Chacumbele, santo patrón

¡Ay, Chacumbele!
¡El mismito se mató!

Trío Servando Díaz

No será esta la historia de José Ramón Chacón Vélez, trágico trapecista cubano de comienzos del siglo XX conocido como Chacumbeles, que terminó quitándose la vida devenida a menos, a simple policía habanero cuya pistola sirvió para poner fin a su opereta de celos y traiciones tipo Pagliacci, en versión tropical. Utilizaremos su nombre popularizado por la canción de 1941, para designar al síndrome del suicidio colectivo consciente que ataca a un buen número de la población venezolana.

1.-Los raspacupo viajan para poder conseguir los dólares que luego venderán en el mercado ilegal de divisas. Con su acción, encarecen y escasean los boletos al punto de hacer imposible viajar, generan controles en aeropuertos y, lo peor, alimentan un mercado-monstruo que hoy les arrebata sus ganancias mal habidas por el diferencial cambiario, no sólo a ellos, sino a todos los venezolanos, a punta de mercancías con precios tan altos que ni los raspacupo pueden pagar. El raspacupo, como Chacumbele, él mismito se mató.

2.-Los líderes políticos de la derecha, empeñados en pintarnos un país de tragedia y pintar de tragedia al país, le apuestan a cualquier escenario que acabe con este odioso chavismo que llegó para quedarse, así lo dejen sin gasolina, sin luz o le pongan las papas a 100 el kilo. Pero para pintar la tragedia no basta con los dólares del imperio, hacen falta alcaldías, diputaciones y gobernaciones, que primero se eligen con ese CNE que sólo hace fraude, y luego implica recoger la basura, asfaltar las calles, promover cultura y deporte, construir, proponer leyes, etc., todo lo cual implica que no existe tal tragedia. Capriles, Eveling, Borges, Maria Corina y toda la fauna amarilla, como Chacumbele, se matan ellos solitos.

3.-Los empresarios, empeñados en que les devuelvan el control total del gasto fiscal, y que los miles de millones de dólares que se invierten en lo social vayan a engrosar sus insaciables arcas, especulan, acaparan, subproducen, desvían y entregan al contrabando los principales productos de consumo. Pero en tiempo de guerra las lealtades se reducen a lo esencial, y los compromisos de consumidores con marcas y productos dan paso a la subsistencia, el boicot selectivo a mercancías a precios especulativos, la merma del consumismo. Como en el paro del 2002-2003, los números comienzan a volverse rojos, y los rojos no terminan de volverse amarillos, y la posibilidad de un cambio radical de modelo económico se hace agradable al estrangulado ciudadano. El empresario especulador, como Chacumbele, él mismito se mató.

4.-Nació Cadivi en 2003 para administrar el necesario control de cambio que impidió en su momento que nuestros “nacionalistas” empresarios dejaran al país sin divisas. Hoy, a fuerza de trampa, de crear un mundo cambiario paralelo, el propio presidente Maduro acusa ante el país la grave enfermedad del cadivismo. Pero como el cáncer que afecta a un órgano vital, su supresión acarrea la muerte, así como no suprimirlo también. Cadivi, sin cambios profundos ni justicia para los estafadores, como Chacumbele, él mismito se matará.

5.-El modelo de desarrollo venezolano, un rentismo petrolero que se empeña en saldar la deuda social, sufre el destino de Stephen Hawking: portentoso cerebro lleno de ideas, de entrega al mundo, que por su esclerosis (léase sector privado antinacional y parasitario) no controla su cuerpo. El Estado venezolano produce con el petróleo miles de millones de dólares que han acabado con el analfabetismo y la ceguera política de millones, que ha aumentado el poder adquisitivo y el nivel de vida de los venezolanos, que ha puesto escuelas y centros de salud donde antes habían garitos y bares, que nos ha hecho referencia mundial en el ataque a la pobreza, pero no controla el cuerpo que importa y distribuye lo esencial, el sector privado que controla el 70 por ciento de la economía nacional y hoy, como célula enloquecida, incurre en una peculiar autofagocitosis del país.

Ciegos ante la esclerosis que nos agobia, ¿dejaremos acaso que los sectores económicos que perdieron el poder político, como Chacumbele, se lleven cerebro, corazón y cuerpo como un todo a la tumba de la guerra civil?

No convirtamos a Chacumbele en nuestro santo patrón, no cometamos el suicidio colectivo como Patria.


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Rafael Boscán Arrieta

Periodista y Docente universitario

 boscan2007@gmail.com      @raboscandanga

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