Trump, léeme, por favor

Siempre he sostenido en mi condición de periodista, como lema propio, que todos los que nos hemos dedicados a lo largo del tiempo a ejercer esta noble profesión tenemos el deber, por demás ineludible, y como meta en la vida, abogar en cada instante, en cada minuto, por la paz en el mundo.

Desde luego, un verdadero Comunicador Social, que se aprecie de serlo, igualmente está llamado a luchar porque haya un claro entendimiento entre los pueblos, con plena justicia, a objeto de lograr la felicidad que todos merecemos.

Es por ello que hoy, presidente Trump, le escribo directamente a usted que es factor fundamental, de manera directa o indirecta, de todo lo que pasa en mi amado país, como lo es Venezuela, y más allá de nuestras fronteras.

Sepa usted, presidente Trump, que incluso y en lo personal me alegró mucho, en un principio, saber que usted resultó electo como nuevo presidente de EE.UU, debido, básicamente, a la mala experiencia y al trato injusto que le dio a mi país su antecesor, Barack Obama, errado representante del grupo de los demócratas.

Como hecho curioso, presidente Trump, debo manifestarle que aún no entiendo que su contrincante, en las elecciones presidenciales, sacó muchos más votos que usted, y aún así su merced es el nuevo presidente de la potencia más grande del mundo.

Pero en fin, allá el pueblo norteamericano que se ha adaptado a ese sistema electoral, por demás extraño y sin un claro sentido de la verdad y de la lógica, que en el caso nuestro, respetamos.

Si presidente Trump, hoy le escribo, y espero que me lea, que me lea, por favor, porque para mí no hay ningún inconveniente que usted sea un verdadero amigo, siempre y cuando esos demonios amenazantes, que afloraron de sus labios, dejen de ver como un enemigo a mi Venezuela.

A lo largo de su trayectoria he podido notar –presidente Trump- que usted ha sido exitoso, emprendedor, conocedor del mundo empresarial y sobre todo, hasta donde tengo conocimiento, un buen padre.

De todos es sabido, presidente Trump, que usted siempre ha sido afamado, un hombre ligado a los medios, que ama a sus hijos, y creo, si los tiene, también a sus nietos. En eso coincidimos porque igualmente yo amo a los míos, con sobrada pasión, pero le soy sincero, ahora vivo preocupado por su futuro, ante la amenaza que usted –de manera irracional- le profirió a mi país.

No creo presidente Trump que usted desee pasar a la historia como sus dos últimos antecesores, sobre todo como George W. Busch, que bañó de sangre y enlutó a múltiples pueblos, sin ninguna razón, ni fuerza, en diversas regiones del mundo.

Si presidente Trump, le recuerdo que sobre su amada nación la historia y la justicia aún le reclaman, después de tantos años, el hecho de haber lanzado las dos bombas atómicas contra el pueblo de Japón, que merecidamente requería de unas nalgadas por la ofensiva militar sorpresa que emprendió contra la base naval norteamericana de Pearl Harbor, en Hawái.

De verdad no entiendo presidente Trump que ahora Venezuela es un enemigo de su vasto imperio, después que llevamos más de 100 años suministrándoles, además de talento humano y múltiples minerales, el "néctar negro" que tanto necesita el pueblo norteamericano, para gozar de una vida placentera y digna, como se lo merece.

Le aclaro presidente Trump, Venezuela no es ni será jamás enemiga de EE.UU, porque déjeme decirle, si algo tiene de bueno mi país, que son muchas cosas, es que sabemos apreciar a nuestras aliados, a nuestros socios, pero eso sí, hoy en día con reglas claras.

Presidente Trump, usted no puede olvidar que Venezuela forma parte de esa América Latina que tantas riquezas y goce le ha dado al pueblo norteamericano. ¿O a caso olvida que en nuestro Continente nacieron los ritmos más candentes de la música, del baile y del son, como la salsa y lo más romántico, como el bolero?.

No crea presidente Trump que no estamos conscientes del riesgo que corre mi país ante semejante amenaza que usted citó, de manera directa, para atacarla e invadirla.

Desde luego Venezuela no cuenta, ni creo que contará en un futuro, con armamento atómico, que le permita enfrentar a su ejército de tú a tú, porque además -déjeme decirle- estamos en contra de la guerra, y por el contrario nuestra gloria es promover la paz en el mundo.

Lo que sí le puedo asegurar, presidente Trump, que si el imperio que usted representa se atreve a posar su bota invasora en suelo venezolano sobrarán millones de alma de mi patria para enfrentarlos, pues es preferible morir mil veces con la frente en alto y llenos de gloria, que andar por el mundo sin dignidad y con el rostro bajo.

Le recuerdo que somos una estirpe que desciende de un ejército libertador, más no guerrerista, como no los enseñó el padre de la patria, Simón Bolívar, y más reciente el comandante eterno Hugo Chávez.

Le pido presidente Trump, que sea razonable, que sea inteligente, que sea comedido, evítele al mundo más dolor y pena. Utilice los encantos, el diálogo, pues aún están vivas las heridas que generaron en muchas sociedades del mundo la irracionalidad, la soberbia y la falta de humanismo que les faltó a anteriores presidentes de su país.

Los enemigos de EE.UU –insisto- no están en Venezuela, están en las mentes de quienes se desviven por promover las guerras y la división de los pueblos.

Sepa presidente Trump, finalmente, que aquí en Venezuela usted cuenta con verdaderos amigos y no necesariamente son todos de la oposición.

*Periodista

italourdaneta@gmail.com



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Ítalo Urdaneta

Periodista, historiador y profesor universitario

 italourdaneta@gmail.com

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