Pedagogía política

La corrupción de la política

I

La fuente originaria del siguiente análisis parte de las 20 tesis políticas del maestro Enrique Dussel[2], quien ha dedicado más de 50 años al estudio y producción de conocimientos en ésta y otras áreas del conocimiento humano. Dussel fue ganador en 2009 del Premio Libertador al Pensamiento Crítico, con su obra Arquitectura II. Es un dechado de erudición en el campo de las ciencias sociales y, muy particularmente, en el ámbito de las relaciones de las comunidades de Latinoamérica y el mundo con los órganos de poder. Sugiero a los lectores que no estén familiarizados con el lenguaje aquí utilizado, que lean con mucho cuidado, entre líneas, y seguro que interpretarán cabalmente el mensaje aquí contenido.

II

La corrupción originaria de lo político, que Dussel denomina el fetichismo del poder, consiste, como él mismo lo expresa, en que el actor político (los miembros de la comunidad política, sea ciudadano o representante) cree poder afirmar a su propia subjetividad o a la institución en la que cumple alguna función (de allí que pueda denominarse “funcionario”, “sea presidente, diputado, juez, gobernador, militar, policía), como la sede o la fuente del poder político.

Entiéndase, en consecuencia, que el poder que se abroga el Jefe del Estado, el Presidente del Poder Legislativo, el diputado, el alcalde, el concejal, el militar, el policía, es un acto de corrupción política, ya que está usurpando un poder que no le es propio, porque ese poder, la soberanía, como lo manda la Constitución Bolivariana, reside en el pueblo. De allí la expresión de que el mandatario debe mandar obedeciendo la voluntad del pueblo.

III

Y es así, porque el artículo 5 de nuestra Carta Magna, lo expresa con toda claridad: Articulo 5: La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien la ejerce directamente en la forma prevista en esta Constitución, y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el Poder Público. Los órganos del Estado emanan de la soberanía popular y a ella están sometidos.

De esta manera, por ejemplo, el Estado se afirma como soberano, última instancia del poder; en esto consistiría el fetichismo del poder del Estado y la corrupción de todos aquellos que pretendan ejercer el poder estatal así definido. Y es que, como se ha señalado, la soberanía no reside en el Estado. Si los miembros del gobierno, por ejemplo, creen que ejercen el poder desde su autoridad auto referente (es decir, referida a sí mismos), su poder se ha corrompido.

IV

¿Por qué? Porque todo ejercicio del poder de toda institución (desde el presidente hasta el policía) o de toda función política (cuando, por ejemplo, el ciudadano se reúne en cabildo abierto o elige un representante) tiene como referencia primera y última al poder de la comunidad política o del pueblo en sentido estricto. El no referir, el aislar, el cortar la relación de ejercicio delegado del poder determinado de cada institución política con el poder político de la comunidad (o pueblo) absolutiza, fetichiza, corrompe el ejercicio del poder del representante en cualquier función. ¿Qué hacer, en consecuencia? Las consultas al poder popular deben ser recurrentes, cada vez que se considere necesario y un número importante de ciudadanos lo exija. Esta prédica fue constante durante el ejercicio presidencial de Hugo Chávez, quien llevó la soberanía popular a su máxima expresión, jamás antes vista en Venezuela. Nunca como ahora hemos visto el ejercicio del poder por el pueblo mediante el ejercicio del mismo en las Juntas Comunales, en las Comunas. Las 14 leyes puestas a disposición del pueblo para que ejerza su soberanía a través del Poder Comunal, constituyen una expresión inequívoca de la intransferibilidad de la soberanía popular.

Dussell insiste en que, en estos casos, la corrupción es doble: del gobernante que se cree sede soberano del poder y de la comunidad política que se lo permite, que lo consiente, que se torna servil en vez de ser actora de la construcción de lo político (acciones, instituciones, principios). El representante corrompido puede usar un poder fetichizado por el placer de ejercer su voluntad, como vanagloria ostentosa, como prepotencia despótica, como sadismo ante sus enemigos, como apropiación indebida de bienes y riquezas. No importa cuales aparentes beneficios se le otorgue al gobernante corrompido, lo peor no son los bienes mal habidos, sino el desvío de su atención como representante: de servidor o del ejercicio obediencial del poder a favor de la comunidad se ha transformado en su esquilmador, en su “chupasangre”, su parásito, su debilitamiento y hasta extinción como comunidad política. Toda lucha por sus propios intereses, de un individuo (el dictador), de una clase (como la burguesa), de una élite (como los criollos de una tribu, los amos del valle, herederos de antiguos compromisos políticos son corrupción política.

V

El campo político

Todo lo que denominamos político (acciones, instituciones, principios, etc.) tienen como espacio propio lo que se llama campo político (los cuerpos legislativos constituyen los escenarios por excelencia ese campo político). Cada actividad práctica (familiar, económica, deportiva, etc.) tiene también su campo respectivo, dentro del cual se cumplen las acciones, sistemas, instituciones propias de cada una de estas actividades.

Dussell utiliza el concepto de campo en un sentido aproximado al de Pierre Bourdieu[3]. Esta categoría permitirá situar los diversos niveles o ámbitos posibles de las acciones y las instituciones políticas, en las que el sujeto opera como actor de una función, como participante de múltiples horizontes prácticos, dentro de los cuales se encuentran estructurados además numerosos sistemas y subsistemas en un sentido semejante al de N. Luhmann. Estos campos se recortan dentro de la totalidad del mundo de la vida cotidiana. Interesarán especialmente los campos prácticos. El sujeto, entonces, se hace presente en dichos campos situándose en cada uno de ellos funcionalmente de diversa manera.

El mundo cotidiano no es la suma de todos los campos, ni los campos son la suma de los sistemas, sino que los primeros (el mundo, el campo) engloban y sobreabundan siempre a los segundos (los campos o sistemas), como la realidad siempre excede todos los posibles mundos, campos o sistemas; porque al final, los tres, se abren y se constituyen como dimensiones de la intersubjetividad. Y esto es así porque los sujetos están inmersos ya desde siempre en redes intersubjetivas, en múltiples relaciones funcionales en las que juegan el lugar de nodos vivientes y materiales insustituibles6. No hay campos ni sistemas sin sujetos (aunque puede considerarse a un sistema analítica y abstractamente como si no tuviera sujeto). Todo campo político es un ámbito atravesado por fuerzas, por sujetos singulares con voluntad, y con cierto poder. Esas voluntades se estructuran en universos específicos. No son un simple agregado de individuos, sino de sujetos intersubjetivos, relacionados ya desde siempre en estructuras de poder o instituciones de mayor o menor permanencia. Cada sujeto, como actor es un agente que se define en relación a los otros.

Lamentablemente nuestras diatribas políticas han caído en la banalidad e intrascendencia. Eso en sí no es condenable. Debemos, sí, estudiar, informarnos con seriedad y preocupación por el tema político, campo fundamental para que nos entendamos de manera más civilizada.

VI

Ojalá este artículo permita reflexionar a los colaboradores de aporrea.org, Shauki Gabriel Expósito, quien refutando aseveraciones de Carlos Jesús Rivas Pérez, expresa: “Un estado es una organización humana que surge por decisión de un grupo de personas, agrupadas bajo parámetros sociales y normativas que ceden el uso de la fuerza a un grupo de autoridades reconocidas”. Por supuesto que su señalamiento sugiere la violación del artículo 5 de nuestra Constitución porque viola la intransferibilidad de ejercicio de la soberanía del pueblo.

El señor Jesús Rivas Pérez, por su parte, expresa:

· “Que todo profesional de áreas de necesidades especiales, como la salud o producción industrial, que tenga menos de 10 años de ejercicio en Venezuela, NO pueda irse a ejercer a otro país.

· Que ningún egresado de una universidad pública, financiada por el estado Venezolano, pueda ir a ejercer su profesión a otro país”.

Tal sugerencia es violatoria de un derecho humano fundamental como lo es la libertad de tránsito, de movilidad geográfica o territorial. Baste un dato: el Banco Mundial en su último informe dice que 257 millones de personas han migrado hacia territorios extranjeros. Yo suscribiría su sugerencia si no estuviese de por medio la violación de ese derecho humano fundamental.

Otras personas han terciado en ese tema que se ha tornado en polémica a través de este portal; ojalá no trascienda.



[1] Miembro de N° de la Academia de Ccias. Económicas del estado Zulia.

[2] Mendoza, Argentina, 24 de diciembre de 1934, académico, filósofo, historiador y teólogo de origen argentino. Fue rector interino de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Reside en ese país desde 1976.

[3] Pierre Bordieu: Parece, en efecto, que la diferenciación de las actividades sociales condujo a la creación de "subespacios sociales", como el artístico o el campo político, que se especializan en el desempeño de una determinada actividad social. Estos campos tienen una autonomía relativa en la sociedad en su conjunto y son jerárquicos. Una competencia dinámica proviene de las luchas sostenidas por los agentes sociales a ocupar las posiciones dominantes. Por lo tanto, como en el análisis marxista, Bourdieu hace hincapié en la importancia de la lucha y el conflicto en el funcionamiento de la sociedad. Pero para él, estos conflictos se llevan a cabo principalmente en distintos ámbitos sociales, enraizados en sus respectivas jerarquías, y se basan en la oposición entre los agentes dominantes y dominados. Para Bourdieu, el conflicto no se reduce únicamente a los conflictos entre las clases sociales en que se centra en el análisis marxista.



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César Eulogio Prieto Oberto

Profesor. Economista. Miembro de Número de la Academia de Ciencias Económicas del Estado Zulia. Candidato a Dr. en Ciencia Política.

 cepo39@gmail.com

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