Sin armas no hay guerras

Son diversas las razones para que se desate una guerra, entre las que podemos destacar el deseo expansionistas de los gobernantes de un país en el interés de robarle las tierras a otro; el apetito de los empresarios de una nación por las riquezas ajenas; el control, por parte de avaros comerciantes, de las rutas de comercio; el anhelo de algunos políticos, coaligados con ciertos negociantes, de establecer en otras naciones un modelo político-económico-social; la imposición de monopolios por parte de agentes mercantiles, cerrando las posibilidades de exportación de productos desde otros países. En general, las causas de las guerras, han sido por lo general por motivaciones económicas, en el afán de los empresarios de países poderosos de tener el control del mercado y las finanzas mundiales.

Para que se produzca una guerra debe existir una asociación criminal integradas por políticos, empresarios y militares con intenciones hegemónicas para invadir, sojuzgar, asesinar a inocentes y destruir otras naciones. Para esto necesitan ejércitos integrados por soldados asesinos capaces de exterminar y masacrar a otras personas inocentes, quienes no tienen nada que ver con los intereses económicos de los protagonistas de estas perversidades.

Aparte de todo lo expuesto en los párrafos anteriores, para que se produzca una guerra deben existir armas letales, armas que sean capaces de arrasar poblaciones completas bajo justificaciones indignas e hipócritas, como es la defensa de la democracia y la libertad; la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo; la defensa de los derechos humanos; el derecho a responder la agresión, la salvaguardia de los valores morales y religiosos; cuando en verdad la única razón de la guerra es la económica. La historia nos revela que desde que aparecieron grupos humanos sobre la tierra se confederaron abominables sujetos para dominar a los más débiles. Para esto se requería inventar armas, desde la más sencilla como el puñal, el mazo, el hacha, la honda, la espada, el escudo, la catapulta, hasta las más sofisticada, tal como las que se inventan y se fabrican hoy en día, capaz de asolar poblaciones enteras.

En los siglos XX y lo que va del XXI, las grandes potencias económicas gastan enormes fortunas en la fabricación de armas letales las cuales, mientras más muertes causen, mientras sean más mortíferas, son más efectivas. La industria de la muerte, es decir, de las armas, se convirtió en grandes corporaciones que generan millones de empleos, a tal grado, que el desarrollo económico de varios países depende su progreso de la fabricación y venta de armas. Por lo tanto, para que se logre perfeccionar y expandir la industria armamentista es indispensable la existencia permanente de conflictos bélicos entre dos o más naciones. Está claro, sino hay un motivo, los fabricantes y vendedores de amas lo inducirán. La triste historia de las guerras en el mundo nos revela diversas conflagraciones, la mayoría motivadas o inducidas por las avaras empresas por el control del comercio de las piedras preciosas (oro, diamante, esmeraldas…), por el robo de petróleo, por la ocupación de zonas de riquezas acuíferas, por el apoderamiento de los lugares donde existen minerales estratégicos para el desarrollo de las industria tecnológica. Para tal fin, las corporaciones de la industria de armas instigan a los gobernantes de dos países para declararse la guerra, obteniendo estas ominosas empresas dos beneficios: la venta de armas y la incautación de las riquezas.

La industria militar, es decir, los fabricantes de armas, mejor dicho, los comerciantes de la muerte, generan ganancias del orden de miles de millones de dólares, siendo EEUU el mayor fabricante y vendedor de armas, los demás están ubicados en Europa y en Asia. Veamos los cinco fabricantes de armas letales del mundo, que eufemísticamente de denominan "empresas de defensa": Lockheed Martin (EEUU), Boeing (EEUU), Bae Systems (Reino Unido), Raytheon (EEUU) y Northrop Gumman (EEUU). Como se observa, la mayoría de estas fábricas están radicadas en el USA, las cuales, todas unidas, obtienen ganancias por ventas por el orden 160.000 millones de dólares. Como se nota, el carácter belicista de estas naciones. Para vender armas se necesitan guerras, en caso contrario declina la economía de los países productores de amas. Cinco países exportan el 75 % de armas en el mundo, estos son: EEUU, Rusia, Francia, Alemania y China. No es una casualidad que los países mayores importadores de amas sean los países del Medio Oriente como Qatar, Emiratos Árabes, Arabia Saudita, Egipto, Israel…Las grandes potencias económicas crean el conflicto para venderles las armas.

Evidentemente la guerra, es decir, la muerte a mansalva, es un negocio y cada día los científicos formados en prestigiosas universidades de EEUU y la UE se consagran a fabricar todo tipo de armas, desde la más sencilla como la pistola, hasta las más mortíferas como las bombas nucleares. Pero existe un menú letal que los fabricantes ofrecen al mercado de consumo que apunta hacia la armas de destrucción masiva. Los fabricantes y los compradores de armas ya no se conforman con observar, mil o dos mil soldados muertos sobre los campos de batalla, lo que más interesa ahora son las armas de destrucción masiva como las bombas atómicas, como las lanzada por EEUU a Hiroshima y Nagasaki contra las población civil, lo cual causó casi trenecitos mil muertos en cuestiones de segundos. A esta arma letal debo agregar las armas químicas como el napalm, aquellas que aprovechan las propiedades las armas químicas para matar, herir e incapacitar; las armas bilógicas o bacteriológicas, aquellas que utilizan un agente patógeno como bacterias, virus o cualquier otro organismo que causen enfermedades. Pero a este menú debo adicionar las armas de sensores fusionados, la bomba termobárica, misil balístico intercontinental las municiones de uranios empobrecidos.

Pero los canallas capitalistas, los fabricantes de armas, no se cansan y parecen dispuestos a acabar con la humanidad y con el planeta. En su afán de almacenar más riquezas el enclave financiero-militar-mediático continúa incitando a los científicos y a los centros de investigación a inventar nuevas armas de destrucción masiva como son las armas de la cuarta generación. Modernamente se habla de armas cibernéticas, destinadas a realizar funciones ofensivas o defensivas que se materializan en un ataque y tienen por finalidad el daño intencional, con resultado de la destrucción de cosas, violencia entre las personas, disfuncionalidad o destrucción, temporal o permanente, de redes sistemas y equipos. A esto debo agregar la guerra financiera o guerra económica, la que comenten los países poderosos o capitalistas que a través de la manipulación de las finanzas y la economía busca apropiarse de las riquezas. El fundamento de esta nefasta guerra sin pólvora ni cañones, es empobrecer al país vilmente atacado para causarle una devastación social. Ciertamente, los causantes de la guerra financiera busca el control de los medios de producción, de la fuerza laboral, de los recursos naturales y de las instituciones de un territorio sin necesidad de la conquista militar.

Como se ve el capitalismo se ha valido y se vale de cualquier tipo de armas señaladas en los párrafos anteriores para sojuzgar y aniquilar a los pueblos. Esto lo han hecho los avaros imperios y al presente lo hacen los países capitalistas, cuyo único objetivo es el control del comercio mundial.

En la actualidad el gobierno de EEUU y sus vasallos de la UE están exhibiendo y promoviendo por Europa y Norteamérica un arma de destrucción masiva presentada como "White dog", también conocido como Guaidó. Este sujeto peligroso es una creación imperial, una especie de ponzoña o bacteria peligrosa, que ha infeccionado la política nacional e internacional. Algo así como un virus de laboratorio cuyo único interés es destruir la economía de un país, sin importar las desgracias que su virulento accionar causen a las grandes masas. En verdad, Guaidó es un ser anodino, algo descerebrado, lo cual le permitió a los publicistas y a los sicólogos especializados influenciarlo de tal manera que este solo actúa bajo la dirección de sus amos, en este caso, el Departamento de Estado. Esto es lo que lo hace peligroso.

Voy a terminar el artículo con un párrafo tomado de una carta enviada por George Jackson a un amigo. La misiva la copié del libro "Soledad Brother. Cartas en la prisión" cuyo autor es el nombrado, un preso de afrodescendiente quien permaneció por muchos años en una cárcel de EEUU (San Quintín) y murió, en mano de sus carceleros, privado de libertad en "extrañas" circunstancias: "Medita por un momento en esto (a su amigo Robert; aclaratoria del autor de artículo): un colonizador, un usurero, el ladrón original, un asesino por provecho propio, un secuestrador de esclavos, un productor de cañones, de bombas, de gas venenoso, un parásito egocéntrico, el verdadero lengua de horquilla, el excéntrico sujeto, está tratando de convencernos de que debemos ajustarnos a su deformación, de que debemos parecernos a él, de que si no lo hacemos seremos ¡atrasados, subdesarrollados, rústicos! Esto es extraño y contradictorio". Lee que algo queda.



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Enoc Sánchez


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