Marta Colomina...¿dónde quedó "El huesped alienante"?

Rondaba ya en los años ochenta y setenta una gran preocupación en diversos sectores de la sociedad por el rumbo que empezaba a transitar aquella programación televisiva que entraba en nuestros hogares por esos rudimentarios cuadrantes con imágenes en “blanco y negro”.

Recuerdo que cursando el Bachillerato Docente en la Normal “Nueva América” de “Fe y Alegría”, nos devorábamos todos los artículos relacionados con los análisis de programas y propagandas ofrecidos por la revista SIC del Centro Gumilla. Qué bueno eran los Jesuitas en ese tipo de disertación y en la toma de posición ante el discurso enajenador de los medios. Una vez publicaron un trabajo titulado “Juicio al Chavo” en el que destacaban los mensajes de violencia y discriminación contenidos en su trama discursiva, lo cual impulsó una hermosa tarea pedagógica con el fin de que los padres y representantes expulsarán de sus hogares ese “perverso personaje”.

Ante ese ejemplo de crítica permanente a los medios y la acción política de quienes detentaban el poder, por parte del Gumilla, la alta jerarquía de la iglesia poco o nada decía. Hoy, muchos anhelamos ese Gumilla, y esperamos todavía, que el alto clero fije posición sobre la imposición de la idolatría del consumo y de la violencia que llevan a cabo aceleradamente las grandes corporaciones del entretenimiento. Porque en la actualidad no se trata de “El Chavo”, mil veces inofensivo ante la artillería pesada diseñada con propósitos indecibles que vaticinan la destrucción de todo tipo de creencia, espiritualidad y valor humano. La televisión evolucionó a la par de la tecnología que no respeta soberanía alguna, se posesiona donde le interesa y listo, y con más ahínco sino hay resistencia; y precisamente por eso es que tenemos “entretenimiento masivo” sin control para todas las edades, sexos y gustos a través de “las cableras”, de Directv, internet y todos sus derivados.

En razón de ello, una niña o niño en edad preescolar puede ver en cualquier momento del día, Happy Tree Friends (Los Felices Amigos del Árbol). Una serie que inicia cada edición con un libro que se va abriendo y en esa medida salen bonitos dibujos animados aparentemente inocentes, que apenas balbucean, pero en la medida que empiezan a interactuar a través de juegos, se van desarrollando escenas descarnadas: aplastamientos, decapitaciones, mutilaciones de extremidades, extracción de vísceras. Cuan fácil presentan cómo se mata la ternura.

Ya para usuarios de mayor edad, ofrecen también en ese mismo formato, por ejemplo, South Park (Parque del Sur) y Ugly Americans (Americanos Sucios), donde se expresa directamente el desprecio al afrodescendiente, se le rinde culto al asesino, se desvaloriza y ridiculiza al maestro, donde las palabras “mierda”, ”muerte” y ”puta” constituyen ejes centrales del discurso. En Ugly Americans hay un marcado acento político, allí fustigan a presidentes Latinoamericanos; una vez por ejemplo, uno de sus personajes principales George Bush, quien es un mago, convirtió a Evo Morales en un sapo. The Simpson se quedaron pendejos ante basuras tan descomunales.

La crítica de las décadas prenombradas hubiese sido implacable ante morbosa programación. No me imagino a ningún preclaro con sotana o sin sotana dejar de hacer por lo menos advertencias sobre tal hecho. No me imagino a Marta Colomina omitiendo la solicitud de control y regulación de esa maligna programación televisiva, cuántos “huésped alienante” hubiese escrito. En qué parte de su imaginario y concepciones quedaría por lo menos la metáfora de ese libro de consulta necesaria de todo estudiante crítico. ¿Dónde quedó “el huésped alienante”? Y en este justo punto de la reflexión cabe también preguntar: ¿Dónde está la autodenominada sociedad civil? ¿Donde están las palabras encendidas de los políticos que exigen al gobierno acabar con la delincuencia? Y ¿el clero…?

Lo cierto es que hoy, quien ha tomado posturas firmes ante ese comportamiento sostenido de los medios ha sido el gobierno nacional, pues existe plena conciencia de que gran parte de los males estructurales de nuestra sociedad tienen sus raíces allí: en el manejo inescrupuloso de las programaciones televisivas por parte de la industria del “entretenimiento” a cambio de obtener las consabidas jugosas ganancias.



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Aquileo Narváez Martínez


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