Memorias de un agente secreto

Cómo dividimos a España

A uno pueden gustarle las flores ¿a quién no? pero en Girona los catalanes exageran: era mayo de 2016 y la ciudad celebraba su Fiesta de las Flores, donde más de un alérgico al polen ha muerto de shock anafiláctico. Toda una tarde viendo composiciones florales por los jardines y calles empedradas de la ciudad vieja. El día anterior visitamos la colección de automóviles antiguos de Salvador Claret, por los lados de Vallcanera, que exhibe ejemplares interesantes. Pero en general la semana había sido aburrida o, como dirían los españoles "un coñazo" porque, todo hay que decirlo, lo peor del servicio secreto es la espera. Éramos un equipo mixto ruso-venezolano, y nos aburríamos como ostras en una villa alquilada por los lados de Santa Coloma, donde esperábamos instrucciones de Caracas y Moscú. Los eslavos tocaban piano y jugaban ajedrez, los criollos jugábamos truco y dominó; todos bebíamos con moderación profesional, es decir, muy poco.

Finalmente apareció un viejo afinador de pianos a ofrecernos sus servicios, y dejó caer la frase: "en Catalunya hace calor, pero en Siberia hace frio". Dejamos escapar exclamaciones de alivio: era el contacto que esperábamos. El viejo afinador se despojó de su disfraz y resulto ser Salazar el espía, un margariteño veterano de la KGB, leyenda viviente de los servicios especiales. Le ofrecimos nuestra mejor botella de vino y nos sentamos a escucharlo.

"Putin y Maduro, explicó, han decidido separar a Catalunya de España, como jugada geopolítica para apoderarse de su producción de embutidos, especialmente chorizos y butifarras, para así golpear a Madrid e, indirectamente, a Washington y la OTAN. Será una tarea fácil porque los catalanes siempre han sido maltratados por Madrid, y porque Rajoy está desprestigiado y se desprestigia cada día más. En efecto, desde que ‘Don Mariano’ le dio la espalda a Esperanza Aguirre con su mega-proyecto de Euro Vegas y ésta se vengó delatando (por persona interpuesta) los chanchullos del partido de gobierno, el ejecutivo español lleva más de mil denuncias de corrupción, por una suma de que supera los mil millones de euros…"

Salazar el espía terminó su copa de Grans Muralles, alabó a Barberá ("las tierras vinícolas y no la eterna y hoy difunta alcaldesa de Valencia por el PP durante 24 años" aclaró) y siguió explicando: "Los catalanes no tienen nada contra España ni contra los españoles, pero tienen todo contra Madrid y la Monarquía porque –como pueblo laborioso- le molestan sobremanera los ladrones y los zánganos. Y ahí está el secreto y el éxito de nuestra operación: el movimiento independentista será horizontal, encabezado por la ahorrativa burguesía catalana, harta de pagar más del 20 % del botín que Rajoy y sus 400 ladrones se roban y esconden en paraísos fiscales".

Salazar llenó su copa, se deleitó con el aroma, bebió un buen sorbo y retomó el hilo: "Tenemos la ventaja de que, en Catalunya, a diferencia del país vasco, no hay un partido acomodaticio como el Partido Nacionalista Vasco, permeado por los servicios secretos británicos desde la segunda guerra mundial, ni personalidades furiosamente anti rusas y anti venezolanas como Anasagasti. El único partido nuevo propiamente catalán era Ciudadanos, que ahora compite con Falange por el Premio Guinness de neo franquismo remozado. Los partidos del estatus, PP y PSOE se autoexcluirán del proceso independentista y el hoy famoso Podemos, que no sabe en qué palo ahorcarse, tratará sin éxito de proponer alguna ambigüedad y saldrá con las tablas en la cabeza".

"Nuestra tarea, explicó Salazar, es aprovechar las famosas Fallas de Valencia, en marzo 2017, para introducir unos dos mil agentes rusos y venezolanos que deberán intoxicar a los catalanes con la idea de la independencia, hasta producir el rompimiento con Madrid. Utilizaremos el vodka y las arepas como instrumentos de penetración cultural. Nuestro aliado secreto será la Unión Europea que, a pesar de todas las declaraciones que emita a favor de la unidad de España, sueña con tener de socio a una Catalunya productiva separada de España, esa monarquía bananera, museo del horror del subdesarrollo".

Salazar encendió un habano y concluyó "Una vez que echemos a rodar el proceso independentista, sólo habrá que esperar la ruptura violenta por parte de Madrid, y la represión de Rajoy, que terminará nuestro trabajo. ¿Alguna pregunta?"

Irina, la bella agente rusa, dijo lo que todos teníamos en mente. "¿Qué nos garantiza una ruptura violenta? ¿Cómo podemos estar seguros que Madrid no buscará alguna forma de acomodo, alguna alternativa federalista, un mal arreglo que evite un buen pleito, algo que evite el choque?". Salazar sonrió, sacudió la ceniza de su puro y explicó: "Marx dijo que no se debe olvidar el papel de la estupidez en la historia. La intransigencia es el material de que están hechos los Borbones, y Rajoy es, con mucho, el más estúpido de los políticos europeos. Lo prueba su apoyo incondicional a la escuálida e impresentable oposición venezolana: para él Catalunya es una Venezuela más. Fue así que España perdió América y así perderá Catalunya, a fuerza de estupidez o, como diría Quevedo, "con necedad a prueba de mosquete". Y ahora, a trabajar, que tenemos una gran tarea por delante. Para el año que viene, 2017, Rusia y Venezuela dividirán a España, chorizos y butifarras romperán el bloqueo económico de Venezuela y mejorarán la insípida dieta rusa. Palabra de Salazar el espía".

Sonó el teléfono, descolgué con desconfianza el auricular y escuché una voz desconocida que decía: "Gila al aparato. ¿Está Salazar el espía? Que se ponga…"



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Eduardo Rothe


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