Nicaragua: Radio alternativa " La Primerísima" o cómo recuperar el derecho a soñar

Nicaragua y un nuevo tipo de solidaridad internacional…

Director de la radio independiente “La Primerísima” – una de las de mayor audiencia en Nicaragua- William Grigsby Vado, 47, resume una intensa vida militante de casi 30 años y una desbordante actividad profesional. Periodista por pasión; agudo analista de la dinámica centroamericana por vivencia; interlocutor de la cooperación internacional por aprendizaje ya que entre 1997 y el 2003 se desempeño como director ejecutivo de la Fundación para el Desarrollo Municipal *Popol Na*. La situación centroamericana; las tensiones del sandinismo; las prioridades de la solidaridad, afloran así en esta entrevista exclusiva, pocas horas antes de su llegada a Suiza en el marco de un intercambio sur-norte invitado por GVOM (Grupo de Voluntarios de más allá del Mar)y con el apoyo de E-CHANGER, ambas ONG de cooperación solidaria implantadas en Nicaragua desde hace 25 años

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COROLARIOS DE LA REVOLUCION



P: Hace 26 años el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) tomó el poder en Nicaragua. Se plasmaba una de las revoluciones más innovadoras de la historia latinoamericana moderna. ¿Mirando para atrás, que significó esa revolución para la gente? ¿Qué quedó y que se perdió?



R: Creo que hay muchas cosas que hoy forman parte de la idiosincrasia de los nicaragüenses pero que realmente son obra y resultado de la Revolución. Una de ellas es que los *nicas* normalmente dicen lo que piensan y siempre tratan de saber por qué ocurren las cosas. No les basta constatar que algo ocurrió y punto… Y eso no siempre fue así, porque la larga dictadura de Somoza (más de 40 años) se encargó de impedir esa búsqueda de la comprensión y ese lenguaje directo.



Lamentablemente, otras cosas que eran parte nuestra todavía hace unos cinco o seis años, cada vez se están perdiendo más. Sobre todo no se reproducen automáticamente en los jóvenes en tanto valores propios. Por ejemplo, el orgullo de ser nicaragüense. O el espíritu de solidaridad. Ambas cosas, están siendo devoradas por el mercado y la individualización de lo cotidiano.



Pero quizás, lo que más lamento, es que se ha ido perdiendo el derecho a soñar. La gente cada vez se resigna más a su realidad, muchas veces influenciada por grupos religiosos sectarios y el providencialismo fatalista que estos promueven. Y en la medida que no se ejerce al derecho a soñar, se pierde también el deseo de luchar para cambiar…Debemos ayudar a recuperarlo.



LA COMPLEJIDAD DEL SANDINISMO



P: En noviembre 2006 habrá elecciones. La campaña ya está en marcha. ¿Está convencido que las elecciones son el camino idóneo? ¿Cuáles son los retos de esta etapa para el sandinismo? ¿Qué es hoy realmente el sandinismo?



R: Si la contienda electoral es o no el camino para que la izquierda alcance el poder es una discusión resuelta desde 1989, cuando el FSLN, entonces en el poder, decidió convocar a elecciones entendiéndolas como el mejor camino para acabar con la guerra. Entonces, en el cálculo político, no entraba la posibilidad de lo que luego fue la derrota de 1990. Pero de todas formas, la decisión transformó profundamente la naturaleza del sandinismo y su estrategia.



El sandinismo está dividido desde hace muchos años, tal vez incluso desde la propia Revolución. En tanto que movimiento ideológico amplio, más de caracter nacionalista y antiimperialista que socialista, se expresa en una doctrina que convoca desde cristianos conservadores hasta comunistas ortodoxos.

En los últimos años, esa división se acrecentó porque ahora hay sandinistas pobres y sandinistas enriquecidos; sandinistas de izquierda y sandinistas de derecha.



Quizás siempre los hubo, pero ahora es mucho más notorio.

Lo peor es que los sandinistas ricos se tomaron el Frente Sandinista en el congreso de 1998, y desde entonces, el partido que alguna vez estuvo en la vanguardia latinoamericana, se ha transformado en una simple y triste caricatura.



P: Es decir…



R: La dirigencia del FSLN, encabezada por Daniel Ortega, es una cúpula ideológicamente castrada, políticamente oportunista y socialmente corrupta.

Pienso que hoy lo más importante no es si se puede o no ganar elecciones. Primero, es necesario querer ganarlas realmente; segundo, saber para qué se quiere alcanzar el poder; y tercero, contar con una estructura partidaria consciente, democrática, luchadora y con identidad socialista. Cuando uno analiza lo que ahora hace la dirigencia del FSLN, se da cuenta que ni quiere ganar las elecciones (porque tiene poder de veto suficiente en tanto segunda fuerza y principal partido opositor); ni tiene ideas claras sobre qué haría si ganase el gobierno; ni promueve un partido democrático, conciente, luchador y mucho menos socialista.



El desafío más importante para los sandinistas de izquierda, es ganar la conciencia de todos los sandinistas para recuperar el FSLN histórico tal como lo imaginó su fundador Carlos Fonseca. Y luego, lanzarnos a la disputa del poder político por la vía electoral y realizar un gobierno que verdaderamente ofrezca a los ciudadanos soluciones a sus problemas.









CENTROAMERICA SIGUE ESPERANDO



P: En los años setenta América Central explotó. A fines de los ochenta se plasmaron las soluciones políticas-negociadas en esa región. En los noventa, las antiguas guerrillas se debilitaron en Guatemala y El Salvador, y el FSLN vivió, en la oposición, la profundización se su propia crisis. ¿Qué marca hoy la dinámica actual de América Central? ¿Hacia donde es la apuesta de futuro?



R: En la mayoría de Centro América, es el movimiento social, popular, el portador de los sueños estratégicos. Lo vemos hoy en Honduras, Guatemala y Costa Rica, un poco menos en El Salvador, y casi nada en Nicaragua. Pero creo que si el movimiento popular logra a nivel local convertirse en la principal expresión de la resistencia al neoliberalismo y luego eslabona sus fuerzas a nivel regional, obligará a los partidos (sin importar su signo aparente) a tomar posiciones más sensatas, más nacionalistas y menos serviles hacia el poder imperialista de Estados Unidos.



LA INFORMACION INDEPENDIENTE



P: Usted es director de una radio independiente en un país profundamente dependiente... ¿Qué es hoy la radio “La Primerísima”? ¿Cómo logra sobrevivir en el marco de la profunda competencia de mercado sin renunciar a su perfil de medio alternativo?



R: Definimos a “La Primerísima” como una radio al servicio de la gente. Concepto que integra los principios que nos inspiran, desde el antiimperialismo que nos heredó Sandino (Augusto Cesar), hasta la más elemental de las funciones de una emisora en Nicaragua, como es avisar la muerte de una persona, o enviar un mensaje de un familiar a otro que reside muy lejos y no tiene teléfono.



Evidentemente, estamos claros que la radio es también un poderoso instrumento que opera sobre la conciencia de los ciudadanos. En nuestro caso, el poderío se asienta en la credibilidad como medio y en la credibilidad de sus periodistas. Es un primer lugar que nos hemos ganado (y conservamos desde hace nueve años) a pulso.



En este sentido, no tenemos ningún problema de decir claramente que somos sandinistas, que analizamos los problemas como sandinistas, cómo revolucionarios, como profesionales que amamos al país y a su gente. Pero al mismo tiempo somos veraces, exigimos profesionalismo y nos apegamos a los hechos.

Es esa credibilidad, la seriedad con la cual asumimos nuestro papel de comunicadores, lo que nos ha permitido poco a poco ganar un sitio en una economía de mercado, con empresarios recelosos por nuestra identidad política, pero conscientes de que somos una radio muy escuchada, y sobre todo, creída.



P: ¿Qué papel juega la información independiente en esta época marcada, a nivel de medios, por la globalización de contenidos?



R: Lo más importante es tratar de ofrecer un punto de vista que va más allá de las noticias y sus protagonistas. Intentamos de dar a los oyentes no sólo la noticia fría, sino también analizarla, escudriñar sus causas y advertirles sobre sus consecuencias. Y al mismo tiempo, queremos que los oyentes no sólo saquen sus propias conclusiones, sino que también se animen a organizarse y trabajar para cambiar aquellas cosas que les perjudican.



COOPERACION Y SOLIDARIDAD INTERNACIONAL



P: La solidaridad internacional ha vivido su propia crisis en los últimos años. Al mismo tiempo el nuevo movimiento alter-mundialista en ascenso pareciera convocar a los actores sociales planetarios a cambiar el mundo juntos (sin insistir demasiado en la clásica solidaridad del Norte hacia el Sur tan propia de los ochenta-noventa). ¿Que piensa de la Solidaridad hoy?



R: En mi opinión, el apoyo externo más importante es el que propicie las condiciones internas para fortalecer la conciencia de la gente. En otras palabras: educación popular, en todo el sentido de la palabra. Me parece que ese es el gran desafío de los revolucionarios en Nicaragua, y en correspondencia, de la solidaridad internacional.



Habitualmente, este tipo de esfuerzos no gozan de mucha simpatía en determinados sectores de la solidaridad (sobre todo la institucional), porque no hay resultados tangibles, porque no hay foto que ilustre su éxito. Incluso, también en la solidaridad popular, existe suspicacia, porque sospechan que sus esfuerzos pueden ser consumidos por unos cuantos oportunistas. Algo de razón hay, pero creo que somos lo suficientemente inteligentes en ambos lados del océano, como para saber construir mecanismos que garanticen transparencia en la rendición de cuentas y eficacia en el trabajo realizado.

Se trata de sembrar para cosechar dentro de siete, ocho o diez años. Pero seguro, la cosecha será tan abundante, que vamos a producir otra Revolución.



P: ¿Y con respecto a la cooperación material concreta?



R: Es importante puesto que vivimos en un país empobrecido con enormes necesidades de todo tipo.

Pero tan vital es resolver el problema del hambre o de la salud o de la vivienda, como también estimular que la gente involucrada, a ambos lados, ocupe esas obras como un instrumento para cambiar sus conciencias, para ganar respeto en sí misma, para estimular su autonomía, para promover ideas creativas sobre qué tipo de sociedad necesitamos.



Es decir, la solidaridad material debe estar vinculada a la transformación de la conciencia de receptores y donantes.

Me parece que de nada sirve seguir regalando casas, parques, calles, u otro tipo de obras, si, mientras tanto, la gente no va asumiendo su papel protagónico en la transformación de la sociedad de la que es parte.



*Sergio Ferrari

Colaboración UNITE



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Sergio Ferrari/ Koeyú


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