Lenin y Trotsky vs Estados Unidos de Europa

Lenin y Trotsky continúan siendo, a pesar del tiempo de sus muertes y por muchas razones, dos dirigentes políticos y revolucionarios fuera de serie, almas superiores del conocimiento, vaticinadores de futuro con asombrosa relación con la verdad histórica. Y para que no exista confusión, eso en nada desmerita la grandeza de sus maestros, de Marx y Engels, dos seres especiales de la historia humana y del pensamiento social que se pierden de vista por todo cuanto le legaron al conocimiento y, especialmente, al proletariado, única clase que lleva en su entraña el germen de una nueva humanidad sin clases, sin Estados, sin violencia; es decir, donde se pueda cumplir para siempre el principio de la segunda fase de la sociedad comunista: cada cual trabaja de acuerdo a sus capacidades y cada cual recibe de acuerdo a sus necesidades.

La verdad, dicen, suele tener las patas tan cortas como la mentira las posee tan largas. Sin embargo, el problema estriba, esencialmente, no en llegar primero a la meta sino en saber llegar. Un caso basta para ilustrar esta verdad: en julio de 1917, los bolcheviques, con el apoyo de los trabajadores y los campesinos y una parte de los militares, estaban en capacidad de tomar el poder político en Rusia, pero Lenin los alertó que de hacer eso era sumamente difícil (por no decir imposible) mantenerse en el poder, por lo cual era mejor esperar una nueva oportunidad donde se dieran con armonía las condiciones objetivas y subjetivas para hacerlo. Precisamente, ese momento se presentó en octubre de 1917 y fue cuando Lenin llamó al asalto al poder, es decir, a la insurrección que los llevó al triunfo esperado y deseado.

No pocas veces, para que se confirme una verdad, se necesitan, incluso, décadas o siglos mientras mil y una más mentiras hacen su recorrido, en tiempo récord, por el mundo conquistando ventajas relativas para sus protagonistas. ¿Acaso no pasaron siglos para que un Papa reconociera que Dios no hizo al hombre aun cuando la ciencia lo había demostrado hace tiempo? Pero, como se puede entender al final histórico, se impone la verdad porque las leyes naturales de la dialéctica no pueden ser barridas ni aniquiladas como si fueran un ejército militar destruido en un campo de batalla. La suprema verdad, hasta ahora irrefutable, es que el desarrollo de la historia no depende de la voluntad de los seres humanos sino de factores que le inyectan su textura, su curso y que, en última instancia, son de carácter económico.

Hace casi un siglo hubo una famosa polémica, precisamente, surgida de los malos entendidos, de las tergiversaciones intencionadas e interesadas por otros de dos opiniones políticas: una, de Lenin y, la otra, de Trotsky. Los enemigos, fundamentalmente del segundo, se encargaron de la deformación para tratar de ahondar contradicciones políticas en dos seres excepcionales que nada ni nadie podía evitar jugaran el rol que la historia rusa planteaba en las primeras décadas del siglo XX: uno, el gran teórico de la revolución y, el otro, el gran práctico de la insurrección. Hoy, casi un siglo después, el motivo o la razón de esa polémica es digna de estudiar o reseñar por todo lo que de significación se materializa en la actualidad en la siempre interesante y arrogante Europa. Ser puede decir, sin temor a equivocación de ninguna naturaleza, que si en los países más avanzados de Europa y en Estados Unidos no triunfa la revolución proletaria la transición del capitalismo al socialista en cualquier otra región del planeta siempre estará amenazada por los tentáculos del mercado mundial capitalista sin que se pueda decir, un día en un determinado país: ya no hay marcha atrás, el socialismo ha vencido definitivamente al capitalismo.

En los primeros años del siglo XX todo indicaba que el centro neurálgico de una revolución proletaria se había desplazado a Rusia. Pero los grandes ideólogos del marxismo ruso, fundamentalmente Lenin y Trotsky, creían en la importancia capital de la revolución, para desarrollarse universalmente, en los países altamente desarrollados y, con marcada especificidad, en Alemania, por lo menos, como el primer paso de envergadura internacional.

En la mitad de la segunda década del siglo XX, Trotsky escribió y publicó un artículo titulado “Los Estados Unidos de Europa” donde, entre otras cosas, decía: “Una unión económica de Europa un poco completa, por arriba, como resultado de un acuerdo entre gobiernos capitalistas, es una utopía. En este terreno, no se irá más allá de los compromisos parciales y de las medias tintas. Por eso mismo, la unión económica de Europa, que promete ventajas enormes al productor y al consumidor, así como, en general, al desenvolvimiento de la cultura, es la misión revolucionaria del proletariado europeo en lucha contra el proteccionismo imperialista y su instrumento, el militarismo…”. Agregaba Trotsky, que: “Los Estados Unidos de Europa constituyen, ante todo, una forma, la única que se puede concebir, de la dictadura del proletariado europeo…”.

Lenin también escribió y publicó, se pudiera decir en respuesta a la opinión de Trotsky, un artículo titulado “La consigna de los Estados Unidos de Europa”, donde mostraba su preocupación por la fórmula “los Estados Unidos de Europa”, ya que no había ninguna experiencia de la dictadura del proletariado en un solo país como, igualmente, por la falta de claridad teórica al respecto. Para Lenin, esa consigna, podía originar, en ese entonces, una falsa idea de que la revolución proletaria tenía de iniciarse simultáneamente en toda Europa.

Lenin decía que desde “… el punto de vista de las condiciones económicas del imperialismo, es decir, de la exportación de capitales y del reparto del mundo por las potencias coloniales y , los Estados Unidos de Europa son imposibles o son reaccionarios en el capitalismo”. Lenin agregaba, que “… En el capitalismo es imposible un proceso uniforme de desarrollo económico de las distintas economías y de los distintos Estado. En el capitalismo, para restablecer de cuando en cuando el equilibrio alterado, no hay otro medio posible que las crisis en la industria y las guerras en la política”. Más adelante Lenin enfatiza diciendo que “Los Estados Unidos del mundo (y no de Europa) constituyen la forma estatal de unificación y libertad de las naciones, forma que nosotros relacionamos con el socialismo, mientras la victoria completa del comunismo no traiga la desaparición definitiva de todo Estado, incluido el Estado democrático…”, pero Lenin hace una alerta ante el peligro que esa consigna pudiera “… conducir a la falsa idea de la imposibilidad de la victoria del socialismo en un solo país y a una interpretación errónea de las relaciones de este país con los demás”. Esta parte fue utilizada por el reformismo, el revisionismo y la burocracia para afincarse en la creencia que el socialismo, como primera fase de la sociedad comunista, podía ser desarrollado integralmente en un solo país. Y, además, para tergiversar las opiniones de Trotsky y colocarlo no sólo como un enemigo de las ideas de Lenin, sino como un contrarrevolucionario, agente del imperialismo y enemigo del socialismo. Sin embargo, recortando y deformando lo dicho por Trotsky, no quisieron reconocer que éste había dicho en su artículo, que ningún “… país debe a los otros para empezar su lucha es un pensamiento elemental, que es útil y necesario repetir para que no se pueda sustituir la idea de la acción internacional paralela por la de la inacción internacional en la espera. Sin aguardar a los otros, comenzamos a luchar y continuamos luchando en el terreno nacional, con la certidumbre absoluta de que nuestra iniciativa dará un impulso a la lucha en los otros países”. Es imprescindible tener claridad que tanto para Lenin como para Trotsky, cuando hablan del triunfo de la revolución socialista en un solo país o en algunos países, no se refieren, por nada del mundo, al desarrollo completo del socialismo sino a la toma del poder político y la puesta en marcha de medidas de carácter socialista de transición del capitalismo al socialismo. Precisamente, en contribución a tener claridad sobre ese aspecto, señalemos que Lenin, en el mismo artículo, dice: “La desigualdad del desarrollo económico y político es una ley absoluta del capitalismo. De aquí se deduce que es posible que el socialismo triunfe primeramente en unos cuantos países capitalistas, o incluso en un solo país capitalista. El proletariado triunfante de este país, después de expropiar a los capitalistas y de organizar la producción socialista dentro de sus fronteras, se enfrentaría con el resto del mundo, con el mundo capitalista, atrayendo a su lado a las clases oprimidas de los demás países, levantando en ellos la insurrección contra los capitalistas, empleando, en caso necesario, incluso la fuerza de las armas contra las clases explotadoras y sus Estados…”. Por su parte, Trotsky dice: “Y si esto (la extensión de la revolución a otros países) no se produce, no hay ninguna esperanza (como lo prueban la experiencia de la Historia y las consideraciones teóricas) de que un Rusia revolucionaria pueda resistir frente a una Europa conservadora o de que una Alemania socialista pueda subsistir aislada en el mundo capitalista”.

Al existir la experiencia, la realidad de la revolución proletaria triunfante en Rusia, ya en transición del capitalismo al socialismo, Lenin decía en 1918: “Es una lección, pues no cabe duda alguna de que sin la revolución alemana pereceremos”. Una semana luego dijo: “El imperialismo universal y la marcha triunfal de la revolución social no pueden coexistir”. Otras semanas después, señaló: “El hecho de estar atrasados nos ha empujado hacia adelante, y pereceremos si no sabemos resistir hasta el momento en que encontremos el poderoso apoyo de los obreros insurrectos de otros países”. En 1919, Lenin dice: “Vivimos no en un Estado, sino en un sistema de Estados; no se puede concebir que una república soviética exista durante largo tiempo al lado de Estados imperialistas. En fin de cuentas, una u otros vencerán”. ¿Se equivocó Lenin?

En 1920, Lenin sostenía, que “El capitalismo, considerado en su conjunto mundial, continúa siendo más fuerte que el poder de los soviets, no sólo militarmente, sino también desde el punto de vista económico. Es preciso partir de esta consideración fundamental y no olvidarla jamás”. Y para remate, Lenin enfatizaba con esto: “Mientras subsistan el capitalismo y el socialismo no podemos vivir tranquilamente; en fin de cuentas, uno u otro vencerá…”. ¿Se equivocaron Lenin y Trotsky?

En lo esencial, en lo fundamental, en las opiniones o ideas expuestas por Lenin y Trotsky no se encuentran, ni que le metan lupa discordante, desacuerdos dignos de destacar en relación con la consigna “Los Estados Unidos de Europa”.

Pero ¿qué ha pasado casi un siglo después de la publicación de los artículos de Lenin y Trotsky con el mismo título?

La revolución proletaria rusa, el socialismo soviético y el de la Europa del Este se derrumbaron, dejaron de existir, venció el capitalismo imperialista, Europa continúa siendo conservadora de los intereses del capitalismo y Estados Unidos es la primera potencial mundial del capitalismo altamente desarrollado. Sin embargo, con todos los defectos que se le quieran descubrir o establecer, en Cuba sigue estando el gobierno en manos de los revolucionarios, de los socialistas. Se nombra a Cuba por poner el ejemplo de un gobierno realmente socialista de todos los que existían cuando era una realidad la Unión Soviética y los países llamados socialistas del campo del Este europeo. Nadie está obligado a entender eso como una afirmación de que el socialismo esté construido en Cuba y que no exista el peligro, dicho por el mismo comandante en jefe Fidel Castro, de que el capitalismo imperialista, si le dan papayas, puede hacer fracasar a una revolución por factores como el burocratismo, la corrupción y el aislamiento del mundo capitalista. Gracias, en primer lugar y sin rendir culto a la personalidad, a Fidel, Cuba ha sabido sobrevivir, resistir y superar grandes escollos interpuestos por el imperialismo que han intentado, por todos los medios posibles, hacer fracasar a la revolución cubana.

En verdad, Lenin creyó que la consigna de “Los Estados Unidos de Europa” era errónea en el sentido socialista que se planteaba para entonces y reaccionaria desde el punto de vista capitalista. Lamentablemente, la revolución proletaria no se produjo en Alemania ni en los otros países del capitalismo altamente desarrollado de la Europa de esa época. La actualidad demuestra que sigue siendo una consigna revolucionaria del proletariado europeo. El triunfo de la globalización capitalista y la necesidad de satisfacer sus apetencias han obligado a Europa a unirse desde el punto de vista del capitalismo; es decir, ya existe, sin que quede ni un solo país o Estado por fuera, la Unión Europea que viene siendo lo mismito que Los Estados Unidos de Europa pero sujeta a la ley del desarrollo desigual. Y esa es una consigna correcta para los amos del capital que puede favorecer la lucha revolucionaria si el proletariado europeo rompe con su reformismo, con su conservadurismo, deje de aplaudir cualquier sonrisa de los burgueses y se decida por hacer su revolución proletaria o socialista volviendo ceniza la existencia de fronteras nacionales, para que, como paso importante hacia la revolución socialista mundial, haga realidad la consigna Los Estados Unidos de Europa Socialista bajo la égida de la ley del desarrollo combinado. Eso también tendrá que ocurrir en los otros continentes. Si el proletariado europeo, principalmente, no hace nada por jugar su papel redentor como también le toca al proletariado de los otros continentes, la próxima guerra imperialista, ¡téngase por seguro!, será entre continentes. El desastre y la destrucción de una buena parte del planeta y de una proporción mayor de la humanidad, lo saben los grandes amos del capital, terminará en el triunfo definitivo de la revolución proletaria para salvar lo que quede en un sentido y en el otro.

En todo caso, Lenin y Trotsky ya alertaron sobre ello. Hay que estudiarlos con atención, esmero y pasión por todo el legado que le han dejado al proletariado mundial. Amén del de Marx y Engels, los grandes forjadores de la doctrina marxista.



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Freddy Yépez


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