Ficción o realidad

Mis contemporáneos contemplaron, tal como yo, las películas televisivas en las que en su mayoría representaban situaciones donde los héroes eran rubios y fornidos estadounidenses. Estos protagonistas emulaban al cowboy, o al soldado, o cualquier personaje masculino presto a interpretar al superhombre exitoso producto de la sociedad capitalista. Entre estos actores se destacó el militar, vigilante de los derechos de los usurpadores de las tierras de los pueblos originarios de Norteamérica. A estos los presentaba la TV como unos salvajes asesinos quienes les cortaban el cuero cabelludo a los rubios invasores. Tal como se mostró en la pantalla televisiva, los buenos eran los soldados vestidos de azul, concentrado en un fuerte ubicado en una zona desértica. Estas milicias siempre estaban dispuestas, por orden del comandante, a defender los intereses de los pioneros protestantes, hombres y mujeres venidos de tierras lejanas de Europa para hacer riquezas. La televisión creó dos prototipos, el héroe, el soldado vestido de azul y el villano, el homicida salvaje, el indígena que le escindían la cabeza al usurpador de su territorio para extraer su cuero cabelludo. Durante mucho tiempo y quizás todavía esa fantasía predomina en las pensadoras de mis coetáneos.

Mediante las películas, el cine y la TV gringa se encargaron de inventar prototipos de héroes y superhéroes. No es coincidencia que en sus vestimentas se destacaban los colores de la bandera estadounidenses, como en Superman, la Mujer Maravilla, el Capitán América…, entre tantos triunfadores. Titanes luchadores contra el mal que perpetuamente acosa a la humanidad. Por medio de esta ficción se inventó el soldado estadounidense triunfador de las guerras que el mismo Departamento de Estado de EEUU propicia, un militar incapaz de "hacerle daño" al enemigo, más allá de matar a mansalva a inocentes. Paralelo al bien, representado por el oficial y soldado yanqui, se creó el representante de mal. Este lo protagonizaba el soldado japonés, el coreano, el chino (todo humano de ojos rasgados); el germano nazi, el ruso eslavo, representante de los comunistas come niños. No fueron estos los únicos prototipos inventados por la fantasía del cine y la TV de USA, además, el barbudo vestido con chilaba y turbante con facciones morunas, delegado del terrorismo musulmán; los afro descendientes, seres propicios para cometer robo y asesinatos; los humanos de facciones latinas dispuestos siempre a traficar con drogas. En fin, la ficción del cine y la TV fueron y son los culpables de generar ciertas fobias, dado que tales fantasías, con el tiempo se convirtieron en realidad que degeneraron y degeneran en ciertas formas de racismo.

La tecnología en sus diversas formas, además del cine y la TV, incorporó nuevos artilugios tecnológicos como las redes sociales, las tabletas, los celulares inteligentes, la TV por cable, la laptop, entre otros que permiten transmitir en "tiempo real" las ficciones a miles de millones de usuarios. Actualmente tales ilusiones son divulgadas por todos los medios de comunicación disponibles, de las cuales muchos de los usuarios no saben distinguir la fantasía de realidad. Mejor dicho, para algunos las ficciones y los fake news se confunden con la realidad y viceversa, es decir, para otros, en oportunidades, ciertas realidades parecen una fantasía.

Lo que está ocurriendo en el planeta pareciera una ficción, donde la muerte de miles de personas se considerara como parte de un video juego. En este entretenimiento entran en acción misiles disparados a miles desde kilómetros y dan con el objetivo con toda precisión; drones con misiles que pueden destruir edificios completos sin importar si hay humanos dentro; armas que ningún cerebro normal puede concebir con un nivel de eficacia impensable, es decir, puede causar cientos de víctimas en pocos segundos; satélites que vigilan desde el universo el paso de las tropas enemigas; países que le entregan inmensas sumas de dinero, las cuales podrían resolver el problema del hambre, simplemente para que otra nación compre más armas para matar civiles y militares; países que le prodigan a otro armas como el mismo objetivo anterior; una campaña anti rusa y anti china que la envidiaría el mismo Hermann Göering. Dicha cruzada no solo pretende coartar la actividad militar, sino también la difusión del arte, negando la posibilidad de la divulgación de la cultura y el deporte de un pueblo que nada tiene que ver con el conflicto. Es el racismo en su mejor expresión. Sin embargo, nada de lo anterior es una ficción ni tampoco una fantasía, es la infausta realidad que estamos viviendo.

Pareciera que lo que está sucediendo es fantasía. No es posible que la muerte, el racismo, el exterminio de culturas, el bloqueo económico que influye en el desarrollo y la calidad de vida de los pueblos se convierta en un arma de destrucción masiva. Qué pasó con los derechos humanos de los pueblos que se están violando ante la mirada impasible de los organismos internacionales, que en muchas oportunidades se hace la vista gorda ante los horrores que se vive actualmente en el planeta. En dónde quedó el Libre Comercio, una de las banderas del capitalismo. Tengo la impresión que la memoria histórica de los líderes europeos está bloqueada y no recuerdan lo sucedido ni en la Primera ni en la Segunda Guerra Mundial. Parece que los dirigentes de la vieja Europa no tienen presente el espanto de Mannheim, Stuttgart, Colonia, Varsovia, Londres, Berlín, Dresde, Manila, Rotterdam… ciudades completamente destruidas durante la Segunda Guerra Mundial. Juzgo que los primeros ministros y presidente de la UE accionaron un botón para borrar de su pensadora a Hiroshima y a Nagasaki, estás dos últimas las peores representantes de la crueldad de los gobernantes, cuya indiferencia por la vida de los seres humanos se hizo palmaria. Es bueno acotar que ninguna ciudad de EEUU ha sido objetivo de ningún blanco de un mortal bombardeo enemigo, a pesar que esta nación entrega dinero, armas y entrena soldados para que otras naciones se vean envueltas en conflagraciones. Conflictos bélicos cuyo único legado es soldados y civiles muertos, huérfanos, viudas, ciudades destruidas, millones de refugiados en busca de países que los acoja, además, fabricantes de armas, políticos y generales enriquecidos a costa de las desdichas de millones de inocentes.

La guerra es repudiable desde todo punto de vista, nada resuelve los conflictos bélicos, objetivos que se pueden lograr en paz sin tener que derramar la sangre de los pueblos y no la de los propósitos de los políticos, generales y comerciantes de amas. Miro con asombro como EEUU y la UE utiliza contra los rusos y chinos los mismos métodos que los nazis esgrimieron contra los judíos. El racismo de nuevo esta resonando en Europa y los organismos internacionales de defensores de los derechos humanos permanecen impasibles. El mundo está viviendo algo que pareciera ficción y la niebla de la guerra se extiende de nuevo por toda Europa, es la realidad. Razón tuvo el cineasta español Luis Buñuel. "La memoria es invadida constantemente por la imaginación y el ensueño y, puesto que existe la tentación de creer en la realidad de lo imaginario, acabamos de hacer una verdad de nuestra mentira". Lee que algo queda.



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Enoc Sánchez


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