Manuel, un buen candidato adeco

Entre los candidatos adecos a la presidencia de la república, a lo largo de los últimos cincuenta años, hay algunos inolvidables. El borrachito aquel llamado Jaime Lusinchi, por ejemplo, quedó por siempre como un recuerdo triste del poco valor que en el partido blanco le dan a los principios éticos y morales. No en balde fueron los creadores de la filosofía del “a mi no me den, pónganme donde hay”.
Luis Piñerúa fue otro de los casos que dejó en evidencia lo poco que le importaba al “adecaje” la preparación intelectual de sus líderes y candidatos. Era tan incompetente aquel hombre que el insigne maestro Prieto Figueroa, llegó a afirmar que a duras penas había a aprendido a leer y a medio escribir; si es que podía llamarse escribir, a unos garabatos plagados de errores.

Algunos podrían intentar rebatir esto, afirmando que hubo intelectuales de la talla de Rómulo Gallegos en Acción Democrática, pero yo hago referencia a la casta de ineptos que se apoderó de ese partido después que asumieron el poder en 1958.
La zancadilla, el jalabolismo, el maletinazo y el compadrazgo practicado por grupos como los bachacos y la tribu fueron conformando la cultura del partido y definiendo la forma como en él se ascendía. Cualquier vía era válida para convertirse en secretario general o en candidato del partido, excepto aquellas que tenían que ver con el trabajo a favor del pueblo, la preparación académica o principios como la rectitud, la moral y la honestidad.

Esa forma de actuar minó la confianza y la credibilidad que, en el seno del pueblo venezolano, llegaron a tener los adecos. De ser “el partido de las mayorías” pasaron a ser un escuálido partido que ni siquiera pudo lanzar un candidato propio en las dos últimas elecciones presidenciales.
Pero los adecos no se rinden fácilmente. En pleno conocimiento de su minusvalía y de su previsible desaparición tras las últimas elecciones parlamentarias, buscaron ganar tiempo embarcándose en una campaña abstencionista. A ella arrastraron a los gafos de Primero Justicia, quienes a la postre resultaron los grandes perdedores.

El tiempo ganado, sumado a la inexperiencia y falta de cerebro que reina en el partido del este caraqueño, les dio la oportunidad de promover a un dirigente adeco como “el candidato unitario de la oposición” y el relanzamiento del partido con el nombre de Un Nuevo Tiempo.
La postura de Marquina, Alcántara y los miembros del buró sindical no es más que teatro. De antemano estaba decidido que lo verdaderamente importante era la supervivencia de la dirigencia adeca, para lo cual había que frenar el avance de los “lechuguinos petimetres”. De Hugo Chávez ya habría oportunidad para ocuparse, pues en este momento resulta ridículo plantearse derrotarlo.

Todo esto significa, que pasada las elecciones presidenciales probablemente muera Acción Democrática, pero habrá nacido Un Nuevo Tiempo y allí se reagrupará el eterno adecaje. Tendrán con ello un segundo aire y habrán impedido que los inexpertos de Primero Justicia los arrollaran y los convirtieran en un partido de segunda.
Ahora, ¿Cuánto les durará la dicha? De verdad creo que muy poco, porque no cambian. Son hábiles para la maniobra y la zancadilla, pero no cambian su visión y estilo da hacer política. Siguen convencidos de que pueden engañar por siempre al pueblo venezolano. Escogieron un candidato de la misma forma como lo hicieron con Leoni, Piñerúa, Lusinchi y Carlos Andrés.
De hecho, las mejores cualidades de cada uno de esos tristemente célebres personajes está presente en el candidato actual. Por lo menos, en lo que respecta a la intelectualidad de Piñerúa y la moral de Carlos Andrés, no hay duda.


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Alexis Arellano


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