Presidente AMLO entre la poderosa derecha de todo el país y una velita de izquierda apagándose

1. En las décadas de los años 60 y 70 desde la izquierda radical, un poco marginal, dimos batallas contra los gobiernos de Díaz Ordaz, Echeverría Álvarez y López Portillo; fueron los años de la huelga médica (1965), del movimiento estudiantil de 1968, de la represión de 1971, de la guerra sucia 1972, 73, 74; de la bonanza petrolera, de la nacionalización de la banca. Me correspondió ser detenido por algunos días en 1966 en Mérida por encabezar campesinos en protesta y en 1973 en la ciudad de México –con un grupo de 50 compañeros espartacos- por acusaciones de formar parte de la guerrilla urbana de la Liga 23.

2. Podría demostrarse que con la estrategia del gobierno del PRI, de ofrecer en 1977 mil privilegios a partidos y políticos oportunistas de la llamada izquierda amaestrada, domesticada –pero también a la derecha política- se inauguró la amplia vida electoral en el país. Antes –durante siete décadas- el PRI controló el 98 por ciento de todos los cargos (ejecutivo, legislativo y judicial); a partir de 1977 –con la llamada reforma política- la derecha y la izquierda, que sólo contaban con dos o tres legisladores, comenzó a tener de 30 a 60 diputados, además de grandes cantidades de dinero del presupuesto a disposición de dirigentes.

3. A partir de 1988 el presidente Salinas –para conseguir el reconocimiento del PAN- le entregó una gubernatura y casi la mitad de su poder, dado que él declaró estar ideológicamente más cerca del PAN que del mismo PRI; el PAN por su parte presumía que Salinas –el privatizador de todo- estaba aplicando su programa; fue entonces cuando el PAN se fortaleció. ¿Y la izquierda radical, honesta y no electoral? Se mantuvo en el maoísmo, el trotskismo, el anarquismo, pero poco a poco fue desapareciendo en la medida en que lo electoral crecía con el abundante presupuesto del Estado y del dinero de empresarios. Hoy en la izquierda sólo se ve a la CNTE, un poco al EZLN y a los anarcos, que buscan empujar las escasas movilizaciones.

4. Desde entonces en México sólo existe en política el Centro con López Obrador y la Derecha con el PAN y los empresarios; el pueblo –al que todos halagan- carente de la mínima conciencia política porque sólo se dedica a trabajar, es usado para confirmar o legalizar las propuestas de uno u otro. La casi desaparición de la izquierda no es culpa de los izquierdistas –tampoco de la brutal represión- sino de una iglesia, una escuela, un Estado capitalista fuerte muy capaz para mantener a las masas del pueblo enajenadas, aturdidas en el consumismo y amenazadas en el empleo. En las décadas de los 60 y 70 salimos muchas veces en protestas a las calles, apoyamos huelgas, fuimos solidarios en muchas batallas, pero no pudimos.

5. Lo peor es que tampoco en el mundo, en ningún país, se ha podido destruir el capitalismo explotador y opresor, a pesar de las distintas formas que ha tomado. Y quienes hemos vivido luchando con ese objetivo no vemos –ni con China, Rusia, India, los musulmanes, unidos- que el capitalismo se desplome en menos de 50 años. Por nuestra propia naturaleza tenemos la obligación de resistir a ese sistema tan injusto y desigual, pero nunca en política hay que vivir de ilusiones pensando en que las injusticias acabarán por nuestros deseos. Nuestras luchas pueden aminorar la explotación y opresión, pero para extirpar el capitalismo necesitamos a un pueblo consciente que batalle todos los días.



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Pedro Echeverría


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