Alida Merlano cantó bonito y dio una clase de la fea y oscura política colombiana

Alída Merlano tiene una figura hermosa. Quizás por eso, como ella misma lo contó, tuvo una relación sentimental temprana y como obligada, del tipo de las habituales de la gente esa a la cual desde muy joven se vinculó o para mejor decirlo, por lo dicho por ella misma, se asomó. Y una mujer hermosa como ella, con otras cualidades, como un poco de talento y mañas que le permitían comprender y hasta percibir con claridad el camino minado de la sociedad colombiana, tuvo en buena medida el camino abierto hacia el "éxito" temprano. Eso no excluye la como fatalidad que quien, por exceso, descuido o demasiado agallas, tropieza, pueda pisar uno de los tantos explosivos esparcidos por aquí y por allá. Por lo que se sabe y ella lo confirmó, en Colombia por el tipo peculiar de su economía y la fuerza de la mercancía que allá más se exporta, el poder de quienes manejan el negocio y hasta los legales y respetables que suelen ser los mismos, va mucho más allá de la simple relación entre trabajadores y patrón en el campo del capitalismo. Como ella dijo, pareciera estaba sujeta a algo más rígido y exigente que desborda el derecho de las gentes.

Por eso Alida no cantó simple y solamente como suelen hacerlo los sujetos a juicio que se sienten abandonados de sus anteriores amigos, faltos de compromisos morales y sin ninguna obligación de proteger a nadie, sino que en mi opinión dio una clase magistral de la política colombiana. Que tampoco es nada distinto a lo que en este mundo se sabe. Sólo que ella es testigo de primera mano, como "conejillo de indias" que fue.

No se limitó a defenderse simplemente, negar los cargos contra ella, sabiéndose en una audiencia pública y además televisada, sino que hizo un relato pormenorizado de los procederes políticos colombianos; de como las familias allá se distribuyen el poder. Trata de salvarse, pues sus jefes, quienes hicieron de ella lo que es, la abandonan y es más, la convierten de simple cómplice o pieza, en responsable de los actos ilegales de ellos. Son como aquellas familias de la Europa feudal y hasta entrado el capitalismo que manejaban al Estado y a la gente como patrimonio suyo. Es para decirlo con un invento nuestro, un capitalismo enfeudado.

Días atrás, un amigo invisible que, desde Colombia, suele hacerme comentarios y hasta aclaratorias, porque todo el mundo en este mundo intrincado está sujeto a la desinformación, aparte que abundan quienes dan como verdades sus deseos, tanto como ver dictaduras o democracias, según su conveniencia e interés, cuando en alguno de mis artículos toco algo de la vida de allá, me escribió lo siguiente, motivado a algunas cosas que dije en relación a la señora Merlano, "En realidad lo de Alida Merlano no afecta a Uribe, ni a Duque por lo que pueda decir, pues aquí en Colombia, como en muchas partes, la política no es sólo de dos bandos; ese escándalo afecta a la política local de la costa de Colombia donde la familia Char y el clan Gerlein, que son aliados políticos de Germán Vargas LLeras, excandidato a presidente y fundador de Cambio Radical, el partido al paramilitarismo en el pasado. Germán Vargas Lleras, antiguo aliado de Uribe y hoy contradictor de este. Vargas Lleras y Uribe hoy se odian a muerte.

"No dejaron con sus culpas a la Merlano, que de alguna manera mantiene una lealtad entre los implicados, pues todo el mundo sabe de dónde vino el dinero para la compra de votos, pero ni ella ni los demás acusados han señalado ni a Gerlein ni a los Char.

"Lo que afecta a Duque es que se fugó y es un caso emblemático de corrupción que demuestra que Duque poco gobierna y cuando lo hace mete la pata tanto como Maduro; con decirle que hasta hoy nombraron el Fiscal en propiedad y que tenemos todavía un ministro de salud encargado, pues Duque no ha podido tener la gobernabilidad de Santos y le ha tocado salir a conseguirla a punta de puestos aquí y allá".

Si uno compara lo que hay en la largo canto de la Merlano, en el concierto brindado a capella ante una juez venezolana, y en lo dicho por mi amigo invisible, encontrará similitudes, como la destacada participación de familias que manejan el capital y los negocios de Colombia. Ya no se trata, desde la perspectiva venezolana de los habituales apellidos bogotanos o los últimos que a quí más suenan después de los LLeras, López o los Carmago, ni siquiera los Uribe que han dominado con los Santos los últimos 20 ó 30 años de la vida política de Colombia, sino que la declarante pese lo que mi amigo invisible pensó no sucedería, sacó a relucir el rol protagónico, tanto como para poder comprar votos que les asegure control de parte del Estado colombiano a esas familias Char y Gerlein, que según mi amigo y la Merlano confirma, con el poder de sus recursos económicos, controlan la vida de la costa del pais vecino.

Las cifras revelan que uno los países del continente, donde eso es habitual, donde más se abstienen los votantes, es Colombia. Sus presidentes llegan a serlo respaldados por cifras en votos tan insignificantes que aquí serían un filón para que la oposición fundamentase sus consabidas e infundadas formulaciones de "usurpación", sin tener que inventar nada. ¿Cómo será eso cuando se trata de electos al congreso? Entonces, el negocio de la compra y venta de votos en Colombia debe ser muy lucrativo, más si a eso se le agregan las circunstancias socio-económicas de la población humilde.

En buena medida, el coronel Aureliano Buendia, terminó sintiéndose un instrumento de las familias que, desde Bogotá, movían el tinglado de la política y organizaban las guerras entre ellas, donde los muertos los ponían los pobres para ellas recogiesen la ganancia.

Quizás la costa, que tiene una inmensa longitud y pista en veces incontrolable abierta al mundo, es la puerta por donde entran y salen cosas "muy valiosas". Y sobre todo es como un abierto portal para que salga y entre la ilegalidad. Los puertos marítimos de América, fueron los puntos por donde entraron los conquistadores con toda su carga de dominio y de maldad. Y en aquellos tiempos, no habían bases gringas que pudiesen parar a los europeos. Pero también, quizás sea pertinente decir, sirvió para que entrase legal, ilegal o subrepticiamente buena parte de lo bello que de por allá vino. La piratería, crueldad, pillaje, las ideas de opresión, colonialismo de por allá vinieron montados en los barcos y con ellos casi inmediatamente vino lo contrario a fortalecer lo que ya aquí había antes que el europeo llegase, como la solidaridad, libertad, justicia y también el republicanismo y hasta la democracia. La costa es un escenario y puerto de un poder incalculable y lo es para hacer los grandes negocios, pues la capacidad de transportar mercancías por los barcos sigue siendo más ventajosa todavía que por vía aérea y se trata de suculentos negocios ilegales, no hay mejor espacio y puerto que ella. Por eso, "las familias costeñas" con poder, piden su parte y no la de socio menor. Ese tiempo se acabó.

Y eso comienza, no digamos que hacerse realidad en Colombia, o en cualquier parte, sino que ya lo es; pues lo viene siendo desde siempre. Y siendo así, los del llano o la montaña que llevan sus cosas hacia abajo, vía más amplia y expedita para sacarlas hacia donde están quienes consumen masivamente allá lejos y hacen posible que la economía global se equilibre, sienten el peso de las demandas de las familias que en la costa hacen el trabajo de usar el mar para que el trabajo de los primeros vaya a sus puertos de destino. Mientras tanto, las bases y quienes allí están, miran para el lado contrario o simplemente no miran.

Y es curioso, como el gran país del norte, que califica alegremente a cualquiera de narcotraficante, no lo hace con quienes se sabe, todo el mundo lo sabe, lo dice hasta la Merlano, usan sus montañas, valles y hasta llanos para sembrar la hierba y llegan a la costa a aumentar el inventario que ya allí existe y aprovechar la amplitud del mar que se vuelve como cómplice, pese sus habituales noches de luna, viento fresco que sopla incesantemente, las olas que empujan hacia adentro, pero también la soledad natural y hasta estudiada para que sobre todo lo malo se vaya.

Y eso malo, como concepto en fin de cuentas relativo y dependiente, se vuelve de regreso con una enorme carga de poder y bienestar. Pero también produce envidia y "da derechos".

Y de esa historia habló la señora Merlano y lo hizo en forma muy cristalina. En su discurso aparecieron las familias, las de los valles, sierras y de la costa. Porque pese uno crea ver que una familia se enfrente a otra, como que los Vargas LLeras hoy se enfrentan a Uribe, por el control del poder y los negocios, en fin de cuentas son "caimanes del mismo pozo". Ayer estuvieron unidos para lograr sus fines y volverán a estarlo cuando lo crean necesaria para la subsistencia. Como se dice en Venezuela "tigre no come tigre". Y las bases allí existentes ayudarán a que eso suceda.

¿Cuánta frustración sufrió el coronel Aureliano Buendia, por haberse visto envuelto, sin tener que buscar ni ganar en aquellas confrontaciones, en más de cien guerras? Luchó al lado de una de aquellas familias del Partido Liberal contra las del Conservador, para él terminar en el abandono, haciendo pescaditos de metal y recordando cuánto fue engañado, mientras los supuestos rivales llegaban todos los días, a cada momento, después de cada guerra, donde se pierden ciento de vidas, a acuerdos para compartirse el poder y las ganancias. Y al final, "el Coronel que no tiene quién le escriba", perdió su tiempo yendo y viniendo a la oficina postal a constatar no le llegaba respuesta positiva a su solicitud de amparo por "los servicios prestados".

De eso habló la señora Merlano y de cómo resultó una pieza que en su momento se quiso o quiere utilizar para ocultar los delitos de los jefes de familia. Y estas, viéndose en peligro, no tienen dificultades en ponerse de acuerdo para taparse. Habló de la historia de Colombia, la de antes y la de ahora y como ella no es pieza clave de familia alguna, bien pudieran usarle para que pague las cuentas; las resultantes de un trato de las familias de los valles y montañas, las que arruman la mayor carga hacia la costa, con las de esta, que ponen el resto, incluyendo la forma de ponerla viajar a su destino final.

Habló pues de historia de Colombia, no de chismes o politiquería, de cosas insustanciales o crónica policial, lo que sin duda se debe tener reservado. De la historia de la economía colombiana, de una costa que se revitaliza, no por la potencia de su producción pesquera y su hermosa población, sino por lo que tiene que ver con su tradición porteña que lleva y trae cosas de distinta naturaleza y origina un enorme poder que llegado un momento se reclama y se ejerce; y habló también, de algo usual que solemos olvidar, como que en pelea entre caimanes, quien no tenga el poder de sus mandíbulas no debe meterse, pues es natural salga triturado. Habló de la costa, donde piratas y corsarios imponen su ley y de cómo los de allá arriba, si quieren que el negocio funcione deben reconocerles a estos sus derechos. Y estos incluyen la repartición equitativa del Estado; "dando y dando".



Esta nota ha sido leída aproximadamente 1722 veces.



Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

Visite el perfil de Eligio Damas para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes:


Notas relacionadas

Revise artículos similares en la sección:
Internacionales


Revise artículos similares en la sección:
Anticorrupción y Contraloría Social