Mi palabra

La ama de casa y Grossman

“No os entreguéis por demasiado a la ira;

una ira prolongada engendra odio".

Ovidio

Desde hace varios años, conozco a una señora muy cerca del hogar, donde nos criamos, en el centro de la ciudad de Araure; no parece tener alguna afiliación política. En su humilde vivienda he saboreado unas aromáticas tazas de café, pero además he degustado unas deliciosas caraotas negras, que dejan por largo rato el sabor en el paladar. En las esporádicas visitas a su residencia, nunca he discutido con ella, solamente me limito a escucharla con mucha atención, porque cada día me sorprende más, su odio visceral a todo lo relacionado con el chavismo; le tiene fobia al color rojo; parece vivir maldiciendo en lo más profundo de su alma, cualquier inclinación hacia las ideas del fallecido Comandante Chávez.

De mi parte, pueden tener la plena seguridad, no guardo ningún odio, ni rencor hacia ninguna persona, contraria a mi manera de pensar, siempre he transitado el camino, donde se entienden los hombres de buena voluntad. Me da la ligera impresión, que esta señora, no tiene “cura”, como dicen en las conversaciones, cuando se trata de un enfermo, desahuciado por la ciencia médica. A medida que la situación del país, se complica, parece erizarse para demostrar su inconformidad hacia el gobierno, sin embargo nadie le pone cuidado, ni siquiera los adversarios al chavismo; todo el mundo la conoce; algunos se divierten con su férrea actitud.

Este caso, sirve como ejemplo para ahondar en el comportamiento de algunas personas, extralimitadas en su manera de enfocar la situación política del país, llegando al extremo de reaccionar sin respetar al que tienen en frente, por el simple hecho de no compartir sus ideas. Nadie puede entender a esta mujer, nacida en un familia humilde, con hijos y nietos en su propio hogar, quienes empiezan a recibir las primeras enseñanzas, para luego enfrentar los retos de la vida, muchas veces complicada, producto de una sociedad en descomposición, propio del capitalismo, donde los más perjudicados, son precisamente los jóvenes.

Esa es la enseñanza, trasmitido por algunos jerarcas de CEV, lejos de predicar el evangelio se unen a la comparsa orquestada por dirigentes de la oposición, totalmente ofuscados, llegando al extremo de no entender el grave peligro, cuando no se respeta al contrario; es tan grande el odio hacia los acciones del gobierno, que llegan a reírse de la recolección de firmas, para pedir la derogación del decreto Obama, como lo viene haciendo un conocido columnista, nacido en la tierra del “silbón”, demostrando su furia antipatriótica sin ninguna pena, ni vergüenza, llegando a dársela de chistosa antes un problema, que toca lo más profundo del sentimiento nacional.

Sin embargo podemos aceptar la reacción de la señora, por algunas razones, que no vienen al caso nombrar en este momento; incluso pasar por alto la posición asumida por la CEV, por la cantidad de privilegios, el cual cuidan celosamente, como una fiera salvaje recién parida; pero nadie puede entender la manera de expresarse de un comunicador social, con una larga trayectoria en el periodismo, quien, las últimas semanas, se ha dedicado a desvalorizar la noble acción del gobierno, en defensa de la patria, cuantos todos sabemos, que el gobierno norteamericano, no vive de amenazas, sino de acciones concretas, como las perpetradas en los países árabes (Siria, Libia, Irak), donde dejaron infinidades muertos y problemas, perjudicando a la población, sin ninguna compasión.

Todos estos casos de oposición enfermiza, debemos enfrentarlos como los buenos toreros, utilizando muy bien la muleta. La simple coincidencia en la forma de pensar y actuar de una mujer del pueblo, con los altos jerarcas de la iglesia y un veterano periodista, nos dice, algo sumamente peligroso en la lucha de los pueblos: donde el imperialismo ha clavado sus garras con mayor fuerza, la lucha por la liberación es muy traumática, por eso un grupo de la oposición no quiere el dialogo, recurre a los golpes de estado y últimamente a las guarimbas, con los resultados ampliamente conocidos: muertos y heridos con el ingrediente inaceptable desde todo punto de vista: la impunidad, el agravante más delicado en cualquiera sociedad; donde no se castiga, empieza a imperar la anarquía, como está sucediendo en algunos países asiáticos y africanos, donde la justicia la imponen los fusiles.

Por eso, quiero dejar bien claro: entre la ama de casa y Grossman Parra Pinto, existen varios años de luz y preparación, pero, si por alguna circunstancia me ponen a elegir por alguno de estos personajes, me quedo con el antichavismo desenfrenado de la señora, para no seguir leyendo a PARRA, quien parece estar algo PINTO a la hora de escribir.



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Narciso Torrealba


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