Lo que le faltaba a Teodoro

No se equivoca quien afirma que en política y en las artes hay que saberse morir a tiempo. Incontables son los hombres y mujeres que después de construir una imagen digna, terminan convertidos en un mal recuerdo para muchos o en el basurero de la historia, producto de un accionar que no sólo contradice su vida previa, sino que avergüenza a quienes en un momento determinado les admiraron o les siguieron.

Tal pareciera éste el destino de Teodoro Petkof. Soy de los que duda que alguna vez este hombre haya tenido ideas revolucionarias o su espíritu haya albergado sueños de justicia y libertad para la patria; pero los que creen que así fue, hoy deben sentir lástima al verlo caminar, no sólo en la dirección opuesta, sino hacia el lugar que la historia siempre guarda para los inconsecuentes y amorales.

Nadie que haya creído en las ideas que Teodoro dice haber defendido, habría aceptado un cargo de ministro en un gobierno como el de Rafael Caldera y mucho menos para defender la Agenda Venezuela; instrumento privatizador y antinacional que sólo sirvió para beneficiar a trasnacionales y grupos económicos de gran poder en Venezuela.

Que un hombre supuestamente de izquierda aceptara jugar ese papel sólo para ganarse un salario, dibuja bastante bien la imagen del oportunista cipayo.

En un traidor de la clase obrera y de los sectores humildes se convirtió Petkof, cuando dejando de lado su discurso, sus seguidores y los intereses de la patria misma; se puso al servicio de Fedecámaras y para satisfacer la ambición desmedida de sus afiliados, entregó las prestaciones sociales de los trabajadores.
Quienes inocentemente abrigaron esperanzas de que este supuesto un hombre de izquierda podría desarrollar una agenda a favor de los humildes, a pesar de formar parte de un gobierno reaccionario como el de Rafael Caldera, no tardaron en darse cuenta que el exguerrillero había sido llamado a formar parte de aquel nefasto gabinete ministerial, porque hacía tiempo que sus recuerdos, sus luchas y sus ideales estaban a la venta.

Lo anteriormente mencionado era más que suficiente para que el pobre Teodoro fuese recordado con tristeza y mostrado como ejemplo de lo que significa carecer de moral y ética revolucionaria, pero a él eso le pareció poco. Con el dinero ganado "con el sudor de su frente” fundó un periódico para defender ideas reaccionarias, calificar de populismo el pago de la deuda social y oponerse, entre otras cosas, a la alfabetización de miles de compatriotas. Sin embargo, no terminó allí la caída del ahora candidato presidencial; insatisfecho con destruir su imagen política, ahora se empeña en acabar con su imagen de hombre.

Se tiene que haber que caído bien bajo y rebosar cobardía por los poros para asumir la postura que el ahora candidato asumió, ante la denuncia de una mujer que afirma haber sido víctima (y tiene testigos) de un intento de violación y de actos lascivos que incluyeron manoseo golpes y rasguños.

No se le ocurrió mejor idea a Teodoro, para defender a sus sádicos aliados, que afirmar que se trataba de una mentira de la dama.

Inaceptable que un miserable que se encontraba a más de ochocientos kilómetros de distancia del lugar donde ocurrieron los hechos, ponga en duda la palabra de una madre de familia, que tragándose la vergüenza que significa reconocer que fue víctima de un intento de violación, se atrevió a hacer la denuncia.

Supongo que Teodoro no pensó en su madre cuando cometió tal canallada, pero les aseguro que millones si la recordamos cuando le vimos caer tan bajo.


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Alexis Arellano


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