Elecciones en México: Retroceso de AMLO y Morena

Este domingo se realizaron la elección "más grande" de la historia de México, en la que se juntaron las elecciones legislativas de medio término con las de 15 gobernadores y miles de intendentes y legisladores y concejales locales: más de 20.000 cargos en total.

En una campaña marcada por una alta participación y una escalada de la violencia política, la coalición del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) retrocedió ante la coalición de la oposición que unificó a los partidos tradicionales del viejo bipartidismo mexicano, el PRI y el PAN, con el PRD.

La violencia política es una constante en México hace años, impulsada por la asimilación al régimen de la corrupción y las bandas paramilitares del narcotráfico. Pero los 89 políticos asesinados, incluyendo 30 candidatos, durante esta campaña representan un punto alto que no se había visto desde el 2000.

Aunque los cargos federales que se votaron son todos legislativos y los ejecutivos son todos locales, el presidente López Obrador fue la figura central de la elección, que fue tomada en gran medida como referéndum sobre su gestión, iniciada hace tres años. Esto le dio un carácter nacional y altamente polarizado a la elección, generando una alta participación del 52%, por encima del promedio histórico de 45% en las elecciones de medio término.

La elección de AMLO en 2018 reflejó el hartazgo del pueblo mexicano con los partidos tradicionales del país. López Obrador ganó la presidencia con el 53% de los votos, su partido Morena obtuvo una mayoría propia en el Congreso y llegó a una mayoría calificada de dos tercios junto a sus aliados.

A pesar de que AMLO mantiene un importante nivel de apoyo, en torno al 60% días antes de esta elección, Morena perdió la mayoría propia en el Congreso. Aunque la coalición que encabeza mantiene la mayoría simple, gracias a su nuevo integrante el Partido Verde (anteriormente aliado del PRI), pierde la mayoría calificada que ejerció durante los últimos tres años y le permitía modificar la constitución.

El retroceso se debe en parte a que la oposición burguesa logró una coalición unitaria que concentró el poder de fuego del empresariado y los partidos tradicionales. Pero también evidencia una creciente desilusión con AMLO, que ha quedado muy lejos de satisfacer las expectativas que generó su ascenso al mando del país.

A pesar de contar con un apoyo social masivo y una mayoría calificada en el Congreso durante estos tres años, no avanzó en los cambios estructurales que prometió en campaña como eliminar la pobreza, la corrupción y la violencia política. Sobre esto último, avanzó en dirección contraria, fortaleciendo a las fuerzas armadas económica y políticamente.

En contradicción con su discurso progresista, adoptó una postura de acercamiento con el ex presidente de Estados Unidos Donald Trump, y mantuvo el grueso de las políticas económicas neoliberales y dependientes acordadas con Washington que aseguran los pagos de la deuda externa y la explotación de las corporaciones yanquis en México.

Encima de esto, la respuesta negacionista de AMLO ante la pandemia de Covid-19 convirtió a México en uno de los países más castigados por el coronavirus. Junto con la crisis económica, la pandemia golpeó sobre todo a los trabajadores y sectores populares, aumentando la pobreza, la desocupación y la precarización.

AMLO encara así el camino transitado por todos los proyectos de centro izquierda que arrancan proponiendo cambios estructurales a favor de las mayorías trabajadoras pero pretenden llevarlas adelante sin medidas anticapitalistas, y terminan asimilados al mismo régimen contra el que se habían postulado, desilusionando a millones y abriendo la puerta al retorno de la derecha tradicional.

La misma elección muestra al PRD llegando al final de ese mismo camino. El partido fundado por el hijo del ex presidente nacionalista Lázaro Cárdenas y el propio López Obrador como alternativa de izquierda contra el bipartidismo del PRI y el PAN, ahora incorporado a una coalición con esos mismos partidos. Mientras tanto, los zapatistas que surgieron como alternativa a la política tradicional con su autonomismo, están protagonizando una gira simbólica por Europa en lugar de ofrecer alternativa alguna al pueblo mexicano.

Tanto el avance de la oposición burguesa como el desgaste de AMLO con su base social, plantean un desafío para los revolucionarios en México: la necesidad construir y postular una alternativa independiente para las y los trabajadores y el pueblo.



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