El ritual de los malcriados

Son las 8:30 pm y en casa de la familia Ingesta Kopros la esquizofrenia de los progenitores opositores compulsivos, temerosos del comunismo e irreductibles enemigos de su origen de clase popular, pobre y pata en el suelo, asidos de los valores que se adquieren en los guetos urbanísticos del este caraqueño y otras catervas de la mal concebida clase media a lo largo y ancho del país,  dan la alternativa a los niños de la casa (Uno de 20 años y la otra de 18) para que reciban en herencia  la tradición de protestar con todo y contra todo y en la seguridad de la puerta de su edificio hasta que el chavismo se vaya.

Así, en un sencillo pero significativo acto solemne los idiotizados muchachos reciben: una franela usada con la bandera de 7 estrellas, un pito, una gorra tricolor, bandana y muñequera, un cartel con la inscripción SOS, una botella con gasolina, dos cauchos usados y lo más importante,  la pelota de chicle con la cual repetir las consignas anti patria, anti pobre, anti chusma, anti sí mismo.

De allí que la tradición sustituya la razón, y después de 15 años sigamos viendo y escuchando el mismo discurso, el mismo formato, los mismos masca chicle (coprófagos) esos a los que el presidente Chávez les salvo la vivienda, esos que viajan y raspan el cupo CADIVI, compran y revenden con sobre precio carros chinos e iraní, acaparan Harina, Papel Sanitario, Aceite entre otros productos cuyo precio bajo solo es posible gracias al gobierno bolivariano.

Al parecer en la oposición venezolana dentro y fuera de la patria, no existe la posibilidad de entendimiento, raciocinio, reflexión o cualquier vestigio de lucidez con el cual llegar a un acuerdo o por lo menos sostener una sana discusión de cara a la conquista de estadios de paz y concordia para sus atormentadas almas.

Ellos son una clase especial de idiota (Entiéndase sin idea) cuya visión del mundo no distingue entre la realidad y la ficción. Para esa pobre gente, en Europa no hay hambre, ni miseria ni desahucios, en USA no existen mendigos, hambrientos ni adictos a las drogas y si por casualidad llegan a toparse con uno, eso es porque son flojos que no les gusta trabajar. Nada les  importa más que el color de los anuncios, las marcas de la ropa y el calzado, la indiferencia y desconocimiento a la patria, sus símbolos y su sentir.

Son las 4:30 am de día siguiente, y los recién envestidos estúpidos (faltos de inteligencia) contratan a los serviles de la vacuidad para apilar las bolsas de basura y demás objetos en desuso e iniciar la jornada de protestas, por supuesto siempre en la seguridad de la puesta de sus respectivas residencias.  Ya ni siquiera cantan consignas, todo lo contrario, van en silencio, como ratas de albañal y  arman la barricada luego se van, unos a sus casas y otros a velar por si algún vecino intente abrirse paso entre los escombros, para descargar contra él o ella,  todo el poder de su maldad. Tiroteados, degollados, apaleados, un saldo real el cual la justicia le cobrara.



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Ángel Rafael Tortolero

Profesor Investigador Titular en la UNERG, Diplomatico Ex Embajador, Analista Internacional, Miembro del Centro de Estudios Socialistas Jorge Rodríguez. Internacional Bolivariana y Miembro de la Línea de Investigación: Políticas Publicas y Pensamiento Contra Hegemónico. Militante del PSUV

 angeltortolero@gmail.com      @ANGELTORTOLERO1

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