Unamuno: desdichada guerra de Cuba

"Sólo Dios es Dios, la vida es sueño y que el sol no se ponga en mis dominios".

—La patria no es sólo la "oficial" ni la nación se confunde con el "nacionalismo estrecho de la burguesa, explotadora del llamado suelo patrio, para mantener el monopolio del cual se han llevado a cabo las más sangrientas guerras y se han teñido de sangre de hermanos las banderas todas". En este ensayo no habla de "intrahistoria", sino de una "historia silenciosa" que acontece, no menos que la "bullanguera", aunque por debajo de ella. Porque el concepto de patria, cuando es verdadero y no patriotero, por estrecho que sea, es un "hecho histórico", no un suceso más o menos pasajero.

A medida que se ensanchas la gran Patria Humana, se reconcentra lo que aquí se llama patria chica o de campanario. Parece como que se busca en el apego al terruño un contrapeso a la difusión excesiva del sentimiento de solidaridad humana. Se concentra la intuición sensible de patria a medida que se abstrae el concepto de ella, lo cual quiere decir que no están en perfecta compenetración y armonía. Y no lo están, seguramente, por culpa de la presión coercitiva y bárbara que se empeñado en casarlas en la Historia según intereses de clase.

Estos hombres tienen un alma viva, y en ella el alma de sus antepasados, adormecida tal vez, soterrada bajo capas sobrepuestas, pero vivas siempre. En muchos, en los que han recibido alguna cultura sobre todo, los rasgos de la casta están alterados, pero están allí. El espíritu de su casta, hubo un tiempo en que conmovió al mundo y lo deslumbró con sus relámpagos, y en las erupciones de su fe levantó montañas. Montañas que podemos examinar y socavar y resolver a la busca en sus laderas de la lava ardiente un día y petrificada hoy, y bajo esta lava, los restos de hombres que palpitaron de vida, las huellas de otros.

Francisco Pizarro en el momento de ir a pasar su Rubicón, traza con la espada una gran raya en la tierra y dice: Por aquí se va al Perú, a ser ricos; por acá se va a Panamá, a ser pobres. Y más tarde, solemne escena en Caxamarca, cuando, previa invocación al auxilio divino, se reparte con gravedad el precio del desagraciado Atahualpa, aquel reposado inca, último testigo de una civilización borrada para siempre por los conquistadores de "aquel infierno del Perú, que con multitud de quintales de oro ha empobrecido y destruido a España", decía Las Casas. Poco después, el leal duque de Alba, sirviendo a su Dios y a su rey, no olvidaba el botín.

En este universo hay diferentes sistemas planetarios, y cada planeta, cada idea, es un mundo a su vez, con su organismo. Cogiéndolas, podemos analizarlas, separar y distinguir sus componentes, es decir, conocerlos, reconstituirlos. De las ideas reflejadas y rellenas se eleva la mente a ideas de esas ideas por abstracción. Al llegar aquí tenemos que traer a cuenta algún hecho que sirva de hilo central a nuestras reflexiones, que seguirán, sin embargo, sin atarse a él, ondulando acá e allá, fuera de maroma lógica, para engendrar en el, la atmósfera de donde vaya surgiendo algún tema.

Y a esta inconciencia se la alaga; de esa masa informe se dice que es lo mejor de la nación; se exaltan las virtudes de esos desgraciados que vegetan y apenas dan señales de vida sino con estallidos de pasiones primitivas. Los crímenes más brutales, más propios de bestias. Cuanto más densa es aquí la población, es más morigerada, y sus delitos pierden en repugnancia y en barbarismo.

"Acabando este castigo comenzaré a prender algunos particulares de los más culpados y más ricos para moverlos a que vengan a composición. De estos tales se saque todo el golpe de dinero que sea posible". Así escribía a su amo y señor desde los Países Bajos el Duque. (Documentos inéditos, tomo IV, pág. 489.)

—La verdad puede más que el palo. Antes romperá la verdad al palo que el palo a la verdad. Y la verdad es lo que se siente. El que, lleno de fe en un principio lo proclama, dice la verdad, aunque su verdad no lo sea para los demás; el que, sin creer en un teorema matemático, lo repite, miente.

¡La Lucha sigue!



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Manuel Taibo


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