Porque la inseguridad

Lista de asesinos y delincuentes que defienden los médios para luego achacarle la inseguridad al gobierno

Sin lugar a dudas que la mayoría de los crímenes, descomunales robos y el permanente estado de inseguridad que ha venido sufriendo y sufre nuestra sociedad, se sustenta en la vieja política del Puntofijismo, cuyo mayor soporte hoy descansa sobre los medios de comunicación privados.

La inseguridad en Venezuela siempre ha sido un tormento desde 1958. En la época de Juan Vicente Gómez y durante la dictadura de Pérez Jiménez, aunque había hambre, mucha miseria y desempleo, a los homicidas y ladrones se les mataba sin compasión.

En las dictaduras, como la de Rafael Leonidas Trujillo en República Dominicana, por ejemplo, la orden primordial que se le daba a las policías era la de eliminar si contemplaciones de ningún tipo al que robara (por hambre o necesidad), al pobre que matara  por cualquier motivo.

Así, en la República Dominicana de Chapita y en la Venezuela de Juan Vicente Gómez, “¡la seguridad era del carajo!”.

Luego llegó la época de la democracia representativa en nuestro país, con los tribunales tremendamente corrompidos, con jueces comprados o vendidos, con unos cuerpos policiales altamente delincuentes, con los politiqueros dueños de las mafias y de los partidos, y entonces la inseguridad comenzó a coger una fuerza demencial e incontrolable. Las cárceles abarrotadas, la miseria señora y dueña de todos los barrios, la violación a los derechos humanos el pan de cada día.

Los gobernantes convertidos en unos negociantes de partidos, nada podían hacer contra la delincuencia porque ellos eran los supremos capos de la nación, y el ejemplo más notable y notorio de los propios actos más brutales de robos y latrocinios en el país.

Recordemos como CAP creó sus propios grupos de exterminios dentro de la PTJ, en la DIGEPOL y luego en la DISIP.

Aquí vivíamos de horror en horror, de impunidad en impunidad, de matraqueo en matraqueo, de impotencia en impotencia frente al delito.

No hubo prácticamente un solo ser humano durante la IV república, que en algún momento no hubiese sido víctima de un atraco, de una extorsión, de algún secuestro o estafa, de la pérdida por esta vía de algún ser querido. Los ricos mataban para divertirse como ocurrió con el caso de Caramelito Branger; al hijo del ministro de Educación Carbonell lo mataron en un atraco. Al profesor Gauna lo mataron, delante del poeta Alí Lameda en El Cafetal, los hijos de un General; los hijos del dueño de Panque Uno Uno, mataron a tiros a unas muchachas en una discoteca; ocurrió la espantosa masacre en el Urológico de San Román por culpa de un ministro de Relaciones Interiores imbécil (Ramón Escobar Salom) que ordenó se le cayera a tiros a unos atracadores que secuestraron a médicos y empleados de esa clínica.

Se mataba en los campos, se asesinaba y violaba en las playas, en los hoteles, en los bancos, en cualquier barrio, en las calles, y todo el mundo en verdad que vivía cagado. Los verdaderos falsos positivos del universo los crearon aquí los militares y policías de Luis Herrera y Lusinchi.

Nadie estaba seguro en ninguna parte. Y entonces todo el mundo que tenía un poquito de dinero quería irse del país.

Pero así y todo, en aquella época nunca nadie desde los medios de comunicación se había atrevido a defender delincuentes, con todo el descaro del mundo como lo hacen ahora, con el apoyo de conglomerados poderosos como CNN, el grupo PRISA, la SIP, etc.

Eso nunca se había visto, lo que ha dado coraje, audacia y un valor demencial a los supremos jefes de las bandas más poderosas del país: y por eso vemos a españoles y gringos defender con locura a los más grandes delincuentes de nuestro país:

A los que mataron a Danilo,

A la jueza Afiuni que puso en libertad al poderoso ladrón y banquero Edigio Cedeño,

Al grandísimo ladró de Raúl Baduel,

Al mismo Edigio Cedeño,

Al violador Nixo Moreno,

Al ladrón de Manuel Rosales,

Al ladrón de carros Cabeza e´ Motor,

 Al montón de gobernadores ladrones refugiados en Perú: Lapi, Manuit, Didalco,…

A la asesina de Patricia Poleo y al golpista de su padre Rafael Poleo,

A los ladrones de Guillermo Zuloaga, su hijo y Nelson Mezerhane,

A los asesinos militares que provocaron el golpe de Estado del 11-A del 2002.

A los delincuentes como Carlos Ortega y compañía que produjeron el pavoroso paro petrolero del 2003-2003.

Tantos y tantos asesinos, terroristas y ladrones que cuentan con la protección de Estados Unidos. Esos malditos que todos los días nos quieren venir hablar de democracia, de lucha contra el terrorismo, de libertad de expresión y defensa de los derechos humanos.

Que mar tan grande de hijos de puta hay en este planeta y contra todos ellos hay que invertir gran parte de nuestro tiempo, de nuestras luchas, de nuestros recursos.

Qué guerra tan arrecha, Dios mío.



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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

 jsantroz@gmail.com      @jsantroz

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