Stalin, la MUD y los baños de la Asamblea Nacional

En La Fiesta de la insignificancia, Milan Kundera relata como luego de largas jornadas de debates políticos, Stalin solía reunirse con sus colaboradores para contar anécdotas de su vida. Sus historias eran la mayoría de las veces inventadas y narradas solo como bromas de mal gusto. Pero sus colaboradores habían perdido la noción de qué era real y qué no en el dictador, y "escupían" de odio luego de cada jornada por sus mentiras, cuando se reunían en los urinarios públicos – en los que Stalin no los acompañaba-.

A nuestra Asamblea Nacional llegó una nueva versión de la mesa soviética. Por irónico que parezca semejante comparación, la llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que agrupa más de una decena de partidos políticos, es tutelada por tan solo un puñito de dirigentes sin base social, comandados a su vez por un personaje que ni siquiera pertenece al bloque parlamentario, y que entre altanerías y frases tan absurdas que parecen bromas de mal gusto, como las del Stalin de Kundera, reducen cualquier crítica o llamado a discusión distinto al deseo amarillista de atención y de saboteo de la MUD, con peyorativas como "La agenda es la que tiene (impone) la Unidad (tres diputados).

Así pues, con la excusa de trabajar con urgencia para paliar el "hambre" en el país, la MUD niega el derecho a discusión de leyes urgentes que prometieron (trampas cazabobo) revisar al llegar a la Asamblea. A toda costa velan sus únicas intenciones de tomar el poder a la fuerza negando la posibilidad de trabajar para superar la crisis actual, bajo una supuesta lucha por lo social, olvidando que las emergencias para los grupos políticos realmente comprometidos con el pueblo deben resolverse comenzando por las más necesarias para los grupos minoritarios, y aquellas en las que están en juego o en riesgo los derechos humanos.

Voces defensoras de esos derechos, como Tamara Adrián, son disminuidas con frases saltimbanquis como "no hay tiempo para hablar de cosas del primer mundo". La indigencia, las cárceles, la provincia, ninguna minoría es tema de debate en la Asamblea. Los diputados que no llegaron a privatizarlo todo, son aplastados, tanto en el espacio físico como a nivel comunicacional, por aquellos que altaneros gritan que se debe re-privatizar todo, con la argucia de que con la empresa privada la corrupción deja de existir mágicamente (pasa a ser corrupción privada, enmantelada en una supuesta producción). Todo esto aplaudido por la minicúpula de la MUD, e incluso por algunos camaleones que siempre han hecho el papel de pendejos (Díaz Rangel por ejemplo), pero que ya empiezan a cambiar del color rojo al guanábana.

En un mes, el show se ha reducido a presenciar la arrogancia de los tres mandamases de la MUD. El adeco que se asquea ante lo mulato y pide que sea borrado todo vestigio del Bolívar pueblo; el rencoroso homofóbico que prefiere patear los derechos de la comunidad LGBT antes que aceptar el debate, y el manipulador que busca aprobar una Ley para hipotecar viviendas ya entregadas y otra en la que el Estado asuma toda la carga extra de pensiones que corresponden en buena medida a la empresa privada.

Kundera nos cuenta, que mientras los Ministros de Stalin vociferaban en los urinarios, él se escondía a oírlos y a reírse de cómo lo ofendían sus colaboradores. Después de todo, había logrado engañarlos. ¿Cuánto tiempo permitirán todos los diputados de la MUD que Chuo y compañía muevan solo las piezas que les convienen a sus intereses totalitarios? Seguramente en los baños de la Asamblea deben oírse buenas historias de cómo un grupito de "líderes" de partidos cuartorepublicanos está llevando hacia el abismo todas las aspiraciones y esperanzas de los venezolanos que votaron por el supuesto "cambio".



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Moises González


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