España

¡Yo acuso!



Yo sé que pensáis quienes me leéis de vez en cuando que puedo decir y escribir con la exaltación que en otros y otras, pese a sufrir la misma indignación que la mía, se les quiebra antes de exteriori­zarla. Yo sé que pensáis que pueda yo expresarme como lo hago, porque soy muy mayor, tengo 83 años, y difícilmente la justicia puede escarmentarme como desearían esos magistrados del demo­nio. Y así es, pues aunque se atreviese un marchena cualquiera a meterme en la cárcel, yo lo tomaría como una experiencia más de las muchas vividas. Y si en ella alguien por encargo me quitase de en medio, lo misma me da. Son miles las maneras de morir….

Por eso en general no reprocho a nadie nada que no emplee el len­guaje revolucionario que están pidiendo a gritos millones quizá miles de millones de ciudadanos del mundo en numerosos países. Ni tampoco reprocho a nadie un lenguaje escueto y light, no ya el de aquí, en las Redes Sociales, sino ese periodístico que, tratando esta clamorosa afrenta cometida entre jueces y presidenta de la Cámara, me resulta melifluo e incluso cursi al lado del que sería pertinente. Y no se lo reprocho, porque los digitales, aun los de pago, a duras penas se tienen en pie y deben ir con cuidado...

Por eso yo, como Émile Zola en el escandaloso caso Dreyfus, ¡acuso! Yo acuso a la cúpula del poder judicial, a los magistrados del Tribunal Constitucional y a los magistrados de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, de alta traición a los principios en los que malamente se supone se basa la Constitución; de alta traición a una democracia cada día más debilitada, si es que algún día llegó a alcanzar la categoría de serlo. Yo acuso a los políticos de la ultra­derecha y de la derecha de franquistas redomados que vienen per­maneciendo al acecho, encapsulados, desde el día siguiente de la promulgación de la Constitución, en espera de su oportunidad para retornar a España a un engendro de neo franquismo. Yo acuso a la presidenta del Congreso de que, aparentando la personalidad y presencia de ánimo necesarias para la responsabilidad que contrajo en la institución, ha resultado ser miserable consentidora de la causa franquista y servidora de marchena. Yo acuso a todos los políticos de la izquierda falsa durante cuarenta y tres años, y a la ciudadanía que cerrilmente les viene votando sólo porque el Estado les da de comer, de ser ellos esos de los que Einstein decía que son peores que los perversos porque ellos son los que consienten la perversión de los otros.

El caso es que, desde que empezó el juicio oral hasta la felonía de Batet traicionándose a sí misma y traicionando la causa de un par­lamento español que parece más un aquelarre o un prostíbulo de carretera que un apacible lugar de encuentros y desencuentros políticos por el bien de la nación, todo ha sido una cadena de des­propósitos, riadas de mala baba y manifestaciones de mala fe y de la peor de las voluntades. Un lugar donde los ingenuos que empe­zamos a caminar con una Constitución ya de diseño fascista y con una monarquía forzosa que no tardó nada en dilapidarse a sí misma, esperábamos al menos un referéndum más adelante y hemos comprobado que inútilmente; un lugar donde, aun así, con­fiábamos en que fuese posible construir, mejor dicho, levantar un país amenazado por la lava del franquismo, como la isla de La Palma lo está por su volcán, y en el que todos deberíamos ir sorte­ando las cuantiosas mimas enterradas por los franquistas…

23 Octubre 2021


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Jaime Richart

Antropólogo y jurista.

 richart.jaime@gmail.com      @jjaimerichart

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