L´candidat c´est moi député

Los “honorables”  diputados de la MUD, estaban mudos de rabia. María Corina. le decía a Ramón. Guillermo Aveledo: Yo siempre desde chiquita supe que con los adecos no se vive mejor, Willie, y este nos está haciendo la vida de cuadritos como los paltos que usaba su difunto jefe en su primer mandato. No sé, parece que les doliera. R. G. A. contesta mientras intenta hacer malabares con las bolas sin que se le caiga una: Creo que vamos a tener que darle de su propio tratamiento. Ella pregunta extrañada: ¿Tratamiento, cómo es eso? Bueno, es que me han llegado informaciones de que Henry  y que pasa consulta en su despacho del CEN de AD a ciertos trastornados. M. C. le responde  que le chocan ese tipo de comentarios y se aleja rapidito con el pretexto de buscar a Andrés Velásquez entre el gentío y necesita preguntarle algo sobre Guayana. Va tan molesta que no lo ve y se lo lleva por delante. Él se soba la frente, ella las rodillas.

De pronto llega Loco Peleón. R. G. A. aprieta las bolas y se va hacia donde está Mazuco para saludarlo. Más atrás andan Julio Andrés., Hiram, Juan José y Caimán con Sueño. Le tienen preparada una lavativa: Invitaron a Antonio Ledesma. El saurio somnoliento resuella: Vamos a carear a esos dos en el mismo pozo.

M. C. se acerca de nuevo a R. G. A. y le dice como si tuviera una gran idea: Se me ocurrió  una gran idea, Willie. Me informaron que es cierto que el adeco Henry pasa consultas en su oficina y lo acabo de llamar y le dije que iba para allá. Me dijo muérete que sí, que él estará allá todo el día porque le soplaron que la reunión de la MUD era una trampa para interpelarlo por lo de la entrevista. ¿Quién sería ese desgraciado traidor? Bueno ¿Nos vamos? R. G. A. asiente. Como las bolas no le han servido de mucho, esta vez saca de uno de los bolsillos del paltó una bocina de aire comprimido y la acciona. Todos pegan un brinco. Él les anuncia: Nos vamos para el CEN de AD. J. A. crispado dice que él no va. M. C. se le acerca y le murmulla: Cálmate que es hora de la venganza. Se montan en los carros y arrancan. M. C. les tuitea a todos: Como le dije al adeco Henry que iba sola, solo yo puedo usar el ascensor. Sorry.

La “honorable”  diputada M. C. está en el pasillo del CEN de AD haciendo mohines de desaprobación porque la comitiva de la MUD tiene media hora subiendo por las escaleras. Poco a poco van apareciendo sudorosos, varios con el paltó en la mano. Bueno muchachos, les dice, ahora vamos a decirle a este adeco resabiado sus cuatro verdades. Toca la puerta y desde adentro Henry le dice: ¡Ya vaaa diputada, un momentico! ¡Ajá, ahora sí!

Todos entran en cambote y con caras de adeco. De pronto se pasman ante lo que ven. El adeco Henry carga puesta una enorme peluca de rulos feraces, un bastón de fino acabado, un saco de cuadritos, unos pisa mojones con lentejuelas y de fondo musical el estridente y anacrónico himno de su partido. Loco Peleón empieza a carcajearse y le dice: ¿Qué fue, mi loco? ¿De qué estás disfrazado, de Rey Momo? Henry los observa sonreído y desafiante. Se apoya en el bastón y les suelta ¿Así que ustedes son los presidenciables yogur, cuerda de pendejos? H. G. riposta ¿Cómo es la vaina? Henry aclara: Igual que le dije a Ugalde sobre los carajitos culi locos, ustedes se cuajaron a juro como precandidatos pero en quince días estaban piches ¡De vaina si sirven como diputados! ¿Qué carajos hacen en mis dominios?

R. G. A. le dice: Mira chico, vinimos a reclamarte que por qué andas diciendo mariqueras de la MUD y descalificándonos de gratis públicamente. Tú tienes que retractarte de esa vaina a nombre de cada uno de nosotros. Henry se ríe y apartándose la melena le responde: Uuuuujjj, no  me pidas nombres. Mira Ramoncito, tú no llegas ni a Capitán Yoka, A ustedes nadie los quiere como compañeros de cama. A. V. le reprocha: Pero tú dijiste que nuestros propósitos eran los mismos. Si, responde Henry, pero lo que dije fue lo que no quise decir  sino todo lo contrario. Ustedes pueden creer que esto es una fanfarronada o que hablo por forfait, pero que les quede claro que a partir de este momento (se para firme y se auto señala con el bastón) l´e candidat c´est moi, diputados. Y lo primero que les ordeno es que me vayan cuadrando una reunión para dilucidar el futuro de la MUD, aunque yo no le veo mucho porque esa vaina es como un auto suicidio.

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Epílogo 1: Todos se fueron apesadumbrados, bajando los escalones en silencio. Salvo J. A. quien empezó a gritar: ¡619, son 619 los que quedan! Caimán con sueño pregunta que si eran los días que le quedaban al Reeeegimeeen y Loco Peleón con una lágrima de cocodrilo en vilo, le aclara: No, son los escalones que faltan, él los tiene contaditos.

Epílogo 2: M. C. sale del baño de la oficina del adeco Henry ¿Ya se fueron todos? Si diputada, salga tranquila que no hay lechuguinos en la costa. Ella le dice: ¡Cónchale Henry, ese disfraz estaba de muerte lenta! Te quedaba muy bien. Henry le responde: Y a usted el de Judas le debe quedar como hecho a la medida, pero le agradezco el aviso. Ella se pone seria y le dice: Eso no es gratuito, vamos a hablar de negocios…

Epílogo 3: Antonio Ledesma se baja frente a la sede de la MUD. Le extraña que nadie salga a recibirlo. Adentro, una señora que está limpiando le dice que todos se fueron a una reunión urgente. Los llama desde el blackberry y nadie contesta. Me embarcaron, piensa, y yo que venía preparado para un discurso pre campaña. Se siente mal, tantos peos en la Alcaldía y ahora parece que la candidatura se le está empichando. Saca un papelito del bolsillo y se pregunta: ¿Será verdad esta vaina, que en el CEN de mi antiguo partido hacen unas terapias contra el stress político? Déjame llamar a ver…

coolthin@gmail.com

 


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Placido Delgado


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