¿Para qué sirve la OEA?

Ya en una oportunidad nos formulamos la misma pregunta con relación a la Organización de las Naciones Unidas, a propósito de alguna de esas tantas invasiones que ocurren a diario y sobre las cuales ese altísimo organismo ni siquiera se pronuncia. Verbo y gracia, ahí sigue Israel arrasando Gaza y amenazando con hacer desaparecer del mapa esa Franja con sus habitantes dentro, y la ONU mirando hacia otro lado, porque el asunto involucra al principal socio guerrerista de los Estados Unidos.

Lo mismo podemos decir de la OEA. Aunque muchos se sientan complacidos por el tímido acuerdo alcanzado entre embajadores esta semana para admitir que, en efecto, Colombia violó la soberanía ecuatoriana, la falta de una condena contundente a este hecho deja la resolución como un simple saludo a la bandera. Dudo mucho sobre las expectativas sembradas en torno a la próxima reunión de cancilleres del área para tratar el delicado tema.

Con la presión estadounidense encima, único en expresar en boca de su propio presidente su respaldo a la acción del gobierno neogranadino, no albergo expectativas de que Perú, por citar sólo un ejemplo, se pronuncie para sancionar a su par colombiano, tan cercano y tan parecido a él.

Una OEA que sólo ha tenido guáramo para expulsar de su seno a Cuba, por mandato gringo, pero que no ha tenido la dignidad en cuarenta años de retroceder en esa decisión y desistir de ella, por la infamia y la injusticia que representa, poco puede hacer para enfrentar el descaro y el fascismo de Uribe.

La isla antillana fue excluida de la organización por comunista, por representar una "amenaza" para el continente. En casi cincuenta años después de su revolución, Cuba no ha invadido a nadie, ni incursionado en el territorio de ninguno de sus vecinos, no ha asesinado ni torturado a ningún extranjero y, sin embargo, se le mantiene al margen del organismo regional.

EEUU, por el contrario, en ese mismo período, ha hecho de las suyas, sangrientamente, en Panamá, en Granada, en Nicaragua, en República Dominicana, en El Salvador, en Chile; ha estimulado y respaldado activamente las más criminales dictaduras que durante varias décadas han asolado el continente; mantiene bases militares en casi todos los países latinoamericanos, algunas de ellas, como la de Guantánamo, sirven de escenario para la práctica de horrendas torturas, descaradamente admitidas recientemente como práctica de la "legítima defensa" que tantos beneficios bélicos les ha proporcionado.

De esa OEA, con todo y los giros políticos que se han dado en el subcontinente en los últimos tiempos, no cabe esperar mucho. No olvidemos que, adicionalmente y como si ése fuese un hecho natural, al igual que la ONU, tiene su sede permanente en Estados Unidos. Ese insólito sometimiento, que impide esperar de ambas organizaciones un mínimo de equilibrio, deja mucho que desear de su autonomía.

En la próxima reunión de cancilleres a lo mejor le dan un suave templón de orejas a Uribe, un regañito por su mal comportamiento, pero estoy segura que no habrá ninguna sanción ejemplarizante y contundente que meta en su carril a este discípulo israelí. Como el maleante que es, seguirá haciendo de las suyas.

mlinar2004@yahoo.es


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Mariadela Linares


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