera sopa: derrotado y hundido en lo más profundo de la olla.

Constituye una auténtica irresponsabilidad de todos aquellos que están creando falsas expectativas en torno a una candidatura que viene envuelta en papel periódico rellena de carburo con azufre. Aunque si bien en cierto que las campañas electorales son un caldo de cultivo para las falsas promesas, también son la oportunidad para presentar propuestas que permitan al electorado escoger entre las ofertas electorales presentadas.

Finalmente, les decimos a todos esos pescadores de agua dulce, que ya millones de venezolanos le renovamos la licencia a ese gran marinero, que es Hugo Chávez, para que conduzca el barco de la República hasta los confines de la patria grande, donde habrá peces en abundancia para esta tripulación, que somos todos, y las tripulaciones futuras compuestas por los hijos de nuestros hijos.
*Politólogo
Email: eduardojm51@Yahoo.es


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Eduardo Marapacuto*


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