Están enfermos y bien enfermos

Para algunos, especialmente para los opositores, lo que expresaremos a
continuación, no es más que la visión parcializada de un chavista, de la
conducta del escualidismo. Sin embargo, se trata de una serie de
conclusiones a las cuales hemos arribado luego de varios años de trabajo
de campo, estudiando la forma como ha ido evolucionando la disociación,
la violencia, el odio y por último la autodestrucción en esa masa de
compatriotas que viene siendo manejada a su antojo por unos medios de
comunicación que se han convertido en laboratorios destinados a moldear,
a su imagen y semejanza, la conducta y los sentimientos de su audiencia.
Obviamente no podemos abundar en detalles en un espacio tan reducido,
pero no dejaremos por ello de compartir con usted, amigo lector, las
conclusiones más importantes de dicho trabajo.

El escualidismo ha venido avanzando en manifestaciones de violencia
exterior e interior al punto que hoy es capaz de atentar contra sí mismo,
si cree que con ello le hace daño a Chávez y el chavismo.

Aquellos actos de violencia, que nada tenían que envidiarle a los del Ku
Klux Klan, y mediante los cuales algunos ciudadanos se dedicaban a
irrespetar y agredir a otros, en el mejor de los casos mediante
cacerolazos, pueden hoy ser definidos como simples malcriadeces, si se
les compara con sus actos de hoy; consecuencia indudable del odio y
disociación que hay en el alma y en el cerebro de esos ciudadanos.

Los que expresaron asombro cuando el cortejo fúnebre de una anciana fue
insultado y caceroleado porque su esposo era el presidente de un canal
del Estado, hoy tienen que coincidir con nosotros en que aquello no fue
sino el preludio de lo que vendría.

Se ha vuelto cotidiano, en ese sector, las manifestaciones de júbilo por
la muerte de cualquier padre de familia reconocido como chavista.
Recientemente, por ejemplo, se hicieron públicas múltiples expresiones de
alegría, motivadas por el dolor que sufría una madre ante la muerte de
sus gemelas, ¿La causa de tanta podredumbre? Las niñas eran hijas de un
funcionario del gobierno venezolano.

No hay duda alguna que en ese colectivo toman cuerpo los más oscuros
sentimientos que puede albergar un ser humano y eso tarde o temprano va a
tener que ser considerado un problema de salud pública, pues su estado de
postración es tal, que desconocen su propia realidad y en el peor de los
casos culpan a otros de los bajos instintos que los mueven.

Esta situación, según nuestras apreciaciones, tomó fuerza en la
planificación del golpe de Estado de abril de 2002. Allí los
extrabajadores de PDVSA fueron tomados como conejillos de indias y a
través de una campaña mediática bien pensada los indujeron a actuar
contra una institución de la que decían sentirse orgullosos y amar como
propia. De allí en adelante, todo se resume a repetir y mejorar la
estrategia.

Hoy, ese mismo experimento se repite con los trabajadores de la Polar. Al
igual que aquellos meritócratas se les hace creer que están llamados a
salvar su empresa y su patria y que para ello no hay otra salida que
confrontar el gobierno hasta derrocarlo… los llevan camino al haraquiri,
para luego abandonarlos como hicieron con los de PDVSA.

Al mismo tiempo, la campaña de odio avanza en otros frentes y se hace
evidente el daño que causa en un colectivo enfermo, al cual ya no le es
suficiente con comportarse como bestia con aquellos que consideran sus
enemigos, sino que ahora es capaz de actuar contra sí mismo,
comprometiendo el futuro propio y el de su familia.

Allí está, como demostración de que tenemos una sociedad enferma, la
elección de “mazuco” como diputado. Hay que estar bien enfermo para
elegir como autoridad de la sociedad en la que uno está inmerso a un
delincuente de esa calaña.

Claro, se excusan afirmando que se trata de una emboscada que le hizo el
gobierno nacional, pero

¿Cuál de los miles de ciudadanos que votaron por ese criminal tienen
pruebas de que lo que dicen los fiscales, las autoridades y los testigos
es falso?

Créannos que ninguno, pero en la condición mental y espiritual en la que
se encuentran, se sienten obligados a premiar al asesino, simplemente
porque es antichavista.

Otro buen ejemplo es la actitud de muchos de las víctimas de Mezerhane y
su Banco Federal. Su grito de guerra fue: “preferimos ser estafados por
el dueño de Globovisión que deberle un favor al autócrata”.

El estado de postración en ese sector es tal, que se cuentan por miles
los que víctimas de la estafa inmobiliaria, prefieren atentar contra el
futuro de sus propios hijos, oponiéndose a que vía expropiación de los
estafadores, el gobierno les garantice la vivienda que han esperado por
años.

¿Qué procede? No tenemos las respuestas, pero algo hay que hacer para
salvar a un sector de la sociedad, víctima de unos pocos dueños de medios
de comunicación, que de la misma forma como los convencen de que Maltín
Polar es una bebida alimenticia ideal para los niños, los inducen a
actuar contra sus propios intereses y al odio extremo contra funcionarios
públicos y ciudadanos.


arellanoa@pdvsa.com


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Alexis Arellano


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