Jhanaly Pérez, una periodista más

Con el último apagón (Viernes 29 de marzo, 7:10 pm) RNV entrevistó a un general llamado Julio Cárdenas, especialista (o por lo menos más ducho que el entrevistador) en el tema de la energía eléctrica y más. Este es un caso típico del papel lamentable que juegan los "defensores de la verdad" repitiendo como autómatas los mismos argumentos irracionales de Jorge Rodríguez o Maduro del sabotaje eléctrico. El periodista (presentador, locutor o lo que fuera) estuvo todo el espacio insistiendo en los "ataques electromagnéticos", mientras el general, que se supone sabía mucho más que él, le explicaba pacientemente que era casi imposible hacer eso sin grandes dificultades, topográficas o geográficas y técnicas. Como fuera el caso, por tierra o por aire, el general dejó ver claramente que no lo podían hacer ser descubiiertos, o los ataques se podían evitar, según lo que explicaba. "¿Y desde la Antártida?" –Insistía el otro –, era imposible concebir un ataque, desde allí con tal exactitud –argumentaba el general –, tal y como lo reclamaba el conductor del programa. Cansado del tema el general Cárdenas se hizo el pendejo y se limitó a manifestar la necesidad de desarrollar fuentes de energías alternativas, y los planes de Chávez en el desarrollo de estas energías asesorados por los chinos, y de la adquisición de las "plantas termoeléctricas" (abandonadas por Maduro en estos seis años, junto al resto del sistema – decimos nosotros). Estos seudo periodistas ¡sí son horrorizables!, mucho más que la señorita Jhanaly Pérez.

El periodismo que se ha generalizado y que se practica ahora en todos los medios del Estado no se diferencia –en el carácter poco reflexivo y en su tono – al de los medios de la derecha, solo cambia el blanco de ataque, que es a lo que sirve; para atacar, descalificar a alguien o a algo, a una causa contrapuesta, y para justificar o defender la propia. Pero lo cierto es que está muy lejos de querer dar con la verdad, pues este seudo periodismo parte de la idea de que ya tiene la verdad en la mano, que con sus métodos de auto convencimiento ya tienen la verdad. Es como un juego. Como se ve aquí, en estas prácticas, tanto la verdad y sus métodos son intercambiables, no muestran nada nuevo o revolucionario. En el fondo gobiernan las oportunidades y nada más. Digamos que si Maro Silva no está ahora mismo quebrando lanzas por Guaidó es por miedo o porque no ha tenido una oferta económica mejor, no por convicciones (y no exagero con lo Guaidó).

Los periodistas con vocación de cambio, de espíritu chavistas, socialistas, ya no están en VTV, o en ningún otro medio del Estado, ni siquiera simples periodistas que ejercen con rectitud su trabajo. La donación del canal Tves es el hito que señala el frenazo de la revolución. El canal Tves Maduro se lo cedió a los Vallenilla para que compitiera de forma comercial con los otros canales, para vender y distraer a la masa inculta, como los demás canales, y para que defendiera a cambio siempre "su causa". La parrilla de Tves es un calco de cualquier televisora privada. Inclusive VTV tiene sus "mañanas de variedades".... hasta ahí llega la imaginación política de Maduro y el madurismo, hasta esa futilidad; hasta "Tvés-Vallenilla" alcanzó el interés de Maduro por la revolución, para ser más exactos.

Chávez, el gran comunicador, supo usar los medios de información y los convirtió en verdaderas armas de comunicación, de crítica y educación con su programa Aló presidente. Luego aparecerían programas como Dando y Dando y la Hojilla, siendo impulsados por ese espíritu crítico de Chávez. Sin embargo, bastó la enfermedad del presidente para que aflojaran y surgiera de nuevo el carácter "mercantil" y circense de los canales y programas (verbigracia Maduro y sus programas, actos públicos, hasta los mismos consejos de ministros, o Diosdado Cabello con sus chistes homofóbicos, sus orquestas, en "nombre de la alegría"…), y el "servil" de sus conductores. Con la muerte de Chávez se desapareció la crítica, los periodistas y políticos más rebeldes o profesionales fueron marginados, comenzaría una jaladera de bolas masiva a cualquiera que estuviera empoderado en el canal y en el ministerio. Aquellos que quedaron, mostraron (y muestran) una excasa vocación revolucionaria e incapacidad política y profesional.

El caso de Mario Silva es emblemático del oportunismo ejercido en los medios de información del Estado, de cómo "reptan" los aprovechadores. El que le haya seguido la "carrera" en televisión y en radio a Silva, se acordará de su radicalismo chavista, de sus críticas extremistas a Diosdado Cabello, sus golpes de pecho por la revolución, y cómo ahora terminó domeñado por él y por Maduro, tildando de traidores a sus antiguos aliados (¿PDVSA?), aborreciendo de su pasado inmediato en la misma medida y ritmo que camban los jefes de ese canal y de la OCI. Sus mudanzas resultan una curiosidad psicológica más que política.

Mucha gente buena pasó por VTV y RNV, y a toda la sacaron o se tuvo que ir por el servilismo obligado a Maduro (¿Se acuerdan de Alberto Nolia?, Jordan, Ronald Muñoz, Erica Sanoja; Vladimir Acosta, los hermanos Laso, Toby y Misión Conciencia, etc.), en nombre de los intereses del Estado (es decir, el Estado soy yo, Maduro, digan amén a todas mis cagadas). Los pocos títeres con cabeza en el canal han sido los más leales a la obediencia. Amorín, homúnculo del madurismo, Mario Silva y –como ustedes pueden ver – Los Roberto, más resbalosos que una gotica de mercurio, a nombre de la inteligencia, viviendo ellos, no tanto el madurismo practicado sino su particular "república platónica". A Maduro le molesta la gente más sana e inteligente que él, es cierto, pero por un formalismo de la administración pública: si eres el presidente del país tienes que ser, per se, la persona más inteligente, y destacarte como sea, comportarte en todo momento como si fueras el mejor y más valiente (JV Gómez lo estuvo haciendo por treinta años y le funcionó). Con tal de que no se salgan de su pequeña república Maduro tolera a Los Roberto: que sigan filosóficos, payaseando, irónicos, incomprensibles, con una mueca de fastidio en la cara, no importa... De los que quedan hay otros conductores y programas, pero no se destacan mucho; incluyendo los noticieros son como un telemaratón de propaganda gobiernera.

En Aporrea se horrorizan porque una periodista de VTV ahora declare desde Miami en contra del chavismo y de Maduro, pero deberían horrorizarse más bien de lo que hacen los periodistas en VTV y en la RNV... O no hacen. Porque en el periodismo, que es una profesión de esas que nacieron por causas muy elevadas, como lo es (entre otras) la búsqueda de la Verdad, en VTV y en la Radio Nacional, bien valdría decir aunque fuera una mentira original, para justificar el sueldo, y no repetir como loros lo que mandan sus jefes… Nada más pretencioso que le paguen a uno por buscar la verdad y que uno no se moleste en decir ni siquiera una mentira… ¡Vagos!

Por eso digo que dejen quieta a esa pobre muchacha ilusa, la cual es culpable solamente de haber estudiado en la universidad una carrera políticamente insulsa y llenarse de sueños faranduleros…. ¡Claro!, distinto sería que ese canal, y todos los demás del Estado, estuvieran hoy llenos de implacables revolucionarios buscadores de la verdad y no antenas repetidoras, remedos de Maduro o Diosdado, o tontos igualmente frívolos, como cualquier otro locutor o periodista chismoso de espectáculos.



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Marcos Luna


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