Goodbye, mister Bush

Goodbye, adiós, hasta más nunca, señor Bush. Ojalá no volvamos a saber jamás de usted. Váyase tranquilo a su bunker- finca a encapillarse y pasar sus ratones o resacas sin que la humanidad y, especialmente los pueblos pobres del mundo,  paguen por esos malos hábitos. Que sus dolores de cabeza, nauseas mortificantes y vapores alcohólicos sólo le induzcan a daños intrascendentes y sobre todo, con efectos nocivos no más allá de su entorno.

 Usted es un personaje tan dañino, egoísta enemigo de la humanidad, tan chovinista y diminuto, que muy pocos días atrás, cuando ya había comenzado la cuenta regresiva para darle paso a Obama y sus maletas hechas estaban, dijo cosas truculentas, de inexplicable mediocridad y repugnancia para quien tuvo tan alta responsabilidad, que cualquiera se aterra.

 Afirmó sin que, como dicen los venezolanos, se le aguase los ojos, "que pueden cuestionarse muchas de las decisiones tomadas. Pero lo que no puede cuestionarse son los resultados. Estados Unidos lleva más de siete años sin un ataque terrorista en su territorio".

 Pero usted, anteriormente confesó que la invasión a Irak, se produjo sin que fuesen verdaderas las razones que esgrimieron para justificarla. Es decir, fue mentira aquello que inventó, amparado en sus mal llamados cuerpos de inteligencia, que en aquel país tenían almacenadas y en proceso de construcción, armas de destrucción masiva. Lo que utilizó para justificarse ante su pueblo, desconocer las obligaciones de Estados Unidos con la ONU y destruir aquel país árabe y entrometerse en asuntos que sólo competían a aquel pueblo, fue una vil mentira suya.

 Es bochornoso haber admitido que a usted le importa un bledo los miles de muertos en la nación musulmana, sobre todo niños, mujeres y civiles en general sin participación directa en las refriegas. Como menos le conmueve la destrucción de ciudades como Bagdad que conservaban gran parte de la milenaria cultura de la humanidad. Tampoco que sus soldados hayan practicado actos de tortura y humillación con aquel pueblo que son imperdonables Y esto lo concluye uno porque no ha sido capaz del sentimiento cristiano del arrepentimiento y confesar sus errores. Sólo le satisface, si es que se puede creer algo en sus palabras, que en siete años no se ha producido en su país ningún acto de terrorismo exógeno. Y usamos este calificativo, porque esa afirmación no es una verdad completa. Revise los archivos, ponga a trabajar a alguno de los inteligentes que le rodean, para que constate que en ese período se produjeron algunos actos terroristas endógenos, sobre todo en las puertas de escuelas. Actos, en gran medida, inducidos por su política de terrorismo internacional y en general por la violencia que ella envuelve. Su pasión por la violencia y el terrorismo, pese a que de eso acusa a todo el mundo, ha enfermado a parte de la población de su país. Y cuando hablamos de Irak, pensamos en Pakistán y en Palestina.

 La gente de buena fe del mundo entero, casi todos los que tiene en la lista como sus enemigos, se alegran que al gran pueblo americano no lo hayan vuelto a herir como sucedió aquel aciago 11 de septiembre. Pero no olvidaremos, como de manera casi indiscriminada y por un odio bien administrado, usted agredió a otros pueblos. La conducta violenta, represiva y genocida del Estado de Israel, es el producto de su aval y conducta.

 Váyase a que le atormenten los fantasmas, sobre todo en los momentos de delirio, de todos los muertos que son de su responsabilidad. Incluso aquellos derivados de lo que usted llamó Guerra Preventiva; nefasto patentado que le permite al gobierno de los Estados Unidos intervenir en los asuntos internos de cualquier país, bajo el falso alegato, que se trata de una amenaza a la integridad y seguridad norteamericanas.  

 Esos fantasmas y esa trampa jaula por usted construida, le llevó a inmiscuirse en los asuntos internos de Colombia, justificándose también falsamente en lucha contra el tráfico de drogas, cuando su país es el mayor consumidor del mundo e importante en la producción de la misma. Y por eso, alentó a sus mujiquitas, como en ese país, a penetrar el territorio ecuatoriano, violando la soberanía, para cometer genocidio, como un balón de ensayo para medir las reacciones. Menos mal que el tiro le salió por la culata.

 E inventó sus crueles cárceles clandestinas y la de Guantámano, donde se procede con total desconocimiento de los derechos humanos y donde tortura y asesinato son prácticas habituales.

 Y cuando ya no le quedaba mucho malo por hacer, desató sobre su país primero y luego el mundo entero, con sus gastos excesivos de guerra y la destrucción masiva, a diestra y siniestra, una crisis por la que le recordarán por mucho tiempo.

 Estamos concientes que apenas hemos hecho mención a pocas cosas que a usted son atribuibles. Para eso está la memoria de la gente.

 No obstante, váyase en paz en lo que a nosotros compete. No será culpa nuestra que los fantasmas le atormenten tanto en los pocos ratos de lucidez, como cuando el delirio le agobie y todavía cuando duerma. Le deseamos que el mal de Alzheimer, antes de tiempo, no le ofrezca la evasión.

damas.eligio@gmail.com





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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

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