Julio Anguita ante el cadáver de Pasionaria

Mira a tu alrededor, ¿sientes este manto humano que te envuelve? Miles de hombres y mujeres te están meciendo con su amor. En silencio, trabajadoras, trabajadores, jóvenes de hoy, jóvenes de ayer: el pueblo.

Desde muy joven luchaste como nadie y con tu pueblo. Un día triste tuviste que marcharte. Otro día, jubiloso de democracia conquistada, volviste y paseaste por Madrid.
Hoy te hemos acompañado en el paseo. Nos hemos parado todos, en esta plaza Colón, a descansar un ratito.

Dicen, Dolores, que has murto. Qué tontería. Pervives en cada uno de los que te quieren y… ¡son tantos! En cada imagen de humana nobleza, en cada gesto de llaneza austera, en cada palabra de afirmación en la justicia; en cada voz de rotundidad sonora. Tu imagen, tus gestos, tu palabra, tu voz… esa voz de árbol vasco fuerte y acariciante; suave para todo el pueblo trabajador de España y dura para sus enemigos.

Este mar de vida que te mima arrobado, es tu propia vida. Es tu corazón que late multiplicado por miles y miles de latidos que se acompasan a los tuyos.
¿Qué le dirías ahora a Irene? ¿Cómo ves lo que ha pasado desde que te has dormido? ¿Cómo te explicas ese río inmenso de visitas que has recibido en tu casa, Presidenta? Te han colmado de flores a ti, flor del pueblo.

Unos se han parado ante tu lecho y, solemnemente, han levantado el puño. Otros han cantado la Internacional. Hay quien se ha santiguado, de rodillas, y después, ha hecho el saludo comunista. Los más, simplemente han llorado; que no hay reglas de protocolo cuando el pueblo expresa su emoción.

Dicen, compañera Ibárruri, que tú eres un mito; ya sabes… “idealización de una persona con caracteres extraordinarios”.

Pasionaria, tú no has sido nunca una idea; tú has sido, y eres, un acopio de carne humana, entera, concreta, desbordante y generosa.

Mujer, cuánto has hecho por tus compañeras. Mujer, qué ejemplo pasa mujeres y hombres. Mujer, que roca llena de ternura. Mujer qué fragancia de firmeza.

Presidenta:
En estos tres días, has recibido una votación multitudinaria, unánime. ¡Cuánto nos da que pensar! La gente, el pueblo, ante ti, ha votado coherencia, firmeza, solidez en los principios; pero no desde la prédica distancia sino desde el amor inmediato, cercano, caliente, humano. Dolores; ante ti hombres y mujeres de nuestro pueblo han votado, de manera aplastante, por el valor del ejemplo.

Tú has hecho desde tu partido algo extraordinario: trascenderlo, superarlo. Tú, comunista ejemplar, eres de todos: de los que han levantado el puño y de los que se han santiguado.
Acabas de explicarnos una lección política: se es más comunista en la medida en que se es más para el pueblo. El partido no se organiza para él sino para los demás. Y éste, tu partido, está sobrecogido y alborozado. Sobrecogido por la grandeza de tu lección que nos remueve hasta el fondo, Alborozado porque se siente confirmado en su apuesta.

Ante ti, Presidenta, recogemos tu último discurso. Con la pasión de corazón que tú, Pasionaria, pusiste en la causa de la emancipación humana. Con la serenidad ordenada del pensamiento y la reflexión. El PCE, tu PCE se ratifica y apuesta por todo lo que ha dado sentido a tu vida de luchadora. Seremos la fuerza política comunista que estos momentos están demandando.

Los tiempos cambian, antes y ahora. Tú, Dolores, supiste adecuar tu militancia comunista a los momentos y situaciones nuevas, pero no doblegaste tus principios; el PCE tampoco.
Situamos, en esta época, nuestra búsqueda de una sociedad en la que se concreten, en su plenitud, todos los Derechos Humanos. Situamos nuestro trabajo en la respuesta a las necesidades y problemas de un siglo que tú ya no verás despierta.

Ayer fue el Frente Popular. Después el Pacto por la Libertad. Hoy es IU: un proyecto que compartimos, en paridad, con otras fuerzas, con otros colectivos y con otras personas. Y esta política nueva la mantenemos, la sostenemos, con el mismo nervio y con la misma fibra con la que tú, Pasionaria, estás hecha. El socialismo, Dolores, por necesario, sigue siendo nuestro horizonte.

Diputada Ibárruri. Tú ennoblecido el ejercicio de la política institucional. Ejerciste en el Parlamento un magisterio que nos obliga. Llevaste allí el latido de la calle, y ese pulso, por la fuerza de tu fuerza y de tu ejemplo, lo hizo más cercano a la fuente de la que debe su legitimidad: el pueblo.

Trabajadora y luchadora; en la mina, en la fábrica, en el Parlamento, en el frente de batalla. Ardor del combatiente por la causa de la libertad; bálsamo del herido en las noches tristes de la retaguardia.

Pasionaria de perfil y acento seguros. Qué majestad la tuya, debatiendo y explicando el único camino para los tuyos. Qué sencillez en los grandes foros internacionales. Qué dignidad la del delantal recogido al recibir una visita.

Te confesamos, Presidenta, que hemos sentido celos del pueblo: Te queríamos sólo para nosotros. Pero hemos visto que no es así. Y hemos comprendido también que no debe ser así.

Y ahora, vamos a seguir paseando. Sigue siendo Madrid y España con los ojos de los que aquí te acompañan. Después, Dolores, tendrás que descansar, ha sido muy largo y muy duro tu combate. Entorna los ojos y sueña en tu pueblo.

Duerme, compañera Ibárruri.
Reposa, camarada Pasionaria.
Descansa, Presidenta.
Sueña dulcemente. Madre Dolores.
¡Chávez Vive, la Lucha sigue!


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Manuel Taibo


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