¿Si Colombia alcanza paz interna hacia dónde apuntarían sus armas?

¿Para qué existen siete bases militares gringas en Colombia? ¿Qué sentido tiene haber tendido manto de impunidad a los integrantes de ellas, por encima de los Derechos Humanos de los ciudadanos colombianos? ¿En el proceso de paz, en las negociaciones, se llegarán a acuerdos para sacar esas bases montadas precisamente porque en el vecino país había y hay todavía una guerra interna donde uno de los factores es "el comunismo enemigo de la libertad y los valores democráticas del mundo occidental, de los cuales gringos son guardianes designados por María Purísima"? ¿Si la guerra culmina, si los guerrilleros de las FARC y el ELN deponen armas y retornan a la vida ciudadana normal, qué sentido tendría mantener bases gringas? ¿Para vigilar a quién? ¿Acaso el gobierno colombiano está dispuesto amparar unas instalaciones militares que no tendrían razón de ser salvo amenazar los vecinos de Colombia que no son sino sus hermanos y quieren seguir viviendo en paz? ¿Colombia estaría dispuesta a amparar en su seno, en un territorio de paz como es el nuestro, donde nadie quiere guerra sino hermandad, una fuerza que está interesada en prender una confrontación, una guerra fratricida? ¿Las FARC están en disposición de pasar por alto en las conversaciones por la paz un asunto que habla de guerra y quiere prenderla a nivel continental a como dé lugar? ¿Si somos territorio de paz, no hay asomo de guerra, sino por acabar la única, para qué servirían esas bases? ¿Sería para prender otra? ¿Es ese el motivo?

Estas interrogantes, anidadas en quien esto escribe y, en varias oportunidades, al pensar en las reuniones de la Habana afloran, tomaron mayor énfasis al leer un interesante artículo de Leopoldo Puchi sobre el asunto. Habla el agudo comentarista acerca de la significativa capacidad militar y ofensiva del país vecino, muy por encima de muchos de los nuestros, salvo Brasil; del enorme contingente de hombres en armas, profesionales de la guerra, formados para ello, no para la paz ni otra cosa bella y casi se pregunta, qué destino daría el gobierno, una vez consolidada la paz interna, a toda esa estructura, formación, disposición y hasta aberración de los hombres que la componen. Los guerreros tienen una disposición inercial que cuando son muchos constituyen una amenaza latente.

Nosotros, en artículos publicados anteriormente, antes que Puchi se formulase esa pregunta, hemos hablado de las preocupaciones del movimiento guerrillero, FARC y ELN, por las experiencias anteriores, por no caer en una trampa, bomba caza bobos, que les lleve a una paz de los sepulcros, donde una vez que retornen a la legalidad no les vuelvan presas de caza. Eso ya sucedió antes y en un país, con un ejército enorme, como lo describe Puchi y con siete bases militares que sólo existen porque piensan en guerra, qué garantía tienen que no vuelva a suceder. Para muestra pongo el link relativo a lo que escribí hace días sobre las dudas de Timoleón Jiménez, alias Timochenko: shttp://www.aporrea.org/tiburon/a214778.html.

Pienso, no conozco exactamente los detalles, que el movimiento guerrillero en las conversaciones por la paz debe haber planteado, y hasta es posible que el gobierno haya aceptado de manera general, medidas en favor de los motivos que originaron sus luchas, como lo relacionado a los desplazados y la enorme cantidad de campesinos a quienes se les despojó por la fuerza de sus tierras. ¿Pero qué garantía hay qué quienes abusaron del poder, de la fuerza de las armas, accedan a devolver lo apropiado indebidamente sobre todo en el nuevo estado de cosas que emane de la paz?

Dejemos esto hasta aquí, que la fecundidad de la imaginación y capacidad de análisis del lector le lleve a plantearse otras interrogantes y hablemos de lo que sería la conducta del gobierno colombiano, más allá de Juan Manuel Santos, con esa enorme fuerza militar formada para la guerra y acicateada por esas siete bases militares. Puchi menciona un contingente por demás numeroso y de un armamento que va más allá de la imaginación. Le faltó hablar o incluir en todo eso las fuerzas paramilitares que parecieran tener sus vasos comunicantes con el gobierno. ¿Qué utilidad darle a todo eso en la paz? ¿Cómo mantenerlo si quienes lo han venido haciendo quieren que la guerra continúe? ¿Será perenterio inventarse otro enemigo u objetivo de guerra? ¿Colombia necesita gastar sus recursos en eso o en escuelas, salud, vialidad, respaldo a los desplazados?

Siempre hemos creído que la guerra en Colombia, que obligaba a sus fuerzas a centrarse en su problema interno, dada la entrada de las bases militares gringas, era una suerte de equilibrio o indisponibilidad para dedicarse a otras cosas fuera de sus fronteras. Leí de alguien que Colombia pareciera destinada, eso tiene que ver con esas siete bases – perdone el lector que insista en eso – a jugar en nuestro espacio el mismo rol de Israel en el Medio Oriente. Y eso no es descartable, no parece una exageración, si tomamos en cuenta que, siendo este un territorio de paz, declarado por CELAC y UNASUR, EEUU haya tomado a Colombia para colocar un poder militar que no se justifica y como para torpedear aquella declaración fraternal. Por algo Jhon Kerry, jefe de la diplomacia gringa, estuvo en Colombia para dar "su respaldo al proceso de paz", asunto que nadie cree, salvo que persigue que las bases se mantengan intocables, su existencia no entre en discusión. Es decir, apoya la paz interna en Colombia, para que se prenda la guerra afuera. No pasemos por alto la petición del gobierno colombiano, bajo la presidencia de Santos, de formar parte de la OTAN, estando en nuestro mundo, muy lejos del espacio de esa organización y de los países que la integran. ¿Por qué estas cosas en un espacio donde por años no habido guerra, salvo la que se intenta apagar en Colombia y se ha encontrado caminos diplomáticos pertinentes para ventilar cualquier discrepancia?

¿Si somos un territorio de paz? ¿Si constituimos una comunidad de hermanos que estamos decididos a vivir como tales, para lo que hemos creado CELAC y UNASUR, qué justifica la presencia extraña, ajena, de fuerzas militares de EEUU? ¿Hay justificación para que entre nosotros, hermanos del alma, sin problemas religiosos u otros que pudieran prender una guerra, salvo que la induzcan desde fuera, en lo que los gringos son expertos, se inmiscuya una especie de policía mundial que nos vigile y controle los pasos?

¿Pero aparte de las bases gringas, cuyos integrantes no pueden pasarse allí toda la vida durmiendo, sacándose las ladillas que genera la falta de aseo, el poco uso del jabón, y no porque escasee, violando jóvenes amparados por la impunidad, cizañando, qué destino le daría el gobierno colombiano a esa enorme fuerza que estuvo utilizando para combatir el movimiento guerrillero? ¿Si ya no tendría que combatir a las Farc, ELN, tranquilos sus integrantes o pasando las de Caín, metidos en las ciudades y trampas de la legalidad burguesa, a qué dedicarían esas fuerzas formadas para la guerra? ¿A combatir el analfabetismo, promover el deporte y la bondad bajo el asesoramiento de fuerzas militares gringas? ¿Para qué son esas bases y esas fuerzas? ¿Para la paz o para la guerra? ¿Si están armados hasta los dientes y todos ellos son unos desalmados, qué podemos esperar? ¿Por qué, si estamos en paz, sus radares y toda la parafernalia tecnológica nos espían sin cesar?

¿Por qué ALBA, CELAC, UNASUR, ya que si lo pudiera hacer la representación guerrillera colombiana en las discusiones dentro del proceso de búsqueda de acuerdos con el gobierno no sería suficiente, no exigen el retiro de esas bases como también las que han instalado en Perú, en islas vecinas, tomando en cuenta que constituyen una amenaza para la paz y las fraternales relaciones que siempre han privado y deben privar entre nosotros? ¿Por qué si en verdad somos hermanos permitimos que cizañeros, disociadores, extraños, se mezclen entre nosotros? ¿Por qué existen? ¿Por qué aceptamos que los gringos se valgan de esas argucias para dinamitar nuestra amistad? ¿La existencia de esas bases militares de la discordia y desconfianza no están en contradicción con esos organismos regionales que pregonan la paz, unidad, amistad y cooperación?

Venezuela tiene petróleo y en demasía. Por allá, por donde fumea o quieren seguir fumeando, se les acaba. ¡Guillo con esa gente!



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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