Honduras, intento de golpe al ALBA y a Venezuela

Ya el asunto se le está poniendo color de hormiga al imperio en su patio trasero, lo que explica en parte este intento de volver a su maniqueo y trajinado hábito de intervenir abierta o veladamente en las repúblicas democráticas que no le son incondicionales. El 24 de junio de 2009, en Maracay, los países adscritos al ALBA sumaron nueve, con la incorporación de Ecuador, San Vicente y las Granadinas, y Antigua y Barbuda, estas dos últimas pequeñas repúblicas del Caribe Oriental.

El ALBA es una iniciativa de integración para los países de América Latina y el Caribe, promovida por Venezuela, que busca la unión a través de un mecanismo económico, político y social. El Presidente Hugo Chávez formuló la propuesta del ALBA por vez primera durante la III Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de la Asociación de Estados del Caribe, celebrada en la Isla de Margarita el 10 de diciembre del 2001.

En la construcción del Alba, se plantean como un asunto de la mayor prioridad las diferencias en los niveles de desarrollo y el tamaño de las economías participantes, por lo que debería incluir:

(a) La generación de instrumentos a través de los cuales se busque no solo que los países “en desarrollo” puedan acceder al Alba, sino que además principalmente esos países pueden mejorar sus conducciones productivas y competitivas;

(b) Respecto a las economías que serán objeto de trato especial y diferenciado, en el Alba, dicha dimensión y el acceso o no al trato especial y diferenciado estaría determinada por variables como población, superficie, producción global y dotación de recursos;

(c) Una identificación de trato especial y diferenciado no solo hacia la totalidad de cada una de las economías, sino también hacia el interior de cada una de ellas, de modo que dicho trato pueda dirigirse a las regiones y sectores que más lo necesitan; y

(d) A diferencia del Alca, la propuesta del Alba incluye mecanismos concretos para superar las grandes disparidades entre los países y el interior de muchos de ellos.

Aún cuando voces agoreras desdicen de las posibilidades de la Integración Energética Latinoamericana, aseverando que “no son factibles al menos en el mediano plazo”, y que “América no logrará la integración energética durante el siglo XXI, lejos de ello, solo desarrollará pequeños focos de conectividad regional”, aseguran que, para el realismo, la conectividad es una forma de avance de las potencias como hegemón o una respuesta de pequeños poderes frente a un súper poder. Para el liberalismo, es una expresión manifiesta de fuerzas que sobrepasa los límites y el control del Estado y más vinculada a las dinámicas del mercado. Para el constructivismo, es la expresión de la voluntad manifiesta derivada de una identidad y de su consecuente interés institucionalizado.

Partiendo de viejos paradigmas, se atreven a negar la posibilidad de una integración energética si no se cumplen previamente las siguientes condiciones, según ellos, idóneas:

  • Fortaleza institucional, especialmente en el marco jurídico;
  • Un libre flujo de inversiones privadas, con una presencia  reguladora del Estado (lo cual a su vez implica una desestimación de la propiedad de las energéticas);
  • Políticas exteriores efectivas y dentro de un marco racional, y
  • Avances tecnológicos y su debida transferencia.
 

Es decir, premisas válidas en el capitalismo liberal, y más allá, en el neoliberalismo. En su afán por desconocer las nuevas realidades en que desembocan los movimientos que indisciplinan las Ciencias Sociales, donde se inscriben las producciones de los Científicos Sociales y figuras de postín del Grupo de Estudios Subalternos Latinoamericanos, Enrique Dussel, Walter Mignolo y Santiago Castro-Gómez, los voceros del neoliberalismo niegan que el ALBA, y con ésta Petrocaribe, UNASUR y el Grupo de Río constituyen una realidad vigente. Aúpan, en cambio, el zarpazo al Gobierno Constitucional de Honduras, la más débil de las repúblicas que integran el ALBA. Y en esa misma línea, manifiestan que lo recomendable es “la iniciativa energética hemisférica”, ALCA, propuesta en la Cumbre de Miami de 1994 con la presencia de 34 Jefes de Estado de las Américas donde se adoptó un Plan de Acción que dio a los Ministros de Energía la orientación para promover  la cooperación energética regional y el desarrollo de políticas y marcos que facilitaran la inversión privada en el sector energético. Dicho Plan, según los neoliberales, activó la Iniciativa Energética Hemisférica que constituye un foro político útil para el diálogo, aunque reconoce que no se ha materializado en medidas concretas más allá de reafirmar los avances logrados en Centroamérica y algunas regiones del NAFTA.

La verdad es que Centroamérica sufre los rigores del despojo de las transnacionales petrolíferas y algunos de sus países han tenido que acudir al ALBA como alternativa válida.

Es esto lo que no tolera el Imperio. El Golpe de Estado en Honduras es una puñalada trapera al ALBA, a UNASUR, al Grupo de Río, a la libre voluntad de la América mestiza  de marcar su propio rumbo. Y es por ello que son los países del  ALBA los que han mantenido a sus pueblos erguidos, en la calle, apoyando irrestrictamente al pueblo de Honduras en su decisión resuelta por rescatar a su Presidente, a su democracia, a su soberanía.

*Economista –Investigador. cepo39@gmail.com



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*César Prieto Oberto

Profesor. Economista. Miembro de Número de la Academia de Ciencias Económicas del Estado Zulia. Candidato a Dr. en Ciencia Política.

 cepo39@gmail.com

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