España: ¡los Borbones!

—Felipe V de España: De la unión de Luis el Gran Delfín y de María Ana Victoria de Baviera, habría de nacer el 19 de diciembre de 1683, Felipe V, primer rey Borbón de España. Felipe V había heredado de su padre —escribe V. Cronin— el carácter lento y pesado. Por su aspecto, era un perfecto austríaco, con su boca siempre entreabierta. Las inquietudes y perturbaciones nerviosas, lo agitaban con frecuencia —escribe Luciano de Taxonera— y su inteligencia aparecía como envuelta y oscurecida. Desde niño, insiste el autor. "Se había que él que había de ser rey de España sufría de intensas crisis de angustia y desaliento". Sufría asimismo de desmayos.

De él escribe Antonio Vallejo Nájera: "Pertenece el primero de los Borbones al grupo de las personalidades psicopáticas que denominan los alienistas hipomelancólicos o deprimidos constitucionales; en el transcurso de su vida sufrió de tres a cuatro crisis depresivas, francamente patológicas. En una de estas crisis depresivas tomó la obsesión de abdicar, obsesión que llevó a cabo para arrepentirse más tarde. Durante sus crisis de melancolía, se veía hundido en las inmundicias de su cama, con un dedo en la boca y la mirada ausente. Interrumpido de vez en cuando por crisis de furor.

Casó dos veces con dos consanguíneas suyas. De su primer matrimonio con Luisa de Saboya (su prima-hermana, por ser nieta de Luis XIV), nacieron Luis I de España y Fernando VI, de su segundo matrimonio con Isabel Farnesio, Carlos III de España.

Las enfermedades de Felipe V se harían patente en dos de los tres hijos que fueron reyes, (Fernando VI y Carlos III) siendo muy probable que el mayor, Luis (1746), fuese un débil mental. Fernando VI (1713-1759), el hijo segundo de Felipe V y de su prima Masía Luisa de Saboya, fue melancólico. Murió loco y padeció de epilepsia.

—Carlos III de España (1716-1788). A la muerte de Fernando VI, lo sustituyó en el trono su hermano Carlos III, quien a la razón reinaba en Nápoles desde hacía veinticinco años. El nuevo rey había de ser, a pesar de su mediocre inteligencia, uno de los más grandes monarcas de España. A su gran experiencia política unía una gran honradez y el deseo sincero de promover la felicidad de sus súbditos. Amaba los avances de la ciencia y toda clase de conocimientos. No escapó, sin embargo, al legado siniestro de sus antepasados.

"Tenemos de este monarca —escribe Vallejo Nájera— un típico ejemplar del psicópata epiléptico denominado por Mauz burótraca solemne, con su característica vacuidad de juicio, perseveración ideativa, prolijidad y beatería rayana en la superstición.

Lo sucedió en el trono de España su hijo Carlos IV. La trayectoria del hijo y del nieto de Carlos III en España, puede resumirse en estas palabras de Emil Ludwing: "La dinastía parece pronta a derrumbarse en España. Un rey envilecido que había llegado a ser hasta el rufián de su esposa; una reina que sólo le faltaba audacia para ser una nueva Mesalina, un ministro pérfido, un hijo y un padre que se odiaban, tanto habían descendido los Borbones en España.

—Fernando VII (1814-1833). Con muy pocas excepciones —anota Ballesteros— todos los historiadores españoles juzgan con severidad a Fernando VII, tanto en lo político como en lo personal. Desde su niñez fue reversado y frío, insensible a todo afecto, incluso al de su padre. De instintos crueles, en su corazón no tuvo cabida la clemencia, De pocas palabras, a sus labios nunca asomaba la risa y raras veces la verdad; pecaba de receloso y de falso y taimado.

Un escritor adverso al séptimo Fernando, lo describía como "un solapado mozo destinado a ser el más funesto e ineficaz de los Borbones". El mismo autor lo hace culpable de la pérdida de las colonias americanas, del atraso en que se sumió España y de la pérdida definitiva de su papel de potencia de primer orden.

"El bellaco sucedió al imbécil", escribe sobre Fernando VII, Salvador Madariaga. Considera a este rey como el más despreciable que ha tenido España (España, pág. 80). Como de menguada condición moral lo califica Altamira. "Era un hombre vengativo, fríamente cruel, desleal, ingrato y exento de escrúpulos.

—Isabel II (1830-1904). En su hija Isabel II continuará la ciclotimia de la familia. No será cruel, ni sanguinaria como su padre, será sólo sensual, alegre y desvergonzada como su abuela María Luisa.

En septiembre de 1847: "Gran escándalo en la Corte". La joven reina Isabel, a quien el viejo reclutador de París (Luis Felipe) ha impuesto como esposo a un ser sin virilidad, trata de compensarse con amantes vigorosos, y como sus ministros no la autorizan para ello amenaza con abdicar. Las cajas del Estado están vacías, cuadrillas de bandidos recorren el país, el comercio y los negocios sufren un marasmo. ¿Cuánto tiempo se dejará maltratar aún el pueblo español?

De ópera bufa o de zarzuela será el tránsito de la hija de Fernando VII y de su prima María Cristina, Isabel II de España. Reina lozana, simpática y frescachona pero, tan deshonesta y casquivana como su abuela María Luisa y su tía Carlota Joaquina.

A los dieciséis años casa con su primo Francisco de Asís, hijo del Duque de Cádiz y nieto de Carlos IV. Con ello comenzó su desgracia. Isabel II no supo sino ya muy tarde el contenido de un documento que enviara Inglaterra a la regente María Cristina, cuando se enteró del futro matrimonio de la princesita: "Inglaterra, jamás dará su apoyo al enlace de Su Majestad con el infante Don Francisco de Asís porque este príncipe está imposibilitado física y moralmente para hacer la felicidad privada de su majestad y la de la nación española. Don Francisco, además de ser un excelente arqueólogo, sufre de vergonzosas tendencias.

"¿Qué te puedo decir de un hombre que la noche de nuestra boda tenía más encajes que yo?

Isabel II es, como su padre. De fuerte e insobornable sensualidad. A los pocos meses de casada, el General Serrano, a quien todos llaman el "general bonito", consuela a la reina de dieciséis años. Como una princesa de leyenda —anota René Luard— sale de noche de su palacio, a veces vestida de caballero, y en unión de cuatro o cinco camaristas, se mete por los tenduchos y bebe vinillos con lechuguinos, pintas de tronío y currutacos. Entre tanto, suceden las crisis ministeriales, los problemas internos, la subida y caída de los reyes vecinos. Isabel, indiferente, vive para sus verbenas y para sus aventuras nocherniegas. Su salida por las calles era recibida con fervor por su pueblo que le tiraba flores, palomas y piropos chiclaneros. En una ocasión le tiraron un balazo, que por poco la mata. Isabel, magnánima, perdonó al frustrado regicida. La reina, como su padre tenía honda raigambre popular en su sensibilidad. Sus gustos eran los de su pueblo. Se observaba en su mesa. Sus comidas preferidas eran el cocidito madrileño, el arroz con pollo y el bacalao con tomates; poco variado menú, al cual permaneció afecta hasta los últimos momentos de su vida.

Así era Isabel II, libre, palpitante, espontánea y llena de gracia y chulería. Sus amantes oficiales, aparte los ocasionales fueron ocho. Casi todos hombres bizarros y bien plantados, a los que sustituía con indiferencia. El día que alguien le dé un papirotazo se desmoronará la realeza… ya verás… Para ella no tardó en llegar ese momento. A los cuarenta años fue derrocada, y tuvo que irse al exilio con toda su familia.

—Alfonso XII (1874-1885). Seis años más tarde, su hijo Alfonso sería llamado a reinar con el nombre de Alfonso XII (1874). Fugaz y triste será la vida de este príncipe. Desde niño era débil y enfermizo, a pesar de que la alegría y la gracia de su madre se le veían en los ojos. "Era un hombre arrogante dentro de su física debilidad —escribe Rene Luard— amoroso, lleno de gracejo, castizo y generoso, como si tales calificativos fuesen la herencia de su madre.

A los diecinueve años se casa con su hermosa prima la Infanta Mercedes. Se aman entrañablemente los dos príncipes. Pero duró el idilio.

Cinco meses después de aquel matrimonio moría la reina de España, dejando un inmenso vacío en su pueblo.

La copla voló por todas partes:

¿Dónde vas Alfonso XII?

¿Dónde vas, triste de ti?

Voy en busca de Mercedes

Seguía el cantar.

Nueve años más tarde moría Alfonso de tuberculosis. Dejaba tres hijas, un hijo póstumo y una joven mujer por regente. Tenía veintinueve años, el rey de España. Ese niño póstumo sería el futuro Alfonso XIII. (Alfonso XII casó en segundas nupcias con María Cristina de Habsburgo, prima de Francisco José).

Terrible fue la noticia para Isabel II, quien a la sazón tenía cincuenta y cinco años (1885). El eco de sus gritos, casi de alaridos —señala Ruard— rebotan contra las paredes del palacio y contra su propia soledad, ya que nunca podrá tener consuelo. Contra aquella soledad que se hizo más profunda cuando vio aparecer, en el umbral de la puerta, la figura flaca, alta y pálida de María Cristina de Habsburgo. Comprendió en aquel momento que había llegado, con la muerte de su hijo, la hora del destierro.

Isabel II murió en el exilio a los setenta y cuatro años de edad (1904). Como su padre, fue víctima de la depresión vital.

—Alfonso XIII (1885-1940). Cuando Alfonso XIII nació, ya su padre había muerto (1885). Malos augurios precedían, pues, su advenimiento al mundo. Otra leyenda también precedía que con él, se acabarían los Reyes de España, Decía la conseja que cuando Felipe II dio un vistazo satisfecho al hermoso panteón de los reyes en El Escorial, donde se alineaban con las bocas abiertas numerosas crípticas funerarias destinadas a sus descendientes y que dijo: "Cuando estén llenas dejará de reinar mi familia. Cuando Alfonso nació tan sólo quedaba una criptica. Quizás por eso, sus descendientes prefieren que Don Alfonso duerma su último sueño muy lejos del hermoso panteón familiar. Póstumo, treceavo y con la última cripta abierta, era demasiado para el mejor destino.

Alfonso XIII, hereda también la sensualidad de aquellos y su gracia chispeante, lo mismo que la cordialidad y la llaneza. En sus convicciones es ambivalente y confuso, rasgo que sus apologistas enaltecen para signarlo como de un gran eclecticismo y tolerancia. Como padre y como amigo fue cálido y extremadamente afectuoso. En 1906 casó con una nieta de la reina Victoria. El mismo día de su boda le hicieron un atentado, milagrosamente salvó la vida.

—Juan Carlos I (1975). Anda por ahí el rey "emérito". Con dinero del pueblo español. Tiene varias cuentas en Bancos del mundo. Millones de dólares y millones de euros. Este malandro, ladrón compró mujeres con millones $ y €. El pueblo español pasando hambre.

¿Por qué la tristeza de Alfonso XIII, antes que ser la expresión de su circunstancia no lo fue de la herencia trágica que aquejaba a sus ascendientes? Su padre fue un depresivo. Murió sin embargo, en una edad donde la constitución maníaco-depresiva no suele dar síntomas melancólicos. Su abuela Isabel II fue una psicópata hipertímica que a la postre expresó la última fachada de las naturalezas tempestuosamente cálidas. El padre de ésta, Fernando VII, en goce absoluto de su poder y profundamente enamorado de su esposa, fue también víctima de la tristeza vital. De la misma forma que la sufriera su padre Carlos IV y su abuelo Carlos III, el hijo del ciclofrénico de Felipe V, el sobrino del Hechizado.

¡La Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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