Javier Milei: el peligro de la antipolítica

Comienza el espectáculo. Suenan los estridentes acordes del grupo de rock and roll. El animador convoca a la agitación colectiva y se escucha la fuerza histriónica del candidato de “La Libertad Avanza” para las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias –PASO- de Argentina. Javier Milei, con su melena alborotada que lo identifica con un león, comienza su discurso afirmando que “todos los políticos son unos parásitos” y despierta la histeria colectiva. La temible escena advierte sobre el peligro de la antipolítica.   

En el mundo político y académico se ha establecido un consenso que permite interpretar la antipolítica como la negación sistemática de las instituciones que garantizan la convivencia democrática en el marco de la pluralidad, el disenso, la negociación, el antagonismo y el conflicto. La antipolítica no admite la coexistencia pacífica, propicia el extremo de la confrontación y la eliminación física. De allí que todo retroceso antidemocrático está marcado por la antipolítica.

La antipolítica no es despolitización ni pospolítica. Es una estrategia neoliberal para destruir cualquier posibilidad de transformación social y política que se sustente en la participación colectiva. La antipolítica propugna valores liberales clásicos como la libertad económica sin controles del Estado, el individualismo, la defensa del mercado, recorte de pensiones y jubilaciones, eliminación de la educación pública, la salud pública, la seguridad social y mantener el Estado como gendarme o simple vigilante/protector del hecho privado.

La expresión populista de la antipolítica sustenta su narrativa en la deslegitimación de la democracia y su institucionalidad para sustituirla por la autocracia amparada en el interés popular. La antipolítica germina en medio de las crisis, políticas, económicas y de gobernabilidad.

En las elecciones Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias –PASO- de Argentina, sorprendió como fenómeno electoral Javier Milei. Ganó con el apoyo de un 30% de los votantes. Ganó prometiendo eliminar la educación pública, la salud pública, dolarizar el país, desaparecer el Banco Central de la República Argentina, reducir pensiones y jubilaciones, romper relaciones comerciales con los gobiernos que no comulguen con sus ideas; entre otras propuestas. Ese sorpresivo respaldo popular a su narrativa y su discurso evidencia  una derrota para la política,  ratifica la persistente devaluación de los partidos políticos como estructuras de participación democrática y  la acelerada pérdida de confianza que está sobrellevando la democracia en América Latina. Es una victoria de la antipolítica.

Desde esta perspectiva, el problema no es Javier Milei, no es la persona. El problema no es el “loco” que se disfraza de “rockstar” y se identifica con un león.  El peligro está en lo que representa y se torna más grave cuando tiene como antecedente otros fenómenos similares que han hecho mucho daño en América Latina. El problema está en el crecimiento de esta fórmula de la antipolítica populista que ahora se combina con el espectáculo con el objetivo de tomar el poder político denigrando de la política.

 Si nos ocupan estos resultados es porque nos preocupa América Latina   y lo que sucede con estos movimientos. Es necesario  entender que nuestra preocupación es un síntoma y una advertencia que surge cuando algo está mal. Entonces, ese peligro es responsabilidad de los que han permitido que estos movimientos  aparezcan y se fortalezcan. Estos grupos políticos que están acribillando la política encuentran eco en la población porque hay gente insatisfecha, con expectativas sociales frustradas, con necesidades básicas como alimentación, vivienda y salud insatisfechas, cansadas de reclamar salarios dignos, derechos laborales escamoteados y vivir con una miserable política de seguridad social. .

Javier Milei y su grupo, “La Libertad Avanza”, no es un caso aislado donde se evidencia la mixtura entre el espectáculo y la antipolítica como estrategia para acceder al poder. Esta estrategia se está convirtiendo en una amenaza para la estabilidad política en América latina y su avance depende de la eficiencia y eficacia política de los distintos gobiernos. La incompetencia para el desempeño de la función pública, el burocratismo, la corrupción, la impunidad, la arrogancia política y el abuso de poder se han convertido en el caldo de cultivo para que aparezcan muchos Milei.

Esta campanada nos plantea otra incógnita: ¿HAY UNA ANTIPOLÍTICA DE IZQUIERDA?...



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Darío Morandy


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