En Grecia, Tsipras, ese si es verdad que saltó la talanquera

Algunos griegos, que son la minoría, como mostraremos luego, quizás inocentemente, celebran con la aprobación en el parlamento de la propuesta leonina de la troika, lo que llaman "el tercer rescate". Se trata, de una farsa o drama en tres actos, que tendrá sin duda alguna un cuarto y quién sabe cuántos más, mediante el cual el Banco Europeo, la Eurozona, que más bien vale decir Alemania y la Merkel y el FMI, en el cual se intenta mantener a Grecia en la zona euro y sobre todo en la OTAN, sin importar un bledo la vida de la mayoría de los griegos.

Como caso curioso, Alexis Tsipras, el primer ministro, representante del grupo electoral Syriza, que logró ganar las elecciones y desplazar a la derecha después que esta impuso "dos rescates" que terminaron en naufragios, a los pocos días de flotar críticamente, bajo la idea de obligar a quienes son los acreedores de la impagable deuda griega a deponer su actitud agiotista y él, en representación de la soberanía de su pueblo, exigir mejores condiciones en la negociación, como extender plazo del pago, condonar parte importante de la misma, como se hizo con Alemania después de la II guerra mundial y no convalidar uno de esos habituales paquetes del FMI.

Argumentos sobraban. Hay el antecedente alemán, como ya dijimos. La enorme crisis griega que se viene arrastrando desde hace varios años atrás, que se ha distinguido por su particular inestabilidad política y por ello el haber espantado al turismo, su mayor fortaleza económica. Por su posición geográfica, es elemental que el país heleno constituye clave en los planes de la OTAN; está ubicado en la frontera con una zona en ebullición, conflictividad permanente y donde sus "aliados" tienen puestas sus esperanzas en una especie de barrera que les proteja de todo lo que de más allá existe. Pero también se debe considerar que, el mayor valor de la deuda griega está precisamente en la excesiva cantidad de armamento que, países como Alemania y Francia, han vendido a ese país para que les haga el trabajo de vigilar, de barrera y hasta actuar en esa parte del mundo cercana al medio oriente. Quizás, por esto mismo, la Troika no estaba ganada para negociar en condiciones de respetabilidad frente a un gobierno que en el futuro pudiese desafiar la autoridad que le da la fuerza.

Alexis Tsipras, viéndose acorralado por la troika, optó por jugárselas llamando a un referendo que se pronunciase acerca de la conveniencia de aceptar o rechazar las propuestas de aquélla. Por lo menos eso creyó muchísima gente en el mundo. Los resultados los conocemos. De ellos uno pensó que el primer ministro salía fortalecido para negociar y poniendo condiciones favorables a su pueblo, tomando en cuenta ese mandato contundente de más de 62 % de los nacionales en capacidad de votar y las razones anteriormente citadas.

Varios gobiernos, desde el de George Papandreou, fracasaron después de haber negociado con la troika, aceptando las condiciones por ella puestas; entonces se esperaba que Syriza y especialmente Alexis Tsipras, sabiendo eso, habiéndolo vivido, combatido y con el respaldo popular del cual ha gozado, vendría en una actitud distinta. Y en efecto, hasta el sábado pasado, 24 horas antes del referendo Tsipras se mostraba como el guía que el pueblo griego había engendrado en sus propias entrañas.

Pero hubo un aviso. Una como premonición. Después de haber ganado contundentemente el referendo, el entonces ministro de finanzas, quien había estado al frente de las negociaciones con la Troika desde que Syriza llegó al gobierno, fue obligado a renunciar. En algún medio se dijo que el mismo día lunes los acreedores, con la Merkel al frente, pusieron como condición para continuar las negociaciones que aquel personaje no siguiese al frente de la representación griega. Esta información es coherente con las declaraciones dadas por el mismo individuo, el exministro de finanzas de Alexis Tsipras, en las cuales rechaza rotundamente el acuerdo.

A todas estas uno observa que en algunos espacios donde se celebró, como lo hicimos nosotros, se mantiene ahora una actitud extrañamente demasiado discreta, como si no se supiera nada que decir u opinar frente algo que al pueblo griego, ese que mayoritariamente votó por el NO, no le gusta para nada.

Cierto, el Parlamento votó en mayoría a favor del acuerdo impuesto a Tsipras por la Troika. Pero Syriza se fragmentó y curiosamente, la mayoría de los votos los aportó la derecha, esa misma que perdió el referendo votando SI.

De manera que la soberanía popular que se manifestó en contra de un acuerdo de la naturaleza que aceptó Tsipras, sino por una salida diferente, que no implicaba salirse del área del euro, habiendo votado NO en el referendo, fue atropellada por una mayoría parlamentaria que en ningún caso representa la voluntad popular que se expresó apenas tres días antes.

Entonces en Grecia se ha vuelto a dar otro golpe contra la soberanía, en este caso por el parlamento, organismo que en ninguna constitución del mundo tiene más valor y representatividad que el pueblo todo.

Por lo demás, el acuerdo obliga al pueblo griego, como es del gusto del FMI y los capitalistas de todas partes, en este caso los griegos, los deudores de la Troika, a privatizar puertos, aeropuertos y cuanto sea del agrado y apetencia de aquellos. Al aumento desmedido de impuestos como el IVA y disminución sustancial del gasto que en definitiva recaerá sobre los hombros de gente ya empobrecida al máximo por los dos "intentos de rescate" anteriores, como eufemísticamente llama la Troika a los préstamos, para que los griegos del pueblo paguen una deuda de banqueros y capitalistas.

No hay duda, por lo que uno le lee, por las declaraciones que ha dado el interesado, Tsipras le tuvo miedo al tigre, con o sin cuero, pues firmó un acuerdo que, según él mismo, en nada le conviene al pueblo griego. ¿Cómo se justificará el dirigente de Syriza consigo mismo? ¿Cómo explicará al pueblo ese salto de talanquera que hasta hace pocas horas le aplaudía en la calle?

A uno le asombró la rapidez con que Tsipras, después de haber recibido aquel descomunal apoyo de su pueblo, la rapidez con que Tsipras, después de haber recibido aquel descomunal respaldo de su pueblo, firmó un acuerdo hasta peor que lo que antes habían discutido. Para eso sólo se tomó 24 horas. Como si todo estuviese acordado antes del referendo ¿Para que llamó a referendo? ¿Acaso esperaba que ganara el SI y saldría con su conciencia tranquila? ¡No extraña que en determinados momentos históricos, los pueblos se coloquen por encima de sus dirigentes! Es elemental, por lo que sabíamos antes y lo de ahora, que esa mayoría que voto NO, no lo hizo para que Tsipras, apurado firmara lo que quería la Troika, pues para el pueblo griego ¡NO es NO!

En casos como estos, en mi pueblo, los viejos aconsejaban, si no quieres aparecer no te asomes. ¿Acaso Tsipras no tenía conciencia del compromiso que asumió y en el momento de "las chiquiticas", como decimos en Venezuela, le faltó valor y arrugó?



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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