Recuerdos de un diario ya desaparecido

Requiem de aniversario

Los recuerdos de mi infancia están vinculados a ese gran medio impreso que fuera "El Nacional". Primero, por las historietas que leía, que eran las más prestigiosas de su época y cuyos derechos tenía ese medio impreso, y segundo, por su valioso material de investigación en el bachillerato y de entretenimiento y cultura desde ese tiempo en adelante.

Gracias a este medio, se le dio cabida a los mejores columnistas que haya podido tener su competencia en nuestro país. Constituyeron una pléyade de talentos irrepetible en aquel medio escritores destacados como Miguel Otero Silva, Arturo Uslar Pietri, Ida Gramcko, Gloria Stolk y el "Portero de Caracas" Aníbal Nazoa, con otras diversos exponentes de corrientes del pensamiento que representaran el polémico filósofo Juan Nuño, el agudo Luis Britto García, Roberto Hernández Montoya y Roberto Malaver, amén del humor ligero de Leoncio León y Chevigue Guayke, los exponentes del periodismo de farándula Abelardo Raidi y Aquilino José Mata, y el pionero del periodismo científico Arístides Bastidas, cuya creación, la página científica del respetado medio, fue abandonada poco después de su lamentable desaparición.

Los mejores periodistas que llegaban el fondo de la noticia como Ezequiel Díaz Silva y Vanessa Davies, entre muchos otros nombres fueron los puntales de un periodismo de investigación hoy olvidado, que incomodaba a los Gobiernos dizque "demócratas", que heredaron de las abominables dictaduras el vicio de censurarlo todo. "El Nacional" fue fuente de anécdotas como la de "los 3 cochinitos" que supuso la cárcel del fundador del medio, Henrique Otero Vizcarrondo y sus periodistas en 1950 o de otras generadas por desafiar, sin la estridencia de los medios que se dicen vanguardistas o "defensores de la democracia", las censuras impuestas.

Fue el medio que conservó el mejor estilo de redacción que se haya visto en la prensa venezolana del Siglo XX y que hoy se ve en los medios regionales como un estorbo. Tuvo el mejor suplemento dominical que se rediseñaba cada cierto tiempo, fue pionero en la vanguardia tecnológica al haber sido el primer diario con dos ediciones en dos diferentes partes del país y realizadas con computadora y con artes gráficas que buscan facilitar la lectura. Fue el primer medio impreso con un suplemento humorístico que hizo historia: "El Camaleón". Su "Papel Literario" y su concurso anual de cuentos dio conocer a escritores noveles. Todo ello hizo de "El Nacional" un medio que destacaba entre la mediocridad de algunos de sus competidores, dueños de un estilo populista, ramplón y decadente.

Pero, como dice el baladista, "el amor acaba". Y un mal día, Miguel Otero Silva se despidió para siempre. Pero la sucesión no fue lo que se esperaba: comenzó un lento proceso de declive del ayer prestigioso medio que se aceleró, dicen, cuando empezó a recibir billetes verdes para ponerse al lado de las "eminencias grises" que querían la caída definitiva del Presidente y Comandante Hugo Chávez Frías, a quien los dueños de este medio como otros más, intentaron cortejar o chantajear. En los inicios de esa decadencia, sin embargo, fue víctima del segundo mandato del abominable criminal que fuera el ya desaparecido Carlos Andrés Pérez, cuando en los días de "El Caracazo" fuera su sede invadida por policías y militares y enviado un llamémosle caballero, mediocre docente con un cierto historial oscuro llamado Pedro Pablo Alcántara, a censurar ese medio. Era su director el hoy evadido, desprestigiado y enfermo anclado en Miami, Alfredo Peña quien le hizo frente a las groseras pretensiones de ese gobierno. Después, asumiría ese cargo alguien que tenía el prestigio de ser hijo del inolvidable Miguel Otero Silva, además de matemático y experto en gerencia, Miguel Henrique Otero Castillo. Y se inició la debacle.

Las serias investigaciones que coordinaba el veterano hombre de medios Franklin Whaite en contra de los poderes fácticos, dieron paso al desprestigio de profesionales a quienes los lectores engañados creían criminales como el Dr. Adolfredo Pulido Mora, cuya carrera de neurólogo fue afectada por el escándalo desatado en su contra por una oscura periodista llamada Hercilia Garnica. De esta podredumbre saldría Ludmila Vinogradoff a echarle basura a su propio país en un diario español. Es verdad que El Nacional presentó un innovador servicio interactivo telefónico denominado "Línea N", pero también lo es que hizo surgir un pasquín populista considerado el "hermano pobre" del periódico, llamado "Así es la noticia", dirigido por otra cuestionable y amarillista periodista llamada Ibéyise Pacheco, que apenas duró 9 años, por las pérdidas que reportaba. Es cierto que fue el primer medio venezolano con página Web, pero por desgracia fue uno de los primeros en "cerrar" su archivo digital y cobrar por su contenido. Es cierto que adquirió la franquicia de una gran revista informática llamada "Internet World" pero había que acabarla bien por las "virtudes gerenciales" de Otero Castillo o porque había que darle hasta con el tobo al gobierno del ahora llamado Comandante Eterno. Es verdad que fue pionero en el uso de la figura del Defensor del Lector y en publicar cartas de los lectores, pero su sesgo demasiado evidente mató las dos iniciativas a los pocos años.

Consideré que todavía el medio "de los Otero", como lo llamó un familiar mio, podía ser defendido, cuando un grupo de brujos pretendió "exorcizar" al medio en medio de un desfile pintoresco, hasta el día del golpe que casi nos roba el mes de Abril y la Patria Entera. Entonces, advertí que me equivoqué y juré que nunca defendería empresas y empresarios y que no volvería a comprar el medio que me enseñó a leer y a escribir pero que degeneró al reducirse su tamaño físico e ideológico.

Y ahora, para que nada falte, la prohibición de enajenar y gravar los bienes del señor bautizado como "Bobomán", por deberle un montón de dinero a Alfredo Peña, es lo que termina de coronar no con una guinda una torta enorme de cumpleaños, en un sarao rociado por "buen" whisky sino con una corona grande de espinas, el féretro donde yacen los restos de lo que quedó del medio de marras, lo que constituye la antesala del futuro incierto (si es que la muerte constituye un futuro para alguien) que le aguarda. No sigo más, hace rato que dejó de dolerme esa muerte.

Paz a sus restos, o sea.


Esta nota ha sido leída aproximadamente 2099 veces.



Ramón Jaramillo

Ingeniero Electrónico, creyente en el Socialismo y el Software Libre. Mis temas: Historia, Política, Matemáticas, Física y Música. buenomalo.blogspot.com/

 ramjar@cantv.net      @ramoningeniero

Visite el perfil de Ramón Jaramillo para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes: