El golpe electoral

Si un golpe de Estado lo ejecutan fuerzas militares para desplazar violentamente a gobiernos electos, parece un contrasentido hablar de golpe electoral, pero ya verán ustedes por qué lo hago.

En abril del 2002 se intentó exitosamente uno para derrocar al gobierno del presidente Chávez, electo cuatro años antes con el 57% de los votos. Innecesario recordar quiénes lo propiciaron, el caso es que 48 horas más tarde, fuerzas populares y militares lo regresaron al poder. Los golpistas no fueron derrotados, pese a ese fracaso. Reagruparon fuerzas, y sin contar con unidades de la Fuerza Armada, mediante el sabotaje a la industria petrolera y un paro general de 62 días, creyeron que podían obligar al gobierno a renunciar. Tampoco fue posible. Finalmente, aceptaron respetar el orden constitucional y reclamaron un referendo revocatorio. También perdieron, con porcentajes similares a sus dos derrotas electorales: 60-40%. Como habían convencido del triunfo a sus partidarios, no tuvieron el coraje de admitir su equivocación, y denunciaron un fraude cuyas pruebas "presentaremos desde mañana", amenazó Ramos Allup en la madrugada del 15 de agosto. No tenía nada ni las podían tener porque no hubo ningún fraude.

Se causaron un mal casi irremediable. Un alto porcentaje de ese 40% quedó defraudado, y no votó en las elecciones de octubre.

Sus cuatro millones de votos del referendo se redujeron a dos, y perdieron seis gobernaciones y más de 100 alcaldes. En cuatro estados la ventaja fue tan chiquita que de no ser por los llamados a la abstención seguramente los habrían conservado.

¿Cómo recoger el agua derramada? Las municipales fueron otro desastre. Luego venían las parlamentarias de diciembre del año pasado. La Asamblea Nacional era el escenario político por excelencia. Las encuestas comenzaron a reflejar la opinión de los posibles votantes. Las estimaciones más optimistas les daban unos 30 diputados, de los cuales Nuevo Tiempo zuliano y PJ debían obtener la mitad. ¿Cuántos AD? Cuando su cogollito se dio cuenta de que no ganarían más de dos o tres, optaron por no participar, y persuadieron a los demás.

Ahora están frente a las elecciones presidenciales. Desde el comienzo se observaron dos tendencias, la de quienes llaman a la abstención y a no participar persuadidos de que es "impronosticable" lo que pueda ocurrir después, y el sector democrático, que propicia la participación. Las incidencias habidas son bastante conocidas. Una desmedida y pertinaz campaña contra el CNE y el sistema electoral, que ha sumado a tres rectores y parece que también a la Iglesia, con mucho apoyo mediático, ha logrado que densos sectores de la población no tengan confianza en el árbitro.

Esa campaña no cesará.

Siempre encontrarán un pretexto, una excusa. Si el CNE accediera a darles el voto manual, le pedirán que los electores debe votar con la mano derecha. Y así, ad infinitum.

En tales circunstancias llegaremos a los últimos días de noviembre. Hoy, no creo que nadie sea capaz de garantizar si se mantendrá uno o más candidatos opositores, porque son impredecibles los efectos de las presiones de distinto orden. Como impredecibles son los recursos de todo tipo que utilizarán para perturbar el ambiente. Esa pelea en el seno de la oposición, que Julio Borges, después de regresar del exterior, definió como "un saco de gatos que no comprende el momento que vive Venezuela", debe ganarla el más fuerte.

¿Y qué es lo que realmente hay detrás de esa línea abstencionista, de no participar? La supuesta falta de transparencia, de irregularidades serias, son un cuento. La verdad, es el convencimiento de que nada impedirá el triunfo de Chávez. Todas las encuestas lo han estado repitiendo*.

Si termina imponiéndose la línea dura, estimulada desde Washington, lo intentarán todo para que Chávez vaya solo a las elecciones, y después tratar de promover el desconocimiento de su victoria. Me dirán si se puede llamar golpe electoral.

* El último estudio de opinión (focus groups con 1.200 personas) lo hizo Hinterla- ces, y revela que Chávez cuenta con 55% de intención de voto (en abril tenía 50%), Rosa- les 7%, Borges 5% y Petkoff 4%, y que al- guien desconocido, distinto a todos estos, podría obtener 17%.


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Eleazar Díaz Rangel

Periodista egresado de la UCV. Ganador del Premio Nacional de Periodismo y menciones en diversas especialidades. Es Director del diario Últimas Noticias desde el año 2001. Profesor titular jubilado de la universidad central de Venezuela, cuya escuela de comunicación social dirigió (1983-86). Presidente de VTV 1994-1996. Presidente de la asociación venezolana de periodistas.

 edrangel@grupo-un.com

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